Tagged: Ministerio de Cultura

Ego Nacional de Poesía

Hace varios años entrevisté a Martín Caparrós a propósito de una visita a Lima. Dentro de las varias cosas que me sorprendió de su conversación, recuerdo sobre todo dos: primero, su odio a Osvaldo Soriano, quien según él caminaba por los cafés de Buenos Aires con una libreta en la mano para nutrir su lista negra de enemigos (en la que estaba él); y segundo, que le gustaba que el Perú no tuviera un Premio Nacional de Literatura. Antes de escuchar su argumento lo miré con escepticismo, luego de lo cual me dio una larga aclaración que tenía que ver con la relación que establecían los intelectuales con el poder. Esa vez la conversación devino en México, su sistema de becas, el silencio comprado durante el PRI y el debate Vargas Llosa-Paz por aquello de la “dictadura perfecta”. Si la conversación hubiese tenido lugar hoy, estoy seguro de que el ejemplo hubiera sido Argentina, los “intelectuales K” y Vargas Llosa de nuevo, solo que esta vez por el affaire de la Feria del Libro.

Bueno, el punto es que Petroperú está relanzando los Premios Nacionales de Fomento a la Cultura en coordinación con el Ministerio de Cultura, en virtud de un memorándum firmado hoy donde se establece lo siguiente:

La propuesta incluirá premios en las categorías Premio Nacional a la Trayectoria Artística (recuperación del Premio Nacional de Arte y Literatura), Premio Nacional de Talento Creativo (dirigido a reconocer a personas que han sobresalido en algún ámbito de la creación cultural, sin importar la edad o trayectoria), Premio a las Buenas Prácticas Culturales (dirigido a instituciones y empresas que fomenten la cultura nacional) y el Premio Especial  (entregado de manera excepcional por circunstancias o aniversarios culturales muy relevantes).

Más allá de la tierna ambigüedad de la última categoría, y de que estas están más o menos determinadas, la pregunta es ¿cuál sería la mejor modalidad para un Premio? Algunas de las opciones son:

1.     Mejor obra del año (como en los extintos Premios Nacionales).

2.     A la carrera de un artista (lo más lógico, en tanto el Copé funciona como un premio anual).

3.     Con dotación económica única.

4.     Con dotación económica y pensión vitalicia (como en Chile).

5.     Bianual (como en Chile).

6.     Con modalidad juvenil (Premio Poeta Joven del Perú).

7.     Becas por proyecto (México y Chile).

8.     Pensión mínima por registro municipal (el descabellado modelo argentino).

9.     “Poeta laureado” (el modelo anglosajón, ya sea Congreso –un despropósito- o la reina –que no tenemos-).

De aquí surgen muchas preguntas.

¿Qué disciplinas califican como premiables? En un escenario pesimista, incluso la gastronomía (¿por qué insisten en que es arte?), lo que nos haría una caricatura de país.

Luego, ¿quién decide? Dejar este rol a la burocracia (delegados del INC, del Ministerio de Cultura, etc.) sería negligente. Y por otro lado, un jurado, por definición, forma un canon: ¿quién determina cuál es? ¿Susana Baca? ¿Su esposo? ¿Un corral de vacas sagradas? Otra opción es que sean académicos respetables. El modelo Copé convoca a un profesor de la Pucp, a otro de San Marcos, a alguien de la Academia Peruana de la Lengua y a un representante propio. Bien, ¿qué ha asegurado este modelo de terna en los últimos años? Prácticamente la invisibilidad y el poco nivel de los ganadores, con contadísimas excepciones que habrá tiempo de nombrar otro día. Si no falla el estímulo, que en el caso del Copé es cuantioso, ¿cuál es el problema? ¿Los creadores o quienes eligen?

Grosso modo, podemos hacer ya un balance de ventajas y desventajas obvias.

Es increíble que escritores como Rodolfo Hinostroza o Enrique Verástegui, cuyo trabajo es largamente utilizado en materiales educativos a cambio de nada, no posean ningún tipo de reconocimiento (el Premio Southern, de frecuencia casi esporádica, es insuficiente). Evitar lo que le ocurrió a Paco Bendezú o a Alejandro Romualdo con alguna iniciativa de este tipo ayudaría a paliar el múltiple abandono que sufren los artistas. No es un abandono retórico: los narradores de éxito y los libros de autoayuda demuestran que el Estado no es capaz siquiera de respetar sus propias reglas, así que si éstos dependen del éxito en el mercado, por la piratería, están perdidos.

En el lado negativo, figura la posibilidad siempre latente de generar redes de clientelismo. En México y Argentina este modelo ha alcanzado el paroxismo, al punto de que se hace imposible escardar la mediocridad de la luz. Y por otra parte, ¿no es parte de su atractivo, y aquí hablo ya solo de poesía, la distancia respecto al mercado, su coexistencia al margen de, ese tono impoluto que cobra por no responder a las reglas capitalistas (por tiraje y ventas difícilmente la poesía es un producto, a lo más, una artesanía)?

Por último y no por ello menos importante, ¿qué piensa el lector?

Jerónimo Pimentel

Advertisements

Nada de qué reir

Crédito: kalamu.com

Como es requisito de este blog desconfiar del carisma, pedimos a Santiago Alfaro que nos explique por qué la designación de Susana Baca en el Ministerio de Cultura es un error. De paso, le hizo la tarea completa.

Para justificar la designación de Susana Baca como ministra de Cultura se habla de representación tanto étnica como de género. ¿Qué piensas?
A Susana Baca la designaron por la necesidad de cubrir una cuota de género dentro del gabinete, aparentar una apuesta por la inclusión étnica y, de paso, aprovechar su fama internacional.  No hay otra explicación. A ella no se le conoce opinión alguna sobre política cultural, no colaboró antes con Gana Perú en materia cultural, Gana Perú no hizo ninguna propuesta a favor de la población afrodescendiente durante la campaña y hasta el 23 de julio Sinesio López estuvo dando entrevistas como virtual ministro de cultura. La decisión final se tomó entonces improvisadamente en base a criterios anecdóticos y no estratégicos.

Entonces, ¿no existe una visión ‘humalista’ de lo que se debe hacer en Cultura?
No hay progresismo cultural en el humalismo en funciones. Ni en el primer Plan de Gobierno, ni el Compromiso con la Democracia ni en la Hoja de Ruta se hizo mención al tema. En su primer mensaje de 28 de julio, el Presidente sólo le dedicó 2 párrafos a la diversidad cultural y mencionó la palabra “cultura” 8 veces sin hacer ninguna promesa concreta. El entorno más cercano a Ollanta Humala es tan economicista como el que tuvo Alan García. Del resto de la dirigencia de Gana Perú sólo destacan tres miembros del colectivo Ciudadanos por el Cambio y antiguos líderes de la izquierda: Vicente Otta, Edmundo Murrugarra y Roger Runrill.  Todos tienen interés en desarrollar un proyecto cultural, particularmente en el campo de los derechos indígenas. Justamente por eso el primero es actualmente el viceministro de interculturalidad.

¿Tiene sentido la discriminación positiva?
Las acciones afirmativas, término más preciso…

Jaja…
…son medidas de preferencia hacia poblaciones históricamente discriminadas. La experiencia a nivel internacional demuestra que sus efectos tienen alcances limitados. En EE.UU. hoy hay más abogados afrodescendientes pero la pobreza sigue concentrándose en esa minoría étnica. Para que sean transformativas, ese tipo de acciones deben ser acompañadas por otras políticas de redistribución económica y reconocimiento cultural. En todo caso, a Susana Baca no la designaron como ministra atendiendo a un plan de desarrollo para la población afrodescendiente. Si ese plan existiese, habría sido más razonable la decisión tomada y, de hecho,  podría ser interpretada como una acción afirmativa. Igual, más allá de la llaneza de Gana Perú en el tema, Baca tiene la oportunidad para poner en agenda la lucha contra la discriminación. Actualmente los afrodescendientes suman el 10% de la población pero sólo el 1% estudia en universidades. Esta es la realidad que debe ser transformada y para ello se necesitan políticas, no sólo sonrisas.

¿Por qué en países latinoamericanos como Panamá (Blades) o Brasil (Gil) se opta por nombrar artistas antes que tecnócratas en este despacho?
Los políticos suelen caer en la tentación de aprovechar la fama de los artistas para arrastrar votos o adquirir prestigio. La elaboración de las listas para el Congreso durante las últimas elecciones lo demostró. Sin embargo, los casos mencionados son distintos al de Susana Baca. André Malraux, primer ministro de cultura de Francia, o Gilberto Gil tomaron posesión de sus cargos luego de una larga trayectoria política. Gil fue secretario de cultura del Gobierno de Bahía y tenía propuestas concretas en campos tan especializados como el de los derechos de autor. Además, llegó al poder cuando el Ministerio de Cultura brasilero tenía veinte años, no uno como el nuestro. En las circunstancias actuales se necesitaba una persona con información sobre la realidad del sector e ideas claras para desarrollarlo. Eso era lo importante, no su profesión o género. De hecho, no se tiene que ser hombre o intelectual para ocupar con éxito un cargo público: Juan Ossio es antropólogo y tuvo una gestión bastante discreta. El Ministerio de Cultura no debería estar vetado entonces para los artistas si éstos tienen el conocimiento y la capacidad para diseñar e implementar políticas culturales.

¿En qué estado deja Ossio el ministerio? ¿Se pudo hacer peor?
Juan Ossio  deja el Ministerio aún desnutrido, escaldado y en pañales. No logró conseguir más recursos públicos aunque sí algunos aportes de la cooperación internacional. Igual, si el INC era un triciclo por su peso institucional, el Mincult es ahora un coche pero sin combustible. Tampoco pudo articular y/o afinar sus piezas: el IRTP y el ex INC (hoy, Dirección General de Patrimonio cultural) siguieron trabajando rutinariamente como antes; el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional continuaron en crisis; Indepa se mantuvo funcionando a pesar de su inconsistencia y que duplica las funciones del viceministerio de interculturalidad; Conacine fue estatizado al convertirlo en una comisión consultiva; y la relación con las escuelas artísticas terminó quebrada, luego que intentara absorberlas al Ministerio sin haberles consultado. Programáticamente la percepción que dejó fue la de un líder errático.

Y permisivo con los caprichos presidenciales, por decir algo suave.
El pintado de la fachada del local del Ministerio, el delirante permiso concedido al Presidente para que construya arbitrariamente el ‘Cristo del Pacífico’, los continuos conflictos con el gremio de cine y la conversión del viceministerio de interculturalidad en una promotora de pasacalles y espectáculos folclóricos,  demostraron que no tenía una visión precisa sobre el desarrollo del sector. No se puede decir lo mismo de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes, donde había una brújula y se diseñaron importantes programas como la Red de Puntos de Cultura y el Atlas de Infraestructura Cultural, pero ello se debe más al aporte de su Director, Daniel Alfaro -no es familia-, que de Ossio. Baca recibirá un Ministerio que demandará mucho esfuerzo para poder hacerlo crecer.

Un argumento que se ha mencionado reiteradamente es que basta que se rodee de la gente correcta. ¿En Perú se sobredimensiona a la tecnocracia? ¿Es una herencia fujimorista?
Se sobredimensiona su neutralidad. En teoría la tecnocracia es una vacuna contra la partidarización del Estado. En la práctica puede llegar a servir mejor pero a los intereses privados que capturan el sector público. Para poder cumplir con sus responsabilidades, los Estados necesitan burocracias. Eso es inevitable. Lo importante es que éstas sean profesionales pero también que sirvan al bien común, no a sólo a minorías con poder económico. El Ministerio de Cultura está dotado de especialistas en patrimonio pero aún no en los nuevos campos que debe promover como las artes, industrias culturales y lo que se entiende por “interculturalidad”. La tecnocracia capaz de garantizar los derechos culturales de los ciudadanos tiene aún que formarse en el Perú.

¿Qué virtudes se necesitarían para asumir Cultura a un año de formada la cartera?
Tres: liderazgo, planificación y creatividad. Liderazgo para posicionar la agenda de la cultura en la opinión pública y convencer al ministro de economía de la necesidad de incrementar el presupuesto del sector. Son escandalosas las asignaciones que reciben del Estado el ministerio y sus instituciones adscritas. El Archivo General de la Nación, por ejemplo, sólo tuvo 3 millones de soles como presupuesto el 2010 cuando lo requerido para cumplir sus funciones es el triple. Eso explica el pillaje al que está sujeto continuamente. Lo mismo sucede con la Biblioteca Nacional. La planificación serviría para ordenar estratégicamente las prioridades de la cartera: desde la puesta en valor del patrimonio hasta la promoción de las industrias culturales, pasando por la implementación de la Ley de Consulta. La creatividad será necesaria si lo que se quiere es pasar de la filosofía a la acción cultural.  La sociedad no cambia hablando a favor de la diversidad cultural, sino diseñando e implementado programas innovadores.  Todo lo anterior lo hizo Jack Lang, el gran arquitecto del ministerio de cultura francés. Ese es el perfil de ministro que requerimos. (Jerónimo Pimentel)