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Una Derecha “Marxista”

Los nuevos libertarios y el materialismo histérico

Digamos que existe una derecha que sigue los preceptos del marxismo de manual. Digamos que sus miembros sostienen que todo el desarrollo de una sociedad está condicionado únicamente por los factores económicos, dejando fuera toda consideración post material. Estas personas defienden la supremacía de la economía sobre la vida política.

Como sus acciones están marcadas por el determinismo histórico de la ortodoxia marxista, ellos creen que la base material determina la superestructura. “El ser social determina la conciencia social”, repiten como un salmo. En consecuencia -y como sus pares de la izquierda- desprecian y atacan a todo aquel que no sigue los intereses de su propia clase. A veces, con la razón. Pero generalmente lo hacen por pura reacción. Para estos libertarios, el individuo no tiene agencia ni libertad de conciencia.

Emulando a la izquierda y a “los comisarios stalinistas de la cultura”, se encargan de denunciar todos los libros que hacen propaganda nociva, sea liberal o izquierdista. A través de sus órganos de prensa invocan a dejar de leer a Vallejo, Ribeyro, Arguedas y Alegría. Los escritores, dicen, deben escribir para servir a la causa o no escribir.

Proponen cambios radicales. Pequeñas revoluciones como privatizar al presidente, privatizar a los congresistas o privatizar las calles. Todo lo que permita el mercado y su mecanismo celeste. No importa la propuesta: importa privatizar.

Le rezan públicamente a von Mises, FriedmanHayek (y más Hayek). Los más jóvenes prefieren a Ayn Rand, “la Karl Marx del Tea Party” y lo 2.0. Todo el santoral libertario está citado en sus textos. Ante el dedo acusador, señalan a quienes, como ellos, intentan constantemente reescribir la historia.

En el Perú, esta derecha la soñó primero Carlos Iván Degregori. En La década de la antipolítica (IEP, 2000) se encargó de describir cómo funcionaba la que llamó “la primera dictadura posmoderna” del Perú. Es un libro irregular pero lleno de ideas sugerentes, la mayoría de ellas desperdigadas y sin un mayor desarrollo. Esta es una de ellas:

“Los liberales, a pesar de correr con el viento mundial a su favor, se pasaron con camas y petacas al bando autoritario luego del autogolpe. En el peor de los casos, se dejaron ganar por sus reflejos pinochetistas; en el mejor, adoptaron una postura economicista que reflejaba como un espejo la de su opuesto marxista-leninista y creyeron que cambiando la base económica (es decir, llevando adelante las reformas económicas), lo demás se daría por añadidura, incluyendo la democracia.” (p. 276)

A un año de la muerte de CID, vale la pena releerlo.

Carlos Cabanillas