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Nosotros ganamos menos

1. Otra vuelta de tuerca. Los hinchas de buena memoria coincidirán conmigo: la nueva derrota de ayer se parece como una gota de agua a la misma que nos propinó Colombia en Lima para las eliminatorias de Corea-Japón, en el 2000. Misma historia: Perú le hace un buen tiempo al equipo visitante, se falla un par de clarísimas y a comienzos del segundo tiempo la defensa se equivoca, el arquero duda y los norteños se llevan los tres puntos. Esa vez fue Pajuelo, esta vez Galliquio y Revoredo; esa vez fue Vegas, esta vez Penny, dos arqueros que han destacado en el famélico campeonato peruano pero que en los partidos de selección siempre quedaron en deuda. Así es el fútbol peruano, cíclico, repetitivo, con partidos que regresan desde el fondo de los tiempos para aguarnos una vez más la fiesta. Esta eliminatoria ya la hemos visto cuatro veces, y sabemos cómo es el siguiente episodio y cómo termina. Ayer sesenta mil personas se reunieron en el Nacional pagando sumas exageradas solo para ver el capítulo refrito de una sitcom. Así somos.

2. Echarle la culpa a Markarián de la derrota de ayer no solamente es injusto, sino sumamente mezquino. Markarián hizo lo que pudo con un equipo parchado, remendado y por varios lados sencillamente roto y, ciertamente, jugó bastante mejor que Colombia. Podemos discutirle si queremos algún cambio, excepto el de Farfán, un jugador lesionado que entró cogiéndose la pierna: decir que debió entrar antes fue pretender exponerlo de manera innecesaria. Markarián, a fin de cuentas, es un entrenador capaz que hace lo que puede, y lo que puede no es poco. Pero, como ya he dicho, esto no pasa por una cuestión de entrenador. Lo diré nuevamente: con Burga en la Federación, cualquier mejora a mediano o largo plazo está vedada de antemano. El crédito de Markarián es corto porque el de Burga es corto. Me pregunto qué otra prueba de ello necesitamos luego del partido de ayer, luego de cuatro eliminatorias en las que no hacemos sino empeorar. Pizarro no es una casualidad: es un capitán hecho a medida del fútbol que representa: irresponsable, egoísta, monosilábico. Lo de Perú también es una cuestión sicológica. Podemos traer un entrenador a convencer a un grupo de jugadores, pero se necesita mucho más que eso para desterrar a sus fantasmas, aquellos que se apoderaron de Carrillo en el primer tiempo cuando quedó mano a mano frente al arquero Ospina.

3. ¿A qué va el hincha limeño cuando va al estadio? ¿A empezar gritando y haciendo barritas y a quedarse mudo los siguientes veinte minutos, a emocionarse ante una arremetida de Perú, a comenzar a murmurar cuando no llegamos durante diez minutos al área contraria? ¿A qué va el hincha de Lima? ¿A cantar el himno nacional como no lo ha hecho nunca en su colegio ni en ningún lado para luego sentarse cómodamente como quien va a admirar, en silencio, la última presentación del Circo del Sol? Con hinchas como esos no merecemos ir al Mundial. Comprar una entrada y ocupar un asiento no es comprometerse, no es ser hincha. Y erradiquemos, de una vez, el mito de que el Perú es un país futbolero. Escuchemos los comentarios del “hincha” peruano promedio en el entretiempo de un partido de eliminatorias y saquemos nuestras propias conclusiones.

4. Perú no va a ir al Mundial. Es más: ojalá que Markarián alcance los 12 puntos que alcanzamos en la última eliminatoria con Chemo. Y la verdad, hasta eso se ve difícil. (José Carlos Yrigoyen)

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Cuenta regresiva para una nueva eliminación

                                                            

Una derrota más sí importa. Foto: Efe.

A Silvia Freire y a Delfor Palacios, in memoriam

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Empecemos con una verdad que, a estas alturas, es difícil refutar. El formato de Eliminatorias de todos contra todos es fatal para Perú. Y es fatal porque es el más justo y el que mejor refleja la situación de cada selección participante. Es un sistema al que es muy difícil hacerle trampas, y que hace quince años nos corrobora, casi sin margen de error, nuestro pobre y declinante nivel: sextos en 1998, octavos en el 2002, octavos en el 2006, décimos en el 2010. La primera conclusión objetiva tras estos resultados es que la selección peruana no va a mejorar mientras que la Federación no se reforme, los dirigentes que la encabezan no sean removidos, y se comiencen a cambiar los cimientos y la estructura de nuestro fútbol profesional. Está claro que con una dirigencia como la de Manuel Burga ir al Mundial está lejos de nuestro presupuesto; más aún: cualquier tipo de mejoría sostenida está negada de antemano. No por nada, hace algunos años, nuestro redactor Jerónimo Pimentel llamó, desde las páginas de la revista Caretas, a los hinchas y a los jugadores a boicotear a la selección hasta lograr la renuncia de la nefasta directiva del FPF y comenzar así esa fundamental transformación. Esta propuesta es para muchos una utopía, seguramente, pero sigo creyendo que es el único camino que tenemos para que el futbol peruano cambie y deje de ser el peor ejemplo de la región. No olvidemos que los colombianos le han puesto a su decadencia futbolística un apropiado nombre que nadie puede discutirle: peruanización.

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Durante una década entera, cada vez que Perú se quedaba sin técnico a puertas de una eliminatoria o de una Copa América, nuestra prensa futbolera llamaba en masa al celular de Sergio Markarián para preguntarle si se animaba a dirigir los restos de nuestra selección. Y la respuesta del uruguayo siempre fue muy coherente. Palabras más, palabras menos, era esta: no puedo entrenar a Perú mientras que la directiva que existe siga en el cargo, pues con esos dirigentes es imposible trabajar en serio. Y bien, mientras tanto pasaron por el aro Maturana, Autuori, Uribe dos veces, Ternero, Navarro y Chemo. Todos ellos se convirtieron, más allá de las intenciones que los llevaron a aceptar el cargo, en cómplices de Manuel Burga y a la vez en fusibles que lo mantenían, proceso a proceso, eliminatoria tras eliminatoria, en el cargo. Lo legitimaron sabiendo que su labor al frente de la selección estaba frustrada desde su mismo origen y cada uno pagó las consecuencias de distinta manera: Autuori renunciando al ser perseguido por una comisión del Congreso, Navarro despedido y humillado por Pizarro –uno de los verdaderos dueños de la selección-, Uribe nublado por su ego y expectorado como un perro del puesto, Chemo soportando una larguísima eliminatoria en la que se engulló las más bochornosas goleadas que un hincha peruano recuerde. Markarián, digno, sobrio, triunfador en los clubes que tomaba a su cargo y en la selección de Paraguay, miraba todo de lejos y de cuando en cuando reconocía su pena por ese Gólgota infinito por el que el fútbol peruano estaba condenado a transitar.

Lo vamos a desenmascarar. Foto: Efe.

Hasta que, un buen día, Markarián marcó un nuevo récord en las Olimpiadas de la Contradicción y anunció que, luego de entablar un diálogo con los probos y honorables dirigentes de la FPF, aceptaba ponerse el buzo de entrenador de Perú. ¿Era eso serio? ¿No era ese señor que posaba junto a Burga el mismo que se negaba siquiera a considerar la posibilidad de ponerse a la orden de una dirigencia ineficiente e irresponsable con la que era inviable emprender un trabajo a largo plazo? ¿Qué sucedió? ¿De pronto Burga se convirtió en un intachable Harold Mayne-Nicholls sin que nadie, excepto Markarián, se diera cuenta? ¿La FPF, esa guarida de grisuras y nulidades, habíase trocado súbitamente en una franquicia de la Deutscher Fusball Bund? Nunca he logrado comprender el sorprendente cambio de opinión de Markarián. De pronto, por arte de magia, el pillo era íntegro, el pícaro un virtuoso y el bribonzuelo depositario de una inflexible decencia. Su destino, como estaba escrito, es similar al de todos sus antecesores. Es verdad que su comienzo fue bueno. Pero también bastante engañoso: le ganó a Canadá, a Jamaica, a la selección B de Senegal, a Panamá y empató con Japón B y con República Checa B. Le ganó a una Costa Rica sin estrellas e hizo una buena Copa América. Luego, una eliminatoria que pinta para ser igual, sino peor, que las anteriores. Hasta este momento, estadísticamente, solamente supera a la Eliminatoria de Chemo del Solar. Y todo hace indicar que la herida de muerte se la infligirá Colombia este 3 de junio y el tiro de gracia su querido Uruguay siete días después. Ese Uruguay al que juró que nunca enfrentaría luego de su experiencia con Paraguay. Pero bueno, ustedes saben como es Markarián con los juramentos. Gajes de su proverbial inestabilidad emocional, aquella que lo hizo pelearse con casi la totalidad de los jugadores de Universitario cuando los entrenaba en los noventa e insultar a un hincha en el aeropuerto que le recrimina –con absoluto derecho- el dejarnos humillar por Chile para constatar en un microciclo lo que ya todos sabíamos: que Álvaro Ampuero es un jugador  con condiciones y los otros veinte convocados restantes no.

La necesidad de sostener el mito aquel del Markarián salvador no se detiene: en el próximo partido de preparación el rival será Nigeria. Pero no Nigeria con sus titulares –que dicho sea de paso, jugador por jugador es más que Perú-, no Nigeria B, sino un equipo formado por jugadores juveniles de la exótica liga local y cuatro extranjeros de discreto nivel: uno de ellos juega en la tercera división española, el otro en la tercera division italiana, otro en uno de los clubes coleros de la liga turca, y el de mayor renombre alterna en el Torino, que acaba de ascender a la Serie A. De esta impronunciable nómina de desconocidos el que más partidos tiene con su selección suma cinco convocatorias. La mayoría de este plantel nigeriano debutará con la camiseta de su país esta noche en el gramado del José Díaz. Es decir, nuestro último partido antes del encuentro con Colombia va a ser contra algo que muy piadosamente podríamos considerar Nigeria C. Sorprende que la prensa deportiva no haya llamado la atención sobre esta broma de partido de fútbol, de cuya completa inutilidad es muy consciente Markarián. Pero entonces uno recuerda que es la misma prensa que condenó al basurero de la historia a Chemo del Solar por convocar setenta jugadores a la selección para las eliminatorias de Sudáfrica y que con Markarián, que hasta esta fecha ha llamado casi a ochenta, calla en siete idiomas. Y de pronto todo cobra sentido.

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Los todavía muchos hinchas leales a Markarián –quienes, con el transcurrir de los próximos partidos de eliminatoria decrecerán dramáticamente en número- enarbolan el tercer puesto que Perú alcanzó en la última Copa América como argumento definitivo contra los que osan criticar al uruguayo. Comprendo que en un fútbol tan mísero como el nuestro esa medalla de bronce pueda ser para algunos la prueba que estaban esperando de que nuestra selección por fin va a dejar de dar vergüenza en todas las canchas a lo largo y ancho del continente. Pero ese dedo ya nos lo han metido antes, muchas veces, en los últimos veinte años. Y todas las veces que nos lo metieron lo aceptamos felices e hicimos, puntuales, la cola para comprar nuestra ración de sebo de culebra con ese candor que algunos benévolos insisten en llamar fe.

Cuando Cienciano ganó la Sudamericana en el 2003 un gran porcentaje de hinchas aplaudió la pueril demagogia de Ternero, quien no paró hasta ser técnico de la selección, destruir en un mes su relación con los referentes y hundir al equipo en una serie de goleadas ignominiosas, entre las que destaca ese partido en Barranquilla donde nos comimos, vía Chiquito Flores, cinco goles colombianos.

Igual ánimo despertó el casi más añorado por los hinchas menores de cuarenta años: la Eliminatoria para Francia 98. Esos veinticinco puntos con los que nos quedamos por diferencia de goles fuera de la final. Oblitas, a quien al principio del proceso le rogábamos que nos saque del fondo, estuvo a prácticamente nada de lograr lo que, recordando nombre por nombre la selección de aquel entonces, era casi un milagro. Durante los dos años siguientes se habló mucho de las enormes posibilidades que teníamos para ir a Corea-Japón, impresión que se reforzó con el surgimiento de quien estaba llamado a ser el nuevo goleador de la selección desde Franco Navarro: Claudio Pizarro (quien, cuatro eliminatorias después, exhibe la portentosa cifra de cuatro tantos en esta clase de partidos; ninguno de ellos fue decisivo para alcanzar victoria alguna). La creencia de que estábamos por buen camino parecía volverse realidad con la victoria contra Paraguay en la primera fecha y el empate contra Chile en la segunda. Luego, todo fue debacle. ¿Y el primer puesto en el grupo de la muerte en la Copa América de 1993? ¿Y el buen comienzo con Autuori, que tenía 8 puntos luego de jugar contra Uruguay en la primera ronda? Se acercaron todos los hinchas y lo rodearon con su ilusión, pero ay, el cadáver siguió mirando el Mundial por la tele.

Malinterpretamos y sobredimensionamos las breves buenas rachas y tenemos pésima memoria para las viejas vergüenzas que pasamos, que son muchas. Nos olvidamos de esos datos, gélidos como un informe forense, que nos retratan de cuerpo entero: desde 1999, hace trece años, Perú no puede ganar dos partidos oficiales seguidos. ¡Trece años! ¿Qué selección puede aspirar a ir a un Mundial con semejante losa a sus espaldas? Eso sin mencionar otra cifra que nos sumerge más en el descrédito: la última vez que Perú ganó un partido de visita por eliminatorias fue en el 2004, contra Uruguay, con Autuori. Hace ocho años. Pero no lo queremos recordar. Como no queremos recordar tampoco que el fútbol peruano ha renacido media docena de veces en los últimos veinte años para volver a internarse en su cripta nuevamente dos partidos después. Es un Lázaro sistemático, circular, acosado por una incesante sucesión de deja vu que no lo deja descansar en paz.

El hombre más repudiado del Perú. Fuente: Líbero.

Es por ello que el entusiasmo que aún suscita Markarián me deja frío. A pesar de que la historia nos ha restregado nuestra realidad en la cara una y otra vez, nos entregamos alegremente como lemmings a la inmensidad del océano de nuestro más ciego y monolítico anhelo: ir a un Mundial de fútbol, no importa al precio que sea. No importa que Burga, ese dogmático del cretinismo, se quede veinte años más en la presidencia de la Federación. No importa que nada haya cambiado ni cambie en las precarias estructuras de las instituciones que representan a la selección y a los clubes. No importa que en la Libertadores solo seamos un poco mejores que los equipos bolivianos y que vivamos acumulando derrotas dignas de equipo indonesio (como el no muy lejano 9-0 que el Defensor de Uruguay le endilgó al Sport Huancayo). No importa que Pizarro maneje a su antojo a todos los técnicos de la selección que han venido desde el 2002 y que sea un capitán indigno de la banda que alguna vez lució Héctor Chumpitaz. Sobre esto es emblemática una anécdota que el pudoroso Daniel Peredo jamás contaría. Poco antes del decisivo partido contra Ecuador en Lima durante la eliminatoria con Autuori, Pizarro escuchaba su Mp3 en el vestuario. Solano se le acercó: “Claudio, ¿no crees que sería bueno reunir a los muchachos para hablarles antes del partido?”, a lo que el desangelado delantero, sin quitarse los audífonos, replicó: “¿Para qué? Si ellos ya saben lo que les voy a decir”.

No importa, nada importa. Lo único necesario cada cuatro años es conseguir a ese Mesías que nos haga creer que es posible lo que objetivamente es inalcanzable. Esta vez el nuevo cómplice de Burga ha levantado su propio mito, del cual viviremos hasta próximo aviso: el celebradísimo tercer puesto de la Copa América del 2011. Vivimos buen tiempo del de la Eliminatoria del 97, que para mi generación era el prometedor comienzo de algo bueno y se terminó convirtiendo en lo mejor que hemos alcanzado en los últimos dos decenios, en nuestro más preciado objeto de nostalgia, en el plato fuerte de Clásicos a mano, ese programa tramposo que nos presenta un Unión Minas-Sport Coopsol del 2001 como una auténtica epopeya y a Oscar Dertycia como el Cantona que nunca supimos ver.

Así que si me alguien viene y me dice la selección está de vuelta ¿estás tú? Yo sonrío, y antes de cerrar la puerta respondo: no, yo ya no estoy. (José Carlos Yrigoyen)

Ni con magia

Razones por las que el Perú no clasificará para Brasil 2014


Tres partidos de eliminatoria mundialista, tres puntos. Ese es el Perú de los cuatro fantásticos, del técnico de selección más endiosado en décadas, el que está de vuelta en el demagógico y huachafo comercial de Movistar. Es una selección tan ligerita como la de Uribe, Maturana y Ternero, solo que con más orden y más ganas de hacer las cosas. Pero está claro que eso no basta para ir a un Mundial. Para ir a un Mundial se necesita un fútbol local medianamente competitivo a nivel internacional, y Perú no lo tiene (el ejemplo más reciente es el Vasco 5 Universitario 2), como no lo tiene Colombia o Bolivia, que tampoco van a ir a la cita brasileña.

Se necesita, además, una estructura futbolística creíble, y con Burga y sus secuaces eso es sencillamente imposible. Miren a Chile nomás, que con la misma selección anodina de la eliminatoria 2006, se convirtió en un equipo temible en el Mundial del 2010, al que clasificó con brillantez y holgura. Que Marcelo Bielsa fuera el técnico es solo una parte de un todo: otra parte importante, imprescindible, era el presidente de la Federación, Harold Mayne-Nicholls, hombre lúcido, culto y pragmático que respaldó y colaboró en fortalecer la base donde el trabajo del Loco y sus muchachos tenía que desarrollarse.

Sergio Markarián es un muy buen entrenador de fútbol que siempre ha ganado títulos con planteles de nivel. Hace magia, pero no milagros. Sabe administrar lo que tiene y con lo que tiene suele superar expectativas, pero no necesariamente corona las grandes metas que ha tenido en su carrera: con Cristal en la Libertadores, el Panathinaikos en la Champions y Perú en la Copa América llegó a altas instancias, pero no se llevó el título en ninguno de los tres casos. He leído por ahí en el Facebook que no debemos preocuparnos, porque Markarián, con Paraguay en la eliminatoria del 2002, perdió sus dos primeros partidos y luego clasificó a los guaraníes a Corea-Japón. Pero eso es contar solo un lado de la historia: la otra parte es que en esa ocasión tenía a la base del fortísimo Paraguay de Francia 98. Ahora, en la misma condición, tres puntos en tres encuentros, tiene como base a la horrenda selección de Chemo del Solar, colera (cólera) indiscutible en el anterior proceso eliminatorio.

Solano –aquel jugador que en la selección siempre dio la tercera parte de lo que podía dar- tiene razón cuando afirma que eso de los cuatro fantásticos nos hace quedar en ridículo frente a la prensa e hinchadas de los otros países. Yo agregaría que además, nos hace daño a nosotros mismos al sobredimensionar con ese apelativo a un conjunto de jugadores que son sin duda muy talentosos, pero ninguno de ellos es Higuaín, Forlán o Suárez. Triunfan en un torneo como la Bundesliga donde al menos diez equipos tienen una defensa aún más miserable que la de Bolivia. He visto algunos partidos de la liga alemana y me pregunto si hay algo más fácil que hacerle un gol al Bochum o al Mainz 05; no son más (y podrían ser menos) que las zagas de Guatemala o El Salvador. Y para terminar, el loco Vargas juega en un equipo de media tabla de Italia. ¿Esos son nuestros cuatro fantásticos? ¿Cuántas Champions suman? ¿Cuántos trofeos internacionales reposan en las vitrinas de sus casas? (No me cuenten lo de la Intercontinental 2001 de Pizarro, que solo jugó un minuto). Con la excepción de Bolivia, todos los demás equipos tienen jugadores iguales o mejores que los nuestros. Casi todos tienen algún jugador en un equipo de primer nivel; nosotros no. ¿Cuántos jugadores peruanos juegan en el Manchester, en el Barcelona o en la Juventus, como es el caso de Valencia, Alexis Sánchez o Estigarribia? (Por no mencionar a los uruguayos o a los argentinos). Cada eliminatoria cometemos el mismo error: nuestros jugadores comienzan ante nuestros ojos como superhéroes y terminan a los cinco partidos como alcohólicos irrecuperables.

Tenemos pues, poco. Es cierto que es bastante más que lo que tuvimos en los noventa, pero igual es poco y en el concierto latinoamericano, en calidad, estamos entre un sétimo y octavo lugar, que es más o menos nuestro puesto en la tabla de las cuatro últimas eliminatorias. Con un técnico capaz y una estructura dirigencial sólida acaso llegaríamos a un sexto o quinto puesto, pero apenas tenemos una variable de esa ecuación, y como ya hemos repasado, así no se puede. Solo un dato para terminar: hace quince partidos que Perú no gana de visita en partidos eliminatorios. Esa es la realidad. Digan lo que digan algunos periodistas argentinos  (que en el fondo se cagan de risa de nuestro fútbol) lo mejor que podemos hacer es pensar desde ya en el Mundial de Qatar. (José Carlos Yrigoyen)

Fútbol y política en Perú: una historia de desencuentros

1936. Olimpiadas de Berlín. Perú vence en primera ronda a Finlandia –11 leñadores que por entonces jugaban al fútbol con palitroques- por 7-3, gracias a cinco goles de ‘Lolo’ Fernández y uno de ‘Manguera’ Villanueva. El siguiente partido fue disputado con el equipo B de Austria, que nos ganaba por 2-0 hasta el minuto 75 y al que le volteamos el partido anotando cuatro goles en el último cuarto de hora. El detalle es que en las postrimerías del partido, aun con empate en el marcador, algunos hinchas peruanos invadieron el gramado e incluso golpearon a tres jugadores austriacos de tal manera que no pudieron seguir jugando (y recordemos que en esa época no se admitían cambios). La FIFA dictaminó que el partido debía repetirse y el gobierno dictatorial del general Benavides ordenó a la delegación peruana retirarse del torneo, gracia que nos costó estar desafiliados del ente rector durante dos décadas. Ahí también comenzó el mito de que Hitler nos había eliminado por cuestiones raciales, que le ganamos al poderoso ‘Wunderteam’ de Sindelar, que nuestra actuación en Berlín había sido portentosa. Todas patrañas, como ha demostrado Luis Carlos Arias Schreiber. Y es que toda victoria moral siempre está sustentada por una mentira.

1952. Otro símbolo de nuestro gorilismo militar, el general Manuel Apolinario Odría –quien estampó para la historia aquello de “la democracia no se come”-, inaugura el Estadio Nacional de Lima. Cabe anotar que durante los siguientes cuatro años un gran retrato del tiranuelo fue colocado en lo más alto de la tribuna de Occidente con la frase “obra del presidente Odría”.

1969. Comienza la Revolución Peruana al mismo tiempo que las eliminatorias para México 70. Perú enfrenta a Bolivia en el Nacional. Una semana antes habíamos caído en La Paz gracias a la infame actuación del venezolano Chechelev y un absurdo autogol de Héctor Chumpitaz, a quien aún no se le llamaba el “capitán de América”. Había que levantar los corazones antes del partido. Y quizá por ello el presidente Juan Velasco Alvarado decide dar la vuelta olímpica, siendo aclamado por la multitud, según refiere Eloy Jaúregui, quien asegura haber presenciado el hecho. Aquella tarde Perú goleó y sacó medio pasaje para el mundial azteca.

1977. Eliminatorias para Argentina 78. Perú había eliminado a Ecuador endilgándole una paliza: 4-0 que pudieron ser seis o siete. Había que enfrentar a los chilenos en el Nacional para clasificar a la fase final en Cali, pero no eran poca cosa: Figueroa, Quintano, Caszely, Ahumada… Sin embargo, Perú demostró mejor condición y venció con justicia por 2-0. El general Francisco Morales Bermúdez, en evidente estado etílico, bajó a la cancha para celebrar con los jugadores, y llegó a pedir la camiseta sudorosa del back Julio Meléndez para luego ponérsela. Todos cantaron juntos el Himno Nacional. Martínez Morosini relataba la escena, conmovido.

1978. Mundial de Argentina. Perú está fuera luego de quinto partido jugado contra Polonia. Argentina, en el mismo grupo, necesita ganar al menos por cuatro goles para dejar a Brasil en el camino y jugar la final. Conocemos el resto de la historia, pero nunca sabremos si fue cierto que Videla se comunicó telefónicamente con Morales Bermúdez para plantearle un negocio: que la rojiblanca se dejara ganar a cambio de algunas toneladas de trigo. Ese Mundial no lo ganó Argentina, sino la Hermandad de Plan Cóndor. Lo que sí está probado es que Videla y Kissinger entraron al vestuario de Perú a mitad del partido para saludar a los seleccionados peruanos, hablarles de San Martín, de la fraternidad entre los pueblos y dejar por ahí alguna amenaza velada. Luego del 6-0 a Oblitas, Cubillas y demás los recibieron a pedradas en el Jorge Chávez, según anota Eduardo Galeano en  su Memoria del Fuego.

1997. Clasificatoria para el Mundial de Francia. Perú necesitaba solo un empate en Santiago; los chilenos debían ganar, y vaya que tenían con qué: Marcelo Salas e Iván Zamorano. Nosotros contábamos con Maestri Y Germán Carty. Sin embargo, la euforia de los hinchas y de los medios no estaba para detenerse en esa clase de análisis. Aprovechando la coyuntura, Alberto Fujimori, a quien el fútbol nunca atrajo demasiado, fue a la concentración para despedir a los seleccionados, arengándolos con la sonrisa torcida de siempre. Luego de la ignominiosa goleada ante los chilenos y de la victoria ante Paraguay en Lima (1-0), el mismo Fujimori invitó a Oblitas a Palacio y lo ratificó personalmente como técnico de la selección.

1999. La campaña reeleccionista calentaba motores. El Chino vuelve a sacar partido de la coyuntura y anuncia en conferencia de prensa la contratación del Pacho Maturana como técnico de la selección. Nadie mencionó que Maturana acababa de escapar de Costa Rica dejando al seleccionado ‘tico’ en una profunda crisis. Era ya un vendedor de sebo de culebra, al que nos apuramos a comprarle todo el lote disponible: “Yo tengo un sueño, y es dirigir a Perú en Japón Corea 2002”, dijo la misma tarde en que Argentina nos ganó 2-1 y Burga lo despedía, embolsándole de paso una jugosa indemnización.

2004. En un acto político fallido, Alan García decide convocar a una marcha nacional para oponerse a la firma del TLC con EE. UU. El día elegido fue el de la inauguración de la Copa América en Perú. Como lo constata la talla de su pantalón, la relación entre el ex presidente y el deporte siempre fue terrible: su marcha no solo fracasó, sino que ocasionó la famosa fotografía de la “patadita”; una vez electo, ratificó el TLC; y para más inri, se embarcó en la multimillonaria remodelación del Estadio Nacional para optar como sede de los Juegos Panamericanos, que terminaría perdiendo. Como no podía ser de otra forma, antes de irse inauguró la obra inconclusa.

2011 Eliminatorias para Brasil 2014. El presidente Ollanta Humala llega a la Videna para entrenar, frente a toda la prensa, con los Cuatro Fantásticos y el resto de la selección. “Estamos hartos de ser eliminados” afirma ante los micrófonos. Al igual que Toledo en el 2003, estuvo presente en el primer partido clasificatorio ante Paraguay. Y al igual que en ese partido, Perú arrolló. Esperemos que ahí se acaben las similitudes.

Saquemos, pues, las conclusiones pertinentes.

Los pronósticos de NMM:

Juan Carlos Méndez: 1-1.

Jerónimo Pimentel: 1-1.

José Carlos Yrigoyen: Perú gana 1-0.

Carlos Cabanillas: ¿Qué, jugamos contra Chile?

Perú + Uruguay + fútbol + NMM = segunda parte

Crédito: larevista.aqpsoluciones.com


– ¿Con las semifinales se puede decir “tarea cumplida”?
– No les podemos exigir más.
– Eso no es lo que dijo Obdulio Varela antes de enfrentar a Brasil. Dijo: solo cumplimos si somos campeones.
– Sí, es cierto, pero recordemos que ese Uruguay ya era campeón. Nosotros estamos en camino a ir a un Mundial, son situaciones distintas.
– O sea, tú crees que si pierden los reciben con flores en el aeropuerto igual.
– Sí, pase lo que pase, excepto que se coman otro seis a cero, van a tener un recibimiento apoteósico.
– ¿Cuál es la teoría más rara que has escuchado sobre este desempeño? La mía es que Perú sale campeón de la Copa América cada 36 años: 1939, 1975, 2011…
– Optimista y exacta.
– ¿Por qué crees que tenemos esa tendencia a explicar el éxito desde la magia o la cábala, cuando lo que ha habido es trabajo?
– Lo que yo creo que es que Markarián encontró la única forma en la que puede ganar este equipo peruano: ratoneando. Así triunfó el Cienciano del 2003, así jugaban los ‘jotitas’ y así venció la sub 20 de la ‘U’, campeón de la Libertadores
– ¿En los 80 no ratoneábamos?
– Lo que parece es que el ratoneo es lo opuesto a la forma en la que construimos nuestra identidad futbolística.
– El peruano quería una selección que juegue como en los 70 u 80 y eso no es posible.
– Pero yo no he escuchado a nadie quejarse en Perú de cómo juega Markarián. Los que se quejan son los que pierden: Borghi, ‘Bolillo’, etc.
– Tenemos que darnos cuenta que después de los últimos 10 años de la selección peruana, los 10 peores de nuestra historia, hay un momento en que se ha abandonado a fuerza esa idea, y hay un consenso en lo que Markarián propone.
– Yo creo que hay un consenso en que, con las lesiones, en proceso que inicia, bueno, jugar es así es lo que te queda. ¿Pero qué va a pasar cuando Perú juegue de local en Eliminatorias contra Chile? ¿Vas a salir a ratonear?
– Markarián va a jugar así de visita. De local, va a tener que ser más ofensivo.
– ¿Y ahora? ¿Va a ser una repetición del partido de primera vuelta? Los dos equipos están cansados, pero Forlán y Suárez ya están en pleno rodaje. ¿Cómo la ves?
– Yo veo en Forlán a un buen jugador, pero un jugador en declive respecto al mundial de Sudáfrica. Es cierto que es muy difícil mantener ese nivel tanto tiempo. Creo que Uruguay llega menos fuerte que en el primer partido. Llega debilitado físicamente, con menos jugadores, y sabiendo que se enfrenta a un equipo más competitivo. No va a ser un partido tan abierto como el primero. Va a ser más cerrado.
– Yo veo una clara ventaja para Uruguay en un punto: ellos saben jugar en estas instancias, y nosotros no estamos acostumbrados. Tenemos envión anímico, pero ellos también: vienen de eliminar a Argentina de local. Tienen la mejor columna vertebral de la Copa: arquero, Muslera; central, Lugano; ‘6’, Arévalo Ríos; y delantero, Forlán.
– Nosotros tenemos a Fernández con una fe enorme…
– ¿Debería seguir usando la camiseta verde Quiroga? Recuerda lo que le pasó a Quiroga después de ese partido: se comió 6.
– Todo lo que es mística ayuda al jugador peruano.
– ¡Qué folclórico!
– Somos folclóricos. Vivimos de eso. Nos gusta. A mí no me gustó Rodríguez el partido pasado.
– Eres el único.
– Esos dos errores de Rodríguez contra Uruguay son gol.
– ¿Acasiete o Ramos?
– Me gustó Ramos, pero sigue siendo el suplente de Acasiete. Lo bueno es que hay recambio.
– ¿Balbín?
– Una de las revelaciones de la Copa, mejor que Ballón, quien está sobrevalorado. ¿Cruzado, Lobatón o Guevara?
– Cruzado estuvo irregular contra Colombia, pero yo creo Cruzado le da balance al equipo, es como un ‘5’ ancla, recupera y reparte, es un centro de gravedad. Lobatón es un mixto más alegre, pero se cansa. Solo puede jugar 30 minutos. Y Guevara es más un lanzador, no es un jugador de gambeta y desborde, sino que se la das y te puede hacer un pase de 40 metros… como no.
– No vuelve al Boys.
– No, acá hay muchos que se han preciado: Ramos, Revoredo, Balbín, ‘Toñito’ González, Cruzado, Chiroque.
– ¿Cuál es tu pronóstico?
– Creo que Perú va a jugar con el 4-1-4-1, tal cual hemos visto: primer tiempo a presionar arriba, cerrar espacios, anticipar; y el segundo esperar atrás para buscar la contra por la izquierda, con Vargas y Guerrero. Creo que la clave va estar en cómo se cierran los laterales a las subidas de Pereyra y Suárez, que van a abrir el campo. Por el medio lo veo difícil, pero en la pelota detenida Uruguay puede hacer mucho daño: ganan todas. ¿Viste lo de Farfán?
– ¿Tú crees que al grupo no le llega al pincho? La mística es espartana y él es Baco.
– Pero es necesario: Markarián le consiente todo. Perú no puede prescindir de él así como Irlanda del Norte no podía dejar de convocar a George Best porque era borracho.
– Vayamos más allá. ¿Perú puede ser Grecia? Piensa en la Eurocopa 2004
– El símil es válido. Guerrero es nuestro Charisteas.
– Grecia campeonó ratoneando. ¿La ves?
– Sí, Perú puede campeonar. No hay rivales imposibles ni obstáculos impasables.
– Si ganamos sería la tercer Copa y en el podio histórico solo estaríamos debajo de Uruguay, Argentina y Brasil. Igual, es un paisaje falso.
– El verdadero paisaje son las Eliminatorias. Colombia ganó el 2001 y no clasificó al 2002. Grecia ganó la del 2004 y no clasificó al mundial siguiente. Paraguay no gana una Copa América desde el 79 y ha ido a los 4 últimos mundiales.

Perú + Colombia + fútbol + NMM =

Foto: arkivperu.com

– Colombia, país amante del béisbol, ¿hasta cuando?
– En primer lugar hay que decir que quienes les enseñamos a jugar fútbol a los colombianos fuimos nosotros. Es cierto que en los 50 tenían la liga más cara de Sudamérica, repleta de jugadores argentinos y paraguayos, como Pipo Rossi
– ¿No jugó Di Stéfano?
– Sí, en Millonarios.
– ¿Entonces de dónde viene el mito de que acabas de repetir, que nosotros les enseñamos a jugar?
– Colombia, hasta principios de los ochenta, era una selección de segundo orden.
– Pero ya habían hecho el 4 a 4 con la Unión Soviética. La famosa anécdota del CCCP: “Con Colombia Casi Perdemos”.
– En ese partido el colombiano Coll le hace un gol olímpico a Yashin, su mayor humillación en un mundial, quizá la mayor de su carrera. Pero también es cierto que era una selección con la autoestima baja.
– Repentista.
– No habían logrado mucho hasta Chile 62, y luego el subcampeonato en la Copa América 75, que nosotros ganamos. También fueron a la olimpiada de Munich del 72 donde destacó el primer jugador colombiano serio: un negrito chato llamado Willington Ortiz. Hay que recordar que Colombia, antes que nosotros, le ganó a Uruguay en el Centenario, pero no fueron a Alemania 74 por diferencia de goles. Todos los goles de Colombia en esa Eliminatoria los metió Willington Ortiz.
– Pero igual, la mitología local se ha construido de tal forma que creemos que el fútbol cafetero empezó cuando Cueto, Malásquez, Velásquez y hasta el ‘Tanque’ La Rosa les enseñaron a patear el balón, esto último, improbable.
– Sentaron una escuela.
– ¿Por qué? ¿Porque nos gustaría creer que la selección colombiana del 90 es la hija putativa del Perú del 70?
– Algo de eso hay, basta mirar los partidos de la Eliminatoria del 81, los colombianos tenían un juego sin gracia, apelando a una fuerza que no tenían…
– Como Chile antes de Bielsa.
– O como México hasta hoy.
– O sea, la evolución peruana fue colombiana. Mientras Perú buscaba respuestas en la escuela yugoeslava y brasileña, Colombia encontraba una identidad en nuestro legado. Ahora, ¿todo no cambia para Colombia con el 5 a 0 a Argentina? ¿No es más importante ese 5 a 0 que lo que hicieron en el mundial del 90, incluyendo es 1 a 1 con Alemania?
– Ese partido es la cumbre de un ciclo del fútbol colombiano. Pero bien mirado es una desgracia para Colombia: si el pico hubiera llegado un año antes hacían historia.
– Pero siguen los paralelismos, ¿esa explicación tan peruana no te recuerda a la de España 82 y la gira de los tres continentes?
– Una vez un amigo me dijo algo cierto: Tim expuso demasiado al equipo. Cuando llegó a España todos sabían cómo jugarle.
– Bueno, hay otras teorías que tienen que ver con los ciclos de rendimiento. A partir de un punto hay un declive. Lo que hacen los equipos grandes es evitarlo a través del recambio.
– Quizás también sucede que nos hemos tomado muy en serio esos amistosos. Una  vez un reportero le preguntó a Platini por la victoria peruana en el Parque de los Príncipes. Platini le respondió: “solo era un amistoso”.
– Sin embargo, yo rescato dos cosas: la amplia superioridad psicológica colombiana sobre los argentinos a partir de esa debacle, dominio que se ratificó con el 3 a 0 en la Copa América de 1999. Y también una tara: la necesidad de jugar con ‘10’. ¿Cuántos ‘Valderramas’ van a nacer en Colombia? ¿Un equipo se puede dar el lujo de jugar tantos años con Giovanni Hernández libre de toda función táctica?
– Entre Giovanni Hernández y Valderrama hay la misma distancia que separa a Cubillas del ‘Chorri’.
– Ninguno fue a un mundial. Pero ¿cómo nos ha ido últimamente con ellos?
– Hace mucho que no le ganamos a Colombia. La última vez fue en el 2001, para las Eliminatorias al 2002. Gol de Solano apenas empezado el segundo tiempo.
– ¿Pero si hace 10 años que no les ganamos cómo se explica la felicidad local porque nos toca la llave con ellos?
– Porque los sentimos menos fuertes que a Brasil, Argentina o Paraguay.
– ¿Será porque la estadística general es pareja? ¿Será que no tenemos un complejo de inferioridad con los colombianos porque creemos que les enseñamos a jugar?
– Sí, es nuestra frontera. Históricamente están abajo Bolivia, Ecuador y Venezuela. Arriba, los demás. Al medio, Perú y Colombia.
– ¿Y en esta Copa América, cómo la ves?
– Colombia está en decadencia desde 1998.
– Pero ganaron la Copa América del 2001.
– Ese torneo fue un chiste: no fue Argentina, se llenó la nómina con países centroamericanos, y todas las demás selecciones llevaron equipos B. Pero a partir de 1998 no tienen recambio generacional; les pasa lo mismo que a Perú en el 86: no hay con qué.
– Es lo que le está pasando a Ecuador ahora.
– Esa generación del 2002 está exprimida. Te apuesto que esta Eliminatoria les va peor.
– Pero Colombia tiene a Radamael Falcao García. Y a Rodallega.
– Que tiene el síndrome de Pizarro, con la selección no anota.
– Tienen un buen ‘5’, Guarín.
– Es verdad, pero es una selección incompleta: después de Córdoba Colombia no tiene arquero y siguen viviendo de Yepes de central, que no llega a Brasil 2014 ni con andador…
– Tienen un buen lateral también, Camilo Zúñiga.
– Que es intermitente.
– ¿Y Perú?
– Guerrero, que se va a matar; Guevara, entonado; a Rinaldo Cruzado parece que comer asado argentino lo cambia; y Vargas, que va a destrozar esa defensa como si fuera un mono con metralleta.
– ¿Tu pronóstico?
– 1 a 1 en los 90 y ganamos en el suplementario.

Jerónimo Pimentel                            José Carlos Yrigoyen

Perú + Uruguay + Fútbol + NMM =

– ¿Cuándo empieza la historia, con Gradín o en el mundial del 30?
– Con Gradín, en los 20s, cuando escribe el polirritmo, el primer poeta latinoamericano que se detiene en el fútbol. Del mundial del 30 recuerdo solo una anécdota: en un periódico de Montevideo, al día siguiente del partido Perú-Uruguay con el que se estrenó el Centenario, a un puntero peruano le ponen una chapa de admiración, “La Sombra de Gestido”, porque el defensa charrúa no lo tomó nunca.
– A José Antonio Lavalle, del ‘Rodillo Negro’.
– Basadre, en La Historia de la República del Perú, menciona ese hecho como un reconocimiento importante al buen juego peruano…
– ¿Sería la primera derrota que deja un triunfo simbólico?
– La primera victoria moral.
– ¿Y de ahí al Centenariazo qué ocurre? ¿Qué pasa entre Perú y Uruguay de 1930 a 1982?
– En el Sudamericano de 1939 les ganamos por primera vez, pero básicamente perdemos siempre hasta los 80. En la Eliminatoria del 54 para ir a Suiza…
– ¿Perú no estaba suspendido por la FIFA?
– No sé, pero Toto Terry cuenta que los peruanos ya subían al bus para jugar el partido pero Uruguay rompe relaciones diplomáticas con nosotros y el partido no se juega.
– ¿Y en Eliminatorias?
– El primer cruce fue para Inglaterra 66 y perdimos los dos partidos.
– La segunda, la que nos gusta recordar, fue el Centenariazo.
– Uruguay venía de ganar el mundialito y la prensa oriental consideraba a Perú un equipo viejo y de segundo orden. Incluso un periodista llegó a decir que Roberto Rojas era lento y que iba a ser arrasado por Paz.
– ¿Rojas no es el que se vende en el 78?
– Sí, junto a Manzo. Es lo que nos parece obvio a todos.
– Entonces ese primer hito marca dos cosas: una relación más equilibrada con Uruguay y la llegada de El Veco a Perú.
– Sí, El Veco fue el único que alertó de que Perú estaba jugando bien y seguía siendo un equipo de primer nivel de Sudamérica. Y que Uribe había recibido el legado de Cubillas…
– No se entiende que Tim no lo pusiera en el mundial del 82. ¿Pero cuál es la importancia real del Centenariazo?
– Derrotamos al favorito y lo bailamos en su cancha. El mismo Veco decía que los defensas uruguayos tenían que usar claxon para poder salir porque se chocaban ante las arremetidas de Cueto, Oblitas y Uribe. De todos los partidos que he visto de la selección, fue uno en los pocos en los que Perú hizo una obra de arte.
– Pero la gracia es que les impedimos ir a un mundial. ¿Cuántas veces hemos hechos eso, evitar que un grande vaya a la Copa?
– Contra Argentina en el 70, contra Uruguay en el 82 y contra Uruguay en el 97, aunque por formato esto último es más relativo.
– ¿La humillación de Malásquez a Bossio, que también se da en el Centenario, confirma ese irrespeto ganado 3 años antes?
– Cierto, aunque fue un amistoso que acabó 2 a 2.
– ¿Pero se puede decir, como dicen los uruguayos ahora, que somos sus verdugos recientes?
– Hasta el 6 a 0 sí. Después de ese resultados no eres verdugo de nadie. Lo que pasa es que veníamos de dos goleadas.
– ¿3 a 1 es goleada?
– Si consideramos que Mendoza se falló el cuarto, para variar.
– Pero demasiado historicismo. La pregunta es si hay razones para tener fe en esta Copa América.
– Hay tres: 1. Perú pasa la fase de grupos en todas las Copas América desde 1997. 2. En los últimos 9 partidos contra ellos solo hemos perdido 2 veces. 3. El ‘Mago’ es uruguayo, lo lógico sería que metan más.
– Además, hay que reconocer que la campaña del ‘Mago’ es quizás la mejor desde Oblitas.
– La última vez en que, al menos según el dudoso ránking de la FIFA, hemos sido mejores que Uruguay fue con Oblitas. ¿Pero cuáles son las razones para no creer?
– También son tres: Forlán, Suárez y Cavani.
– Cuatro: el ‘Ruso’ Pérez.
– ¿Cinco, el maestro Tabárez?
– Acabo de escuchar sus declaraciones y está infladísimo.
– Pero dice una verdad: Perú marca bien pero no tiene contundencia.
– Es cierto, no hay gol.  Solo 2 en 5 partidos.
– ¿Ves a Perú jugando contra Uruguay como Bolivia ante Argentina? ¿No sería traicionar nuestra historia reciente?
– Ya lo hemos hecho. En la Eliminatoria para Corea-Japón, con Maturana en la cuerda floja, el colombiano plantó a Perú en el Centenario como equipo chico.
– ¿Pero Perú no es equipo chico?
– Sí, pero hay formas de ser digno, como Venezuela ayer ante Brasil, y ese día no lo fuimos. Perú es chico pero tampoco enano, salvo con ‘Chemo’.
– ¿Y qué decir de la prensa? ¿Cómo manejar la folclórica bipolaridad latinoamericana?
– Recordando a los buenos.

Jerónimo Pimentel                            José Carlos Yrigoyen