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Beto sin Veto

Beto Ortiz dispara a quemarropa: poder, política, TV, Bayly, Hildebrandt, Miyashiro, Agente Sun, viejos ídolos, decepciones nuevas, perversiones, delitos, filias, fobias, arrepentimientos, empecinamientos, Reynoso, Broadway, Watanabe, Billy Collins y, por supuesto, él mismo.

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Entrevista: Jerónimo Pimentel.

– No hemos empezado bien.
– Tú has escrito una de las páginas más horribles sobre mí en toda mi vida. Probablemente la más horrible.
– Vamos, tú también te has burlado de mí.
– Bueno, no nos detengamos en accidentes de trabajo.
– ¿Sientes que estás en tu mejor momento?
– ¿Comparado con qué? El noticiero ha tenido éxito por muchas razones, no todas tienen que ver conmigo. Espero que unas sí, pero no todas. Tengo un equipo que hace la parte jodida. Es un horario horrible. Todos entran con horarios de guachimanes para irse a las 12 del día y a veces más tarde. Como oferta laboral es terrible, pero el equipo está afiatado. He hecho casi toda mi carrera con Martín Suyón, desde La Revista Dominical. Tenemos un entendimiento y una amistad de muchos años. Es fundamental confiar en la gente sobre la que te apoyas.
– ¿Sientes que tienes poder?
– Siento que tengo poder cuando resuelvo problemas de otros. Por ejemplo, cuando llega una mamá que tiene a su hijo en Neoplásicas y necesita determinada medicación o lo que fuere. Me esperan en la puerta del canal para tocarme la luna del carro y decírmelo. Me dan un papelito, lo leo en TV y al final del programa hay 10 personas solucionando el problema.
– ¿Pero en la escena televisiva misma? Estoy pensando en el tipo de poder que tuvo Bayly para sacarte a ti de Frecuencia Latina. Ese tipo de poder.
– No me interesa ese tipo de poder.
– Más allá de si te interesa, ese tipo de poder ocurre o no ocurre.
– No lo sé porque no voy a intentar sacar a nadie para ver si lo tengo. Es como si me dijeras: ¿podré matar? Seguramente, pero no me interesa… por el momento. No creo que el éxito de un periodista sea hacer rodar cabezas.
– Pero es una consecuencia usual.
– Es un concepto equivocado de la prensa. Los periodistas nos alucinamos muy rápido y los de TV peor. Nos ha pasado mucho, a mí mismo en otro momento. Le pasa a Rosa María, le ha pasado a Hildebrandt. La razón por la que no está en TV tiene que ver con su soberbia.
– Antes de llegar ahí, me interesa saber si te sientes cómodo en Frecuencia Latina.
– Mucho.
– ¿En qué consiste esa comodidad? ¿En que nadie te molesta? Hay mucha leyenda sobre la producción periodística en Canal 2. Acerca de cómo se han plasmado los traumas que tuvo Ivcher luego de la expropiación y recuperación de su canal.
– Creo que el respeto te lo ganas. No te voy a decir que en otros programas no ha habido comités editoriales, concejos y gente encima de ti, como es en todas las empresa periodísticas, pero en este caso particular siento que nos hemos ganado un respeto que hace que el canal confíe, algo difícil de conseguir. Cuando te ganas la fama de conflictivo y problemático, de que por joder vas a ir contra la corriente, y esta es la fama con la que he tenido que lidiar, haces que te pongan un policía, un veedor…
-¿Un “garante”?
– Es muy antipático trabajar así. Ahora no lo tenemos. Quiero creer que no lo necesitamos. En todo caso, cuidamos no merecerlo. Es un acuerdo que se rompe muy fácilmente.
– ¿Qué haría que lo merezcas?
– No sé, volviendo al ejemplo Hildebrandt, alguno de sus experimentos para saber cuánta independencia tenía…
-…era hacer reportajes sobre la deuda de Ivcher con el gobierno.
– Lo hizo desde que estaba en la revista Sí, me acuerdo muy nítidamente de un reportaje en el que denunciaba empresas del dueño de la revista, Pablo Maraví. ¿Eso es independencia? No sé. Yo creo que es más bien vocación de bonzo.
– No está Hildebrandt, a mí Rosa María no me parece una buena entrevistadora e igual está como congelada en Canal 13, Bayly vive en Miami. ¿Sientes que estás corriendo solo?
– A la hora que salgo hay un montón de gente entrevistando en Canal N, RPP, en ATV, en el 5.
– ¿Los ves como competencia?
– Todos son competencia.
– Pero sí entiendes mi pregunta.
– ¿Que si me alucino el mejor?
– No, si sientes que la TV ha perdido entrevistadores de peso.
– No sé hasta que punto la TV se lo pierde, se lo pierde el público o lo perdieron los propios periodistas. Es más fácil decir “me censuraron”, “me metí con el poder”. Sí, es verdad, eso pasa, pero también cuando alguien está gritando todo el rato “el lobo, el lobo” ya es como para decirle: mira, por lo menos sobrevive un poquito en algo y después que te censuren. Si te censuran todo el tiempo es porque te lo estás buscando.
– He escrito en NMM que por lo general te desenvuelves mejor en la precariedad. Lo decía pensando en BDP y tu paso por Canal A a fines de los 90.
– ¿Algo así como que los escritores que sufren escriben mejor?
– Digamos que hasta Abre los Ojos mi teoría funciona.
– Hay dos momentos que tienen que ver con momentos políticos del Perú. Mi inicio en Canal A fue un espacio de disenso, en el que podías entrevistar a Toledo u Olivera o dos horas a Vargas Llosa. Fue una buena temporada, pero breve. En este BDP la suerte fue que era la campaña presidencial y en las mañanas estaban haciendo otras cosas: policiales y farándula. Lo que hicimos fue hacer otra cosa, a ver qué pasaba. Y nos costó un montón, meses de comer tierra.
– ¿Tenían rating? Digo, ¿ya se medía?
– Sí, ya se medía pero era patético. Nos costó, pero a los entrevistados, a los políticos, les empezó a gustar que los dejara hablar, una pequeña revolución. Hemos estado acostumbrados al modelo Hildebrandt del periodista incisivo, que interrumpe, que tiene una especie de esgrima de ingenio con el entrevistado para ver quién es más pendejo o quién ha leído más. Pero en campaña quieres escuchar propuestas. Me pareció un ejercicio de tolerancia callarme solo para que el entrevistado hable. Porque la tentación es repreguntar y saltar al cuello, pero me medí y esa fórmula de “agresión pacífica” fue funcionando.

A LA DERECHA DE NINGUNA PARTE

– ¿Te sientes un periodista político?
– Ahora lo soy.
– ¿Pero te sientes así más allá de que lo hagas?
– Para hacerlo tengo que sentirlo.
– No necesariamente.
– Me interesa.
– ¿Tienes un pensamiento político? Mucha gente ha criticado una supuesta derechización.
– ¿Ah sí?
– Sí.
– Tus amigos caviares.
– Estoy pensando en tus problemas con Aprodeh, en la entrevista a Rocío Silva
– A Rocío la conozco de la universidad y no estuvo en su mañana más lúcida.
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– Pero era claro que tú en ese debate, más allá de tu rol de moderador, estabas de acuerdo con Chiabra.
– Yo partía de una cosa bien sencilla: haber presentado el tema de Tito a la CIDH con el auspicio o complacencia o padrinazgo de las organizaciones de DDHH de acá a mí me parece indefendible. Yo no soy tan cristiano como para pensar que una organización que defiende a un asesino como ese sea realmente es una organización que vela por los derechos de la humanidad. Porque no es la humanidad. Es determinados sujetos, determinados movimientos, determinado color político. Si no fuera así, estaría ahorita Rocío Silva ante todas las cortes del mundo peleando por Vilca, Tamani y todos los que han muerto asesinados por Sendero. Nadie ha ido.
– Sientes, entonces, que estás más a la derecha.
– ¿De dónde?
– De donde estuviste alguna vez.
– ¿Dónde estuve alguna vez?
– Por eso te pregunté hace un rato si te considerabas un periodista político. He visto ayer tu entrevista a Oscar Valdés y la de hoy a Keiko Fujimori y están dentro de esto que llamas “agresión pacífica”, dejar hablar. Si sumamos esto, más lo de Aprodeh, más…
– Pero con Diez Canseco es igual, a menos que el entrevistado me diga sandeces indefendibles como Rimarachín, a quien por algo le dicen “Mamarrachín”. Pero Álvaro Vargas Llosa y JDC son tratados con el mismo respeto.
– Más allá de las anécdotas, ¿cómo te definirías políticamente?
– No me interesa definirme.
– Qué conveniente.
– No es estratégico.
– Demasiado conveniente.
– Las definiciones, salvo en el terreno sexual o futbolístico, son innecesarias en estos momentos.

GENERACIÓN DE MIERDA

– ¿Cómo ves a Bayly ahora?
– Cagado, porque creo que lo peor que le puede pasar a una persona es que sus hijos lo odien. Yo no tengo hijos pero si los tuviera quisiera que no me odien. Él no puede ser visto como un paradigma de éxito y felicidad. Es todo lo contrario.
– ¿Alguna vez lo has tenido como modelo?
– Lo admiré mucho cuando estaba en el colegio. Como he admirado a Hildebrandt, a Guerrero antes de saber quién era Guerrero…
– Ambos son escritores, ambos hacen televisión, ambos han jugado con su ambigüedad sexual en público.
– Pero hay muchas diferencias también.
– Las coincidencias son saltantes.
– Sí, pero yo he estudiado en el Padua acá a dos cuadras y él estudió en el Markham. Hay un abismo de diferencias.
– De origen socioeconómico, pero la TV lima un poco eso.
– Eso define quién eres al final, el barrio de donde vienes.
– ¿Sí? ¿No es un determinismo horrible lo que has dicho?
– No, no, porque ¿tú crees que una persona que vive en Jesús María y otra que vive en Camacho son iguales?
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– No creo que nadie sea igual a otro, pero de ahí a que su futuro esté determinado por su origen…
– No he dicho su futuro. He dicho quién eres, no qué vas a lograr en la vida. Tu barrio, tus amigos, tu colegio, van delineando tu personalidad.
– En todo caso, ¿fue alguna vez Bayly un modelo para ti?
– Fue uno de los periodistas que he admirado. Yo he visto muchísima televisión periodística porque estando en secundaria era algo que me atraía mucho. Admiraba a Hildebrandt, a Bayly, a Tealdo. Luego los he conocido y hasta he competido con ellos, pero que yo haya dicho “quiero ser él”, no.
– ¿Le guardas rencor?
– No. Si se lo guardara lo hubiera enjuiciado y le hubiera ganado. ¿Tú no crees que el Poder Judicial de este gobierno lo condenaría? Yo creo que sí.
– ¿Te jugó mal o te arrepientes de haber leído en público el libro de su mujer?
– No creo que ese sea el tema. Tiene que ver con una especie de sorda competencia en el campo mecanográfico. Creo que por ahí viene la cosa.
– O sea, ¿literatura?
– ¿Eso es literatura? No sé, es un poco pomposo.
– Es raro que lo digas tú.
– Bueno, estoy tratando de ser menos pomposo.
– Lo digo porque tienes una condición intermedia: tienes muchos problemas con el precario establishment literario local. Te gusta enfrentarte a él, ponerlo en evidencia y muchos no te reconocen como escritor pese a que has publicado en la misma editorial que ellos.
– Esas son tonterías. Dónde publicas o si te invitan a Guadalajara o no. El reto es que te lean. Nada más. Y a mí me leen. Quiero que me lean millones.
– ¿Te consideras escritor?
– Escribo, pero cuando viajo en Migraciones no pongo que soy escritor, sino periodista. También podría decir que soy comunicador social. Escritor no; es como decir “poeta”. Nadie tiene una tarjeta de presentación que diga “poeta”.
– ¿Cómo ves a tu generación periodística?
– ¿Hay una?
– Sí, pero creo que perdió a mucho de su mejor talento. Estoy pensando en Bruno de Olazábal.
– Bruno es un caso trágico. Creo que él tenía un sentido trágico de la vida. Conversabas con él y era mucho más existencial. Tenía clarísimo que no iba a lograr más de lo que había logrado, de que no le interesaba de acá prácticamente nada, pensaba que este era un país de mierda. Su visión era negra.
– ¿Toda tu generación no tiene un marcado impulso tanático?
– Sí, porque nos tocó vivir en un país de mierda, aunque éste tampoco es Disneylandia. Quizás eso ha hecho que los periodistas de mi generación, y esto no es una hipótesis sino una comprobación que veo cuando reviso las notas de la gente con la que trabajo ahora, tenían algo que los periodistas de hoy no tienen…
– ¿Qué?
– Al periodismo ahora le falta pasión, entrega, fibra. No hay o no veo gente obsesionada con su historia.
– ¿Por qué crees que pasa eso?
– Tiene que ver con Internet. Todo es muy fácil ahora. Y todos son periodistas porque todos tienen un smartphone. Y con esta huevada todos escriben y toman fotos y graban vídeos. Todos opinan. Twitter es una pesadilla, una página editorial infinita. La herramienta está al alcance de todos, pero todos no son buenos para hacerlo.

“LA PEDOFILIA NO ES UNA FIGURA LEGAL, ES UNA PERVERSIÓN”

– ¿Cómo ves en retrospectiva tu carrera? Vi tu exposición al polígrafo y me sorprendió que no hayas tenido reparos en repasar episodios vergonzosos. Te preguntaron por el tema de la pedofilia y por el del Agente Sun y te sentías cómodo respondiendo.
– Veo que está en tu lista.
– ¿Cómo ves esos episodios ahora? Debe ser difícil porque no tienes autoridad moral para hablar de un montón de temas…
– ¿Te parece?
– Bueno, no vas a hacer un reportaje sobre pedofilia.
– ¿Por qué no?
– Porque has sido procesado por eso.
– ¿Cuándo he sido procesado?
– Investigado.
– Nunca llegó a ser una acusación, fue una denuncia de Lucy Borja a través de uno de sus muchachos en una comisaría. Durante la época Fujimori/Montesinos se sacó ese expediente y estuvo dos semanas en Magaly, las dos primeras semanas de enero del 2000. Ese fue un rol que Magaly cumplió y que nadie recuerda. Se convirtió en una fotonovela de las páginas centrales de El Mañanero, La Chuchi, El Chino, El Tío, etc.
–  Pero has contribuido a que eso ocurra.
– ¿Cómo?
– Poniéndole a tu discoteca Papá Piraña. Has construido sobre ese tema.
– Que a mí me vengan a agitar a estas alturas ese tema me produce risa, porque lo único que revela es una homofobia tan anacrónica que simplemente por el pudor de ser políticamente correcto debería ruborizar a los editores que siguen escribiendo cosas como “la denuncia de pedofilia”. La pedofilia no es una figura legal, es una perversión.
– Bueno, estupro.
– Tampoco estupro, el delito tendría que ser abuso sexual. A lo que voy es que la portada de Caretas contra mí estaba plagada de chicos de 20 o 21 años, cuando ellos publican en sus sesiones de moda a chibolas de probablemente menos edad que son tratadas como objetos sexuales. Y cuando pasan La Presencia de Anita todo el mundo se pajea con La Presencia de Anita y todo bien. Es homofobia. Cada vez que yo le caigo mal a alguien o digo algo inconveniente para alguien es lo mismo: pedófilo. Es ridículo, porque las parejas que he tenido no pueden salir a defenderme, porque tienen cuarentaitantos años y no les interesa la fama. ¿Qué tendría que hacer? Salir a decir: “yo me acosté con todos estos y tienen mi edad”.
– Pero no es tan gratuito, hay testimonios de chicos. Pueden haber sido coaccionados o no, se pueden haber retractado o no, pero hay testimonios. Yo los he leído.
– Pero estás repitiendo el discurso de la prensa de entonces.
– No, para nada. Revisé el archivo de Caretas y leí no solo la discusión alrededor de la acusación, sino los que publicaron después. Y ha habido chicos que han dado testimonios, aunque luego se hayan desmentido. Pero no es que no haya nada. No es que alguien se haya inventado de la nada que tú eres pedófilo.
– Solo voy a decir algo más: desde el punto de vista romántico-literario, ha habido un montón de gente homosexual que ha sido satanizada con ese sambenito que agita los fantasmas más horribles. No hay nada peor que un violador de niños, salvo un caníbal. Ponerle a una persona pública esa etiqueta normalmente la tendría que destruir para siempre. Y claramente a mí no me ha pasado. Ponte a pensar: el Perú tiene que haber avanzado para que un periodista que se sienta un día con el primer ministro, y otro con la candidata que quedó segunda, y otro con Vargas Llosa sea un homosexual declarado. Porque eso era impensable hace 10 años.
– Pero hace 10 años tú mismo entrevistaste a Vargas Llosa.
– Pero yo no había dicho que era gay, Hay una diferencia entre decirlo y no decirlo.
– ¿Sientes que la homosexualidad te ha servido para crear tu figura pública?
– No, me ha estorbado. Un montón.
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– ¿No te ha diferenciado de alguna manera?
– Probablemente, pero de ahí a que sea un trampolín a la fama, no. Mi carrera hubiese sido más fácil si hubiera sido heterosexual, con esposa e hijos. Muchos homosexuales de la TV lo hacen. Hay mucha gente que tiene claro que necesita proyectar esa imagen y yo tengo claro que no voy a tratar de ser lo que no soy. Por tener un programa, un buen sueldo, un status, no voy a presentar una mascarada. Sería sicópata. No creo que me haya servido para nada, al contrario. Muy probablemente la hubiera pasado mejor siendo “normal”.
– ¿Pero tú no has utilizado la ambigüedad sexual? Una vez entrevistando a Reynoso él me decía, refiriéndose a Bayly, que a veces los homosexuales que salen del clóset y hacen este tipo de juego o caricatura de la homosexualidad como estereotipo, terminan haciendo más daño que generar apertura o tolerancia.
– Es discutible, yo a Oswaldo le tengo mucho cariño y respeto, pero él ha estado obligado por su época y por el Perú que le tocó a estar escondido, aunque todo el mundo sabe que es gay. Cuando le sacan una nota la titulan “China hereje”, porque su novela es sobre China. ¡No seas pendejo! ¡Y es La República! Al final, creo que si uno no da la cara está dando el mensaje: “tengo vergüenza de quien soy”.
– ¿Estás a favor, entonces, de que los personajes públicos homosexuales salgan del clóset?
– No solo estoy a favor, la última vez que estuvo Pedro Lemebel acá me contó que él había encabezado, con su movimiento Las Yeguas del Apocalipsis, una campaña para sacar del clóset a todos los homosexuales públicos.
– ¿No es penoso?
– Es el otro extremo, es una práctica política que se llama outing. O sea, yo estoy peleando y dando la cara por ti, maricón de mierda que estás abajo de tu cama. Por tus derechos. ¡Qué tal concha! ¡Sal de la cama y ven a pelear conmigo!
– ¿Estás dispuesto a hacerlo en Lima?
– Alguna vez lo puse en tono de broma en mi página web y poco más y me prenden fuego. Puse una antología de “heterosexuales declarados” y perdimos una cantidad enorme de entrevistados en el programa. Hasta ahora muchos me tienen miedo porque los gays en el clóset sienten que si vienen al programa yo los voy a sacar. Hay entre 30 y 40 personas que no van a venir nunca.
– ¿Has sacado a alguien del clóset en vivo?
– Si el televidente está mirando a una persona y por sus ademanes y gestos está preguntándose si es o no es, tienes que hacer la pregunta para no quedar como idiota.
– Entonces es un miedo fundado.
– Sí, pero no puedes vivir gobernado por ese miedo. ¿Vas a dejar de dar una entrevista si eres un artista de Broadway porque te van a preguntar si eres gay? Eso no es ser gay, es ser maricón. Pero creo que en eso todavía nos falta avanzar. Aunque insisto: que las señoras y madres y padres de familia me saluden y me apapachen me parece alucinante.
– Un signo de tolerancia.
– Sí, hay que reconocerle a la gente más joven ese emérito. No creo que tenga que ver con Bayly, ni conmigo, ni con Coco Marusix. Creo que tiene que ver con que la gente más joven se relaciona de una manera más saludable. No es mi generación, ni la tuya, ni la de Oswaldo Reynoso. Juan Gonzalo Rose tenía que meter a alguien al baño cuando estaba bien borracho. Eso es patético.

EL AGENTE SUN

– Hablemos de el Agente Sun y tu posterior exilio.
– No fue posterior. Yo me fui antes de que existiera el tema. Me fui el 28 de junio del 2003. Me da risa porque se ha convertido en “tú te fuiste por el juicio por pedofilia”. Eso me preguntó Romina Antoniazzi en Canal 2. “El caso Magaly te hizo huir del país”. Ahora Caretas dice que huí a Argentina por su portada. Ojalá yo pudiera huir del Perú cada vez que hubiera un problema.
– Pero sí hubo una relación entre tu salida y el audio Almeyda-Villanueva.
– No, yo me voy de la TV a fines del 2002. Me pasó todo lo malo junto: me cerraron Vidas Secretas y Dios nos libre; en diciembre ocurrió la catástrofe de la discoteca, cuyos costos hasta ahora estoy pagando
– S/. 500 mil…
– …a nivel personal y afectivo tenía una catástrofe horrorosa. De haber tenido trabajo, un súper departamento en Víctor Maúrtua, dos carros, no tenía ni mierda. Quedarme en el Perú para ser lo que los gringos llaman un has been, no. Tenía un boleto que me habían regalado por el día del periodista. Con ese boleto me fui. Quise desaparecer. Me fui porque era eso o el Puente Villena.
– Pero el Agente Sun….
– Fue el 2004. Fue un caso que había seguido desde que tenía el programa y tenía documentación.
– ¿No crees que te equivocaste?
– ¿En qué extremo?
– Por ejemplo, en la transcripción del audio. Se publicó en Perú 21 una transcripción que luego se confirmó que era inaudible a través de dos peritajes técnicos. Ustedes publicaron un cuadernillo completo.
– Fueron 4 páginas.
– Fue un inserto.
– La investigación puede haber tenido vacíos, porque no te olvides que estaba allá.
– En redacciones se comentaba que el audio estaba en venta, que se comercializaba.
– Si se comercializaba, el último que podía comprarlo era yo.
– Una situación poco clara, por eso te pregunto.
– Justamente por eso termino involucrado en la denuncia. Es la primera vez que el denunciado y el denunciante terminan en el mismo proceso. El Agente Sun denunciaba, Almeyda era el denunciado y yo era el periodista que contaba la historia. Y los tres fuimos denunciados por el mismo delito. ¡Es para una tesis de Comunicaciones! Y yo yendo todos los viernes del año 2006 y 2007 a un juzgado anticorrupción a unas audiencias que deben haber sido los días más horribles de mi vida. El solo juicio es la condena. En el Perú se condena a ir a juicio. Es un castigo suficiente. Al final ese juzgado me declaró inocente.
– ¿Es la única vez que has sido investigado judicialmente?
– No, juicios por difamación he tenido. El único que perdí lo apelé: un juicio que me puso Blanca Rosales. Le gané en la Corte Superior. En la época de Enemigos Íntimos era muy gracioso, porque como yo era el periodista, si en un reportaje se decía algo yo acababa enjuiciado, si Aldo Miyashiro decía algo, yo era enjuiciado…
– Bueno, Aldo Miyashiro aprendió a hacer periodismo contigo.
– No sé si ha aprendido a hacer periodismo, ha aprendido a conducir. Él sabe que no es periodista, a pesar de que pasó por la Bausate con su amigo Martín Arredondo. Pero él siempre se ha apreciado de no serlo.
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– Es un buen escritor, ‘Misterio’ es una excelente obra.
– Es un buen dramaturgo. Pero él ha estado acostumbrado a algunas actividades que son más trabajosas que el periodismo, como hacer una serie de ficción o montar una obra de teatro. Él hacía eso y lo hacía bien, pero descubrió en la conducción del programa una fórmula perfecta para su estilo de vida. Llegar unos minutos antes, chambear una hora y ya está. ¿Qué rico, no?
– No tienes ninguna autocrítica.
– Sí, un montón.
– ¿Cuál es tu peor error?
– ¿El peor? Hay varios. Dentro de lo peor está algo que has apuntado en tu libreta y no me has preguntado.
– ¿Vidas secretas?
– Algunos episodios fueron muy crueles, sádicos.
– ¿Estás pensando en el hijo de Magaly?
– No, estaba pensando en Janet Barboza y en Carlos Cacho. Él me ha contado después lo mal que la pasó y todos los efectos secundarios que tuvo ese programa. Y de hecho eso es algo bueno que nos debería pasar a todos los periodistas, que alguna vez la prensa nos agarre entre sus fauces y nos haga mierda. A mí me ha pasado. Una vez escribieron en Caretas una página entera contra mí.
– No fue una página entera.
– Que alguna vez te levantes y esté tu foto en todas las portadas con titulares horribles, es algo que todos deberíamos vivir para saber qué se siente. Tenemos un poder y a veces es bueno sentirlo en carne propia.

AQUÍ NO HAY POESÍA

– Hablemos de literatura.
– ¡Qué aburrido!
– Siento que eres un escritor frustrado, pero no sé si decirlo porque en realidad has publicado cinco libros.
– Sí soy frustrado, porque tendría que haber escrito más y mejor.
– Cuando se publicó en libro la entrevista a Vargas Llosa dijiste que de alguna manera te intimidaba ese tipo de escritor.
– Hay que ser consciente de las limitaciones.
– ¿Te gusta tu novela?
– No la he vuelto a mirar.
– ¿Has vuelto a leer otros libros tuyos?
– Sí.
– ¿Qué te gusta y qué no?
– Las crónicas de ‘Por favor, no me beses’ me gustan. Las podría escribir igual de nuevo. Tengo satisfacción con el resultado. No te voy a decir que estoy orgulloso, pero creo que si tuviera que escoger con qué me quedo, que no es mucho….
No has publicado poco…
– Sí, pero siempre tengo el reclamo de que ese ya lo leí, ya salió. La gente que lee es un grupito pequeño que también lee revistas y diarios. Pero yo siento que no he escrito todavía nada importante ni muy valioso. Creo que escribir es como un deporte: hay que seguir y seguir y por ahí te liga un campeonato.
– ¿Te interesa el reconocimiento de tus pares escritores?
– No. Sería muy desalentador. Para empezar no son mis pares, son mis impares. Segundo, la gente que escribe se toma demasiado en serio.
– ¿En quién estás pensando?
–  En Iván Thays, a quien conocí cuando era un pundonoroso miembro del Taller de Literatura de la Universidad de Lima. Estaba Bellatin, Rocío Silva, etc. Thays iba como sapo de la Católica y desde esa época me lo imaginaba con un traje de pana, un cuello de bobos y una pluma de ganso. Siempre lo he visto así.
– ¿Cuando lo has leído también?
– Salvo en esto último que publicó, que es lo más sencillo y lo que a mí más me ha gustado, ‘El orden de las cosas’.
– Es lo mejor que ha escrito.
– Pero cuando se pone demasiado rebuscado me pone de mal humor. Yo entiendo que alguien como él o alguien como Faverón, que me reta a escribir una tesis sobre Bolaño y los nazis…
– ¿Dónde nace tu pelea con él?
– No tengo ninguna pelea con él.
– Los has mencionado en tu última columna…
– Yo lo conozco a Faverón porque básicamente era la guaripolera mayor de Fernando Ampuero. Cada vez que Ampuero publicaba un libro Faverón escribía unas críticas absolutamente mamonas y, por una coincidencia, cuando Ampuero sale de la edición de Somos le entrega el cetro a Faverón. No estoy sugiriendo una relación causa-efecto pero así fue. Y yo lo conozco de esa época porque era colaborador de Somos. De hola y chau. Esa visión  que tiene él y algunos de la literatura como algo sesudo, erudito y elevado, me parece muy respetable pero no me interesa.
– ¿Te molesta la academia?
– Sí, pero ¿qué es la academia? Martha Hildebrandt es mi amiga y nos llevamos muy bien.
– No sé si la academia la ve muy bien a ella. La normativa es la rama más aburrida de la lingüística.
– Claro, claro. Creo que hay una división entre los escritores que escriben porque necesitan escribir y los que escriben porque están buscando ser celebrities literarias. El lado celebrity lo tengo largamente satisfecho, hasta empachado, por mi lado profesional. Tal vez si no estuviera en TV me hubiera dedicado a ser parte de esa farándula… ¡porque las presentaciones son farándula pura! Quién presenta, con quién sales en la foto, etc.
– También has participado de eso, recuerdo tu presentación de la novela de Paul Alonso.
– Lo conozco bien, por eso escribo de eso. ‘Clásicos de la provincia’ es eso. Pero bueno, tengo algunos libros pendientes y no sé cuándo los voy a escribir.
– ¿Novelas?
– La palabra me amedrenta un poco.
– Manejas mejor el género corto.
– De hecho se supone que hay que aspirar a escribir la novela, pero tampoco es obligatorio.
– ¿Qué lees?
Me he pegado con los dos uruguayos que descubrí cuando viajé.
– Levrero y…
– …Felisberto Hernández. Es un vuelo alucinante. Pero ya eso parece una declaración de Iván Thays. Me da miedo decir que leo porque te vuelves culturoso. Siento que te aleja de la gente. Lo acepto cuando es una conversación que no tiene jactancia. No me interesa el duelo de lectores, como Faverón. ¡No voy a escribir una tesis sobre la literatura nazi y Bolaño! ¿Por qué tendría? ¡Qué aburrido!
¿Has leído algún libro de él?
– ¿Ha escrito libros, no?
– Una novela, ‘El Anticuario’; y una antología de relatos sobre la violencia terrorista.
– He leído sus artículos de Somos. No creo que nadie los tenga recortados.
– ¿Cuál es tu relación con la poesía?
– Leo mucho, pero no soy poeta. He tratado como todo el mundo. Pero leo mucho.
– ¿De dónde viene? Porque los lectores de poesía o son poetas o no existen.
– Probablemente venga de la oficina de la dirección del colegio que mi mamá dirigía, donde yo tenía que quedarme porque no tenía nana. Me quedaba en la biblioteca de su dirección. Me gustaba. Dibujaba o leía. He consumido poesía desde el colegio.
– ¿Te quedas en Lucho Hernández o lees a poetas contemporáneos?
– La gente de Inmanencia me parece interesante. Rocío me los recomendó. He estado releyendo Watanabe, en este momento me cae muy bien. En otros tiempos me ha gustado la poesía de Bukowski. Una época se me dio por leer poetas americanos, como William Carlos Williams. Pero invítame un café en el Juanito y hablamos dos horas de literatura. Los lectores de tu blog se van a aburrir.
– No, les encanta. Te lo pregunto porque no hay mucha gente que lea poesía y empate con, digamos, la cultura popular. Yo siento, y disiento contigo en esto, en que Josefina Barrón no es un buen ejemplo. Por eso no entiendo mucho por qué te indignaste cuando la invitaste al programa y te cortaron la entrevista.
– Es una mierda, yo lo sé. A mí me pidió que presente el libro, pero cuando me lo mandó dije: ¡asu! Me tuve que disculpar. Me fui por otro lado, le dije que estaba hablando de los Kens y las Barbies y yo no pertenezco a ninguno de los dos. No sé de qué va y no sé qué decir.
– ¿La invitaste como gesto?
– Me indigné porque no te pueden tirar un comercial en la cara, es como que te impriman un aviso encima de tu artículo. Pero no hablemos de literatura. Billy Collins, ¿has leído a Billy Collins?
– No.
– Entra a Google. Su poesía es bellísima. Irónica, tierna, coloquial. ¡Qué raro que no lo conozcas!

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Derecha Bruta, Derecha Achorada

Breves apuntes sobre el liberalismo peruano

Tafur y Mariátegui

Cómo estará de mal la izquierda peruana que su mayor representante mediático es hoy Juan Carlos Tafur, desde el otro lado de la orilla ideológica. El periodista acuñó el término “derecha bruta y achorada” para tipificar a quienes promovían una campaña sucia contra la hoy alcaldesa. El principal acusado fue Aldo Mariátegui, a quien Tafur sindicó como “el líder de opinión de la DBA”. Lo secundó Augusto Álvarez Rodrich, quien se ha encargado de popularizar las siglas en prensa y redes sociales: DBA. No son los únicos. Rosa María Palacios y Pedro Salinas (quien se autodenomina parte de la “derecha caviar”) también han utilizado el hashtag.

Pero el término es un sinsentido por donde se le mire.

Primero, porque no distingue diferencias ideológicas o sustanciales. Si se trata de acusar a una derecha antidemocrática, bien podríamos proponer un concurso NMM: enumere cuántos miembros de esa derecha (BA o no) han colaborado con nuestra última dictadura, el fujimorismo. Con la honrosa excepción de Pedro Salinas, ¿no estamos ante una mera diferencia de estilo (es decir, de “achoramiento verbal”)?

Y si se trata de una simple diferencia de estilos, ¿qué es preferible en tiempos de un mal entendido pragmatismo, transfuguismo y candidatos “independientes”? Mientras el mundo persiste en tener partidos conservadores, radicales, republicanos y demócratas aquí se sigue hablando del fin de las ideologías.

Vale la pena agregar un paréntesis: ¿cuándo perdió sus dientes la izquierda peruana? Luego de sus indefendibles coqueteos con SL y el MRTA, la izquierda mediática cae en el error opuesto: abandonar las batallas. Antes “la izquierda era la agresiva y los liberales éramos las señoritas de la clase”, recuerda el director de Correo. El mismo Mariátegui reconoce como una de sus influencias al diario Liberación de César Hildebrandt. Hoy el semanario de Hildebrandt es una solitaria terquedad entre chalinas verdes y simple ineficiencia. La prensa combativa de hoy es la de ultraderecha. Es la del fujimorismo en Willax, radio La Exitosa y Avanzada (la empresa que maneja el delincuente Carlos Raffo con la colaboración de su portátil digital).

Volviendo a la pregunta: ¿es realmente preferible un encaletado encaje naranja antes que una frontal Martha Chávez? Definitivamente no.

Pero el problema principal con el término DBA es su inexactitud.

El periodista dice que la DBA “no conoce la historia del Perú“. Sin embargo, cualquiera que haya revisado la génesis de la república reconocerá que la llamada DBA no hace sino seguir los lineamientos de la añeja tradición del liberalismo peruano.

En Sultanismo, corrupción y dependencia en el Perú republicano, por ejemplo, Jorge Basadre recuerda la primera constitución liberal (1823) y a los primigenios liberales locales: el sacerdote Francisco Javier Luna Pizarro y Francisco Javier Mariátegui (abuelo del Amauta). Luego, las primeras generaciones liberales se opusieron a un autoritarismo monárquico. Pero evitaron colisionar con la iglesia, y finalmente apoyaron los arreglos del civilismo. Además, “retrasaron la abolición de la esclavitud” y otras reformas políticas. Las siguiente generaciones liberales proscribieron a los partidos en favor de los electores “notables”. No es casual que dos de los mayores estudiosos del liberalismo peruano hayan sido el fascista Carlos Miró Quesada Laos y Raúl Ferrero Rebagliati, reciéntemente homenajeado por el congreso a propósito de su centenario. Ferrero, autor de El liberalismo peruano. Contribución a una historia de las ideas (Lima, 1958) fue uno de los más arduos opositores al sufragio universal (y defensor del voto solo para la “gente de razón”).

El politólogo Norberto Bobbio explica lo que a las generaciones más jóvenes se les hace extraño: que el liberalismo y la democracia son dos tradiciones opuestas. El liberalismo es una concepción moderna del estado que busca limitar sus funciones. La democracia, en cambio, es una antigua tradición que pretende distribuir el poder en muchas manos y lograr la participación directa en las decisiones colectivas. Según Bobbio, históricamente el liberalismo ha florecido en sociedades con participación restringida, limitada sobre todo a las clases altas. Y la tendencia al sufragio universal es su gran amenaza.

Volvamos a la DBA. Sucede simplemente que Tafur confunde liberalismo con democracia liberal. La segunda recién apareció en el Perú con el Fredemo, y terminó engendrando al hijo deforme del fujimorismo (que finalmente siguió la fórmula del histórico liberalismo peruano: priorizar un estado mínimo antes que un estado de derecho).

Antes de soñar siquiera con un partido liberal demócrata, conviene saber de dónde vienen ambas tradiciones (liberalismo y democracia). Y mirarse al espejo.

Carlos Cabanillas

Inteligencia Militar

Guardianes y reyes filósofos: la alianza Humala-Vargas Llosa
 

La entente Humala-Vargas Llosa

“Los peruanos no necesitamos un filósofo ni un pensador, sino un gerente que sea capaz de resolver y ejecutar las obras.”

                Keiko Fujimori. Junio del 2009

 

La raíz del miedo a una militarización está en una inevitable pregunta ancestral: ¿quién es el más apto para gobernar? El presidente Ollanta Humala ha extendido la pregunta hasta la República de Platón.  Su reciente invocación a “los guardianes socráticos” es una libre interpretación del rol de los militares como protectores del estado.

Pero el dilema se mantiene en pie. ¿Quién es el llamado a liderar esa república? Para Platón es el rey filósofo. Solo él tendría la virtud y la capacidad de estar al mando de “la nave” del estado. La sofocracia platónica se plantea, a grandes rasgos, como una alianza indispensable entre el filósofo y los guardianes (es decir, los guerreros).            

En la Lima actual, pocas propuestas políticas ahuyentarían más a la ciudadanía que una alianza entre intelectuales y militares.

El miedo a la militarización nos dice que un general es lo opuesto a un ser racional. Que quien usa las armas no lee, no discute y no sabe lidiar con las discrepancias. Ejemplos ha habido muchos. Pero se trata, finalmente, de una generalización gruesa. Lo más divertido es que ese lugar común se reproduce en las redes sociales, reino del maniqueísmo y la intolerancia donde hasta el más reflexivo se ve reducido a una burda polarización: me gusta o no me gusta, follow o unfollow, amigo o enemigo.

La historia y la geopolítica lo demuestran. El falso oxímoron “inteligencia militar” no pasa de ser una humorada de Groucho Marx. Pocas instituciones en el país han convocado a tantos intelectuales a sus filas como el CAEM. Para bien y para mal.

Pero el miedo a los intelectuales en el poder es aún mayor. Se les acusa simultáneamente de ser abstractos (como a Bustamante y Rivero) y de tener ideas peligrosas (como a Vargas LLosa). El caso más radical es el de Abimael Guzmán. En su libro Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999 (IEP, 2010), Carlos Iván Degregori precisa que “nunca hubo un movimiento armado en América Latina que diera tal importancia al componente intelectual de su propuesta y a la condición de intelectual de su jefe máximo, el doctor Abimael Guzmán, entronizado en afiches y pinturas con todos los atributos del intelectual: anteojos, terno y libro bajo el brazo”. Para Degregori, Guzmán es el “rey filósofo (que) buscó aliarse con los bárbaros, no para destruir la ciudad letrada sino para tomar el poder dentro de ella con el fin de resaltar todavía más la distinción entre letrados y bárbaros”.

Por eso la reciente alianza entre Ollanta Humala y Mario Vargas Llosa sorprende y genera terror en cierta clase alta limeña. Además, confunde. Se trata de una relación en la que se han invertido los roles clásicos. En este caso en particular, el intelectual es el guardián. Es él quien articula la narrativa de las decisiones que toma el “rey militar”. Hubo antecedentes similares en la historia contemporánea. Quizás el más notorio fue el de Juan Velasco Alvarado leyendo los alambicados discursos del sociólogo de Cornell, Carlos Delgado. También podría mencionarse el pedido de renuncia dirigido a Leguía que el propio Bustamante y Rivero le ayudó a escribir a Sánchez Cerro.     

Pero la entente Humala-Vargas Llosa es única. Primero, porque intenta liderar un gobierno democrático. Y segundo -y esto sí es profundamente platónico- porque se trata de una alianza entre líderes con una doble formación. Por un lado, Vargas Llosa ha sido disciplinado bajo la férrea estructura militar del Colegio Leoncio Prado. Por el otro, Humala ha sido obligado a peinar la biblioteca sanmarquina de su padre, Isaac Humala. Basta una mirada a la historia de la célula Cahuide para comprender lo entrelazadas que están ambas familias. Y lo mucho que ambos se parecen entre sí, no solo cuando corren por las mañanas.

Carlos Cabanillas

El Ravinismo

Lo que tienen en común Luis Favre y Fernando Rospigliosi

   

Ravines, acuarela de Chalo Guillén

Berlín, 1929. Eudocio Ravines Pérez, el ex miembro de una primigenia célula aprista, ha sido enviado por la Komintern para hablar con Haya de la Torre. Debe evitar un enfrentamiento entre el APRA y el socialismo de Mariátegui. Meses antes lo había intentado hacer infructuosamente César Vallejo.

Pero todo intento es inútil. La historia la cuenta el propio Ravines en The Yenan Way (Random House, 1952). El líder aprista había sido seducido por la parafernalia del nacionalsocialismo. Antes, en 1924, Haya había clavado la primera bandera “indoamericana” del aprismo bajo el influjo de la “raza cósmica” del mexicano José Vasconcelos. Ese mismo año pasó por la U.R.S.S., y en febrero de 1927 rompió definitivamente con el comunismo (pero no con el marxismo). Un año después, en 1928, Mariátegui fundaría el Partido Socialista Peruano.

Eso quiere decir que el mapa ideológico peruano se termina de definir en 1929. Al año siguiente del encuentro en Berlín los caminos de Haya y Ravines se separarían para siempre. En mayo de 1930, deiciséis días luego de la muerte de Mariátegui, Ravines funda el Partido Comunista Peruano. En setiembre del mismo año Haya funda el APRA en el Perú.

Pero, ¿qué pasó en Berlín? Es allí donde empieza la historia del fundador del comunismo y el anticomunismo en el Perú, del primer tránsfuga, del primer peruano que vivió veinte años en la izquierda y veinte en la derecha.

Caricatura de Ravines en el libro Detrás de la máscara, de Marilucha García Montero

Lo que le pasó a Ravines en Berlín quizás sea lo mismo que le pasó a Fernando Rospigliosi en algún momento de su vida. Y no solo a él. La lista es larga, e incluye a muchos integrantes de la llamada generación del 68. A varios de Vanguardia Revolucionaria, como los hoy pro mineros Dante Vera, Gilberto Hume y el propio Rospigliosi. A Luis Favre (también conocido como Felipe Belisario Wermus), ex trotskista parisino según la izquierda peruana. Y según esa misma zurda a César Humberto Cabrera, ex miembro del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y hoy Director Regional de Asuntos Gubernamentales y Políticas Públicas de Yanacocha. Pero, ¿cómo se pasa de creer en el maoismo y la lucha armada a defender el espionaje para la Embajada de los Estados Unidos?

Como sucede con las enfermemdades extrañas, los síntomas del viraje fueron bautizados en honor a su primer paciente.  Juan Gargurevich lo llamó ravinismo.

Según los entendidos, Ravines fue un caso clínico. En Detrás de la máscara, ‘Marilucha’ García Montero lo describe como un eterno “monje sin iglesia” que pasó de beato a aprista, de amigo de Haya a socialista, de socialista a comunista, de agente de la Komintern a agente de la CIA y a cazador de comunistas. Como dice Hildebrandt sobre Rospigliosi, “un extremismo solo se olvida adoptando otro”. Con el mismo fervor y el mismo encono.

En la biografía intelectual Perú, país de metal y melancolía (Fondo de Cultura Económica, 2011), uno de los libros del año, Alfredo Barnechea le atribuye a Ravines algunos hitos históricos. El entonces comunista participó en la guerra civil española bajo el pseudónimo de Leopardi, e incluso habría colaborado con la cheka que asesinó a Nin y a Durruti. Años después -durante su exilio mexicano y ya militando en el anticomunismo- combatió a los sandinistas en favor de Somoza.

El Aprocalipsis de Guillermo Osorio. Ravines es 'La Intriga'

¿Por qué Ravines y todos sus seguidores se pasaron al otro lado del Muro? Barnechea ensaya una teoría. Como muchos comunistas, no pudo soportar las sucesivas purgas stalinistas y los abusos. Tampoco la alianza contranatura entre Stalin y Hitler. Su historia es la del desencanto de un hombre que, en el fondo, era religioso. No toleró los varios niveles de grises que tiene  la política, lo que lo llevó tempranamente a abrazar el cinismo del todo o nada. 

Y quizás fue en el Berlín de 1929 donde Ravines tuvo su primera gran desilusión. Lo que allí vio lo contó en su libro de memorias, The Yenan Way (luego conocido como La Gran Estafa). La edición 73 del semanario Hildebrandt en sus Trece publica precisamente ese extracto.

Carlos Cabanillas

Besos Posibles

De lo innecesario del photoshop a la hora de hablar de alianzas políticas

El beso Brézhnev-Honecker

La última campaña de Benetton sugiere que hay alianzas imposibles entre algunos de los principales líderes del mundo. Parte de una idea común entre muchos electores: hay políticos que solo pueden estar juntos a través del photoshop.

La realidad nos dice lo contrario. Las relaciones comerciales entre países antagónicos son públicas y sostenidas. Por ejemplo, entre los mismos protagonistas de la campaña publicitaria de esta marca de ropa. Los políticos, como las galaxias, tienden a acercarse hasta confundirse. Se abrazan con frecuencia, se besan con efusividad y se estrechan la mano de forma indiscriminada. Si de algo ha servido históricamente el photoshop y demás artimañas de edición ha sido para separarlos.

La historia también lo constata. En el fabuloso libro El pacto con el diablo el periodista alemán Sebastian Haffner explica de forma detallada los acercamientos entre Alemania y Rusia, desde 1917 hasta 1941. Una serie de alianzas aparentemente contranatura. Sobre todo para quienes creen que existen identidades naturales.


El beso Fujimori-Humala

Este comportamiento se inscribe dentro de lo que Max Weber llamó la ética de la responsabilidad. Ésta se basa en negociar y pensar en el largo plazo. Implica distinguir entre los medios y los fines, sabiendo que los primeros pueden cambiar siempre y cuando los segundos se mantengan incólumes. El político, entonces, es quien analiza escenarios particulares a través de la “racionalidad instrumental”. Es quien sabe, siguiendo a Maquiavelo, que a veces “hacer el mal” nos lleva a lo correcto (y a veces “hacer el bien” nos lleva al suicidio). Para él no hay alianzas prohibidas porque “la política es el arte de lo imposible”. El riesgo en ese escenario es perderse en el camino hacia la meta. O no tenerla y ser simplemente un tránsfuga.

Por supuesto, este accionar se opone a la ética de la convicción. Weber incluye aquí a quienes deciden a través de argumentos morales. A los principistas e idealistas. A quienes, finalmente, no buscan el consenso ni la negociación. El peligro aquí es el de la militancia dogmática. El del autoritarismo, la intransigencia y la búsqueda de cierta “pureza”.

El aprendizaje político consiste en pasar de una ética a la otra. Un curso acelerado que muchos tuvimos que llevar entre la primera y la segunda vuelta de las últimas elecciones presidenciales.

Alguien que claramente ha dado ese salto cualitativo ha sido Mario Vargas Llosa. Durante la campaña electoral de 1990 rechazó reunirse con Alan García (el intermediario habría sido Pipo Thorndike, según lo cuenta el último libro de Alfredo Barnechea). Años después, aceptó entrevistarse con él durante 40 minutos, dejando de lado sus arcadas morales. Pero lo hizo sin perder de vista los límites de su apoyo. Es decir, sin sacrificar los fines por los medios.

El beso Taylor-Zira

Para entender su proceso de maduración vale la pena regresar a El pez en el agua. Por ejemplo, al epígrafe, precisamente de Weber:

También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.

Parafraseando al poeta, es difícil madurar políticamente. Pero se aprende.

Carlos Cabanillas

Memorias de una Máscara

Caretas libertarias, roles conservadores. El caso de Anonymous

 

Guy Fawkes

Ayer fue 5 de noviembre, una fecha importante para Anonymous. Una mirada a su agenda de ataques DDos (Distributed Denial of Service) revela un ideario errático y contradictorio. En el 2008 ayudaron a detener la difusión de pornografía infantil. En el 2009 subieron videos pornográficos a YouTube con tags como “Jonas Brothers”. Demostrando su tolerancia, atacan a la cienciología por vivir del dinero de sus fieles, pero callan ante el sistema análogo que sostiene a otras religiones. Apoyan iniciativas como Occupy Wall Street, pero comparten un mismo lema con el Oregon Tea Party. Se enfrentan a Bank of America, Visa y Mastercard a través de Operation Payback. Simultáneamente, le hacen ganar millones de dólares a Warner Bros (Time Warner) gracias a la venta de la ya célebre máscara que los protege.

Se presumen libertarios, pero no defienden ni la libertad individual ni los derechos del individuo sobre sí mismo. Coquetean con el anarcocolectivismo, pero no promueven el fin de ningún Estado. Tienen un lema que de tan ambiguo termina siendo inofensivo: We are Anonymous. We are Legion. We do not forgive. We do not forget. Expect us.

¿Qué es lo que no perdonan y qué es lo que no olvidan? Nadie lo dice. Porque Anonymous dice ser una multitud que -como internet- no tiene liderazgos ni jerarquías. Quizás por eso no ha logrado articular una propuesta política o ideológica consistente. Son personas con acceso a internet y a una computadora personal. Son ciudadanos del mundo que pueden hacer colapsar cualquier página web que no coincida con lo que ellos entienden por “libertad de expresión” o “información libre”. Son gente que protesta airadamente cuando un gobierno como Turquía, Túnez, Irán, Egipto o Chile expresa su deseo de revisar las redes sociales. Pero que calla ante el ojo de la CIA o de las empresas privadas que lo monitorean todo en Facebook, Twitter y Google.

Anonymous no se enfrenta a ninguno de los que Ollanta Humala llama “los poderes fácticos”. Pero si de algo sirve su lucha es para legitimar el activismo en redes como una especie de autorregulación controlada. Es la encarnación de lo que algunos llaman “el sistema”, corrigiendo sus propios errores.

Y todo esto lo hace detrás del rostro de un fanático religioso. Una máscara que ha sido re apropiada y resemantizada a partir de la película V for Vendetta (2006), pero que finalmente representa a un ex servidor de la corona española que quiso imponer una teocracia católica en la Inglaterra del siglo XVII. Un ultra conservador, políticamente hablando.

Sucede que a veces, como en el teatro griego, la máscara no sirve para ocultar una identidad. Sirve, en cambio, para revelar el carácter de quien la usa.

Carlos Cabanillas

Guía Súmmum de la Corrupción

Y un breve repaso histórico al darwinismo culinario peruano

Sibarita Omar Chehade. Foto: La República

La ruta del sabor tendría que incluir algunas paradas de rigor. Primero, la Costanera 700 de Humberto Sato, un favorito del ex presidente que popularizó la yuca y el bacalao. De las reparadoras facultades de su chita a la sal puede dar fe el ex desahuciado José Enrique Crousillat. Pero antes, un sabroso entremés: unas conchas negras para sacarle punta al lápiz en el restaurante chiclayano Fiesta. Ya hablamos de él en un post anterior, pero el clásico cebiche caliente en el salón Mantilla amerita repetir el plato. El tour no puede seguir sin una infaltable visita a La Bonbonniere de San Isidro. Hasta Alberto Quimper se dio una escapada de su casa en Miraflores con tal de probar uno de sus célebres bizcochos. Y de paso ir al baño. Finalmente, Brujas de Cachiche. Cebiche todos los días del año y sours de todo calibre. Donde nadie puede quedarse solo y sin mesa, a decir de Omar Chehade, protagonista de un peculiar entripado culinario.

Por supuesto, la ruta está incompleta y trasciende al comepollo o al comeazúcar (¿la multiplicación de los panes de Canaán fue en el Perroquet o en el bar inglés?). Luego de leer el libro La Academia en la Olla. Reflexiones sobre la comida criolla (USMP, 1995), está claro que el fenómeno es de larga data. ¿De cuando Odría ganó las elecciones repartiendo azúcar, pan y frejoles en la barriada, como recuerda Antonio Cisneros? Antes. Incluso más allá de Felipe Adán Mejía, Rosita Ríos y Manuel Atanasio Fuentes. Más o menos de cuando la iconografía Moche demostró cómo una cultura sensualizaba a la otra a través de potajes. Allí están los huacos que representan uñas de cangrejo y escargots. Langosta, cangrejo, calamar, corvina, lenguado, pulpo, conchas negras, pez espada, lobos marinos, taruca, sajino. Todo con tal de no ser exterminado.

Porque ésa es una de las conclusiones del libro: que nuestro celebrado mestizaje no es más que una darwiniana adaptación a las circunstancias. Una lección de acomodamiento a partir de lo que hay. Una seguidilla de banquetes para congraciarse con el de arriba. Los indios con el Inca (maíz, papa), los incas con los conquistadores (llamas cargando alforjas repletas), los peruanos con los chilenos (vino). Siempre hubo holganza de comida en las casas solariegas.

De cuando en cuando había comilonas en la casa cuzqueña del padre de Garcilaso de la Vega, el conquistador homónimo y padre del mestizo. El que recibía a Pizarro y Carbajal con las manos llenas. Esta es una historia de sobrevivencia a partir de las sobras y de arte hecho del desperdicio. El tacu tacu, los anticuchos de corazón. Es el relato de ese pueblo borracho a punta de cañazo que divisó Darwin en 1850.

Pero, sobre todo, es la constante certeza, repetida una y otra vez, de que el milagro de San Martín de Porres es laico. Porque si algo sabe hacer el peruano es dividirse. Pero, a la hora del bitute, todos almuerzan tranquilamente de un mismo plato. Perro, pericote y gato. Porque como dijo el héroe Quiñones, los peruanos tenemos derecho a comer rico.

Carlos Cabanillas