Tagged: Jaron Lanier

¿Sueñan los gobernantes con ovejas eléctricas?

Manifiesto contra el indulto, contra la revocatoria y contra el falaz  referéndum de las redes sociales. 

Real human eyes will read these words in only a tiny minority of the cases.

And yet it is you, the person, the rarity among my readers, I hope to reach.

The words in this book are written for people, not computers.

I want to say: You have to be somebody before you can share yourself.

Contra el rebaño digital (You Are Not A Gadget: A Manifesto)

 Jaron Lanier

El 2012 es el año de la polarización. Hace meses que los debates se reducen a una disyuntiva simplista: a favor o en contra. Se pueden discutir medidas de gobierno, destapes periodísticos, líneas editoriales, piezas publicitarias, proyectos de ley o líos urbanísticos. Cualquiera que sea el tema, no hay matices. Las corrientes de opinión nos fuerzan a elegir y virtualmente todo parece reducirse a dos bandos enfrentados. Quizás por eso lo que queda de la opinión pública gira alrededor de las cuestionadas encuestadoras y las elitistas redes sociales. Dos herramientas que fuerzan la constante división maniquea. Basta  decir si se aprueba o se desaprueba, rellenar la casilla correcta y callar. Solo hay que hacer clic en like o unlike, follow o unfollow. No hay casillas para los distintos tonos de gris. No hay cuentas de Twitter sin sesgo ni muros de Facebook neutrales. La mísera discusión está a merced del rebote y el bloqueo arbitrario, del amiguismo de las argollas y los enemigos ad hominem. Los poquísimos que intentan desarrollar alguna opinión son inmediatamente aislados, minimizados y atacados. O peor aún: no son leídos.

Quizás estamos viviendo la inercia de la campaña electoral del 2011, un proceso que visibilizó divisiones que se mantienen hasta el día de hoy (por ejemplo, en el tema del indulto). Tal vez el primer gran parte aguas del año fue el proyecto Conga, que empezó con la disyuntiva más infeliz de este gobierno: ¿va o no va? El dilema derivó en otra encrucijada, una realmente absurda tratándose de un país con riquezas naturales: ¿agua u oro? Fue con Conga que el gobierno renunció a hacer política. Sin partidos para articular intereses particulares, la democracia representativa se evidenció en toda su metástasis. La legitimidad de los representantes políticos se disolvió a tal punto que hasta se intentó utilizar a dos curas de mediadores. Nada de eso funcionó. A estas alturas, podría decirse que ya nadie representa a nadie.

Es allí cuando entraron a tallar ciertos mecanismos de participación directa. Fue a partir de Conga que se planteó la necesidad de realizar un referéndum nacional. Una medida costosa y desproporcionada para intentar legitimar un proyecto privado que finalmente se frustró. De ahí en adelante, todos los temas parecen reclamar su propio referéndum o, al menos, su propia encuesta de dos casillas (a favor o en contra). La imposibilidad de construir consensos ha parido la patética situación actual. Hoy cualquier estupidez divide al país. Ahora resulta que todo polariza: la palabra de un diseñador, el proyecto Pandora, los gatos de Miraflores, el comercial de un instituto, el afiche de una tienda, los urinarios de un restaurante en San Borja y las corridas de toros. En este preciso instante, la mitad del país se pelea con la otra mitad en Twitter. Quizás el peinado de alguna celebridad tenga la culpa.

La pregunta retórica llega sola. ¿Realmente hay tantos temas que nos separan? Evidentemente, no.Ninguna de estas divisiones es verdaderamente importante y Twitter no es el reflejo del país, aunque a veces se comporta como lo más lumpen de la sociedad. El año de la polarización es, en realidad, el año de la estupidez.

Porque es idiota simplificar todos los temas de coyuntura en una tendenciosa división que promueve casi exclusivamente la efectista indignación y la sorda confrontación. La actual dinámica en internet es simple: o te indignas conmigo o te lincho. El constante plebiscito virtual de las redes sociales es el lenguaje binario de una sociedad frívola que ha renunciado a la crítica cultural, a discutir políticamente y a debatir en profundidad todo lo que consume.

Hay cuestiones urgentes, por supuesto. Son temas que trazan una línea divisoria a través del ideario popular, y que ameritan cierta contundencia y celeridad a la hora de asumir una postura. El indulto a Alberto Fujimori y la revocatoria a Susana Villarán son dos de esos raros casos en donde es casi imposible alcanzar un punto medio consensuado. Además, son dos propuestas que socavan la propia noción de responsabilidad política (asumir las decisiones y las acciones).

NMM se opone a ambas, pero tampoco se presta al juego de la falaz polarización. Decirle no al indulto no es decirle a Ollanta Humala. Decirle no a la revocatoria no es decirle a Susana Villarán. Este blog no encaja en la lógica de los bandos que cierran filas. No se precia de tener muchos amigos (aunque sí algunas amigas). Por eso es tan difícil estar satisfecho con la simplista bipolaridad que alientan las discusiones virtuales. Si las redes sociales funcionan bajo la lógica de hacer amigos, el periodismo suele funcionar bajo la inevitable lógica de hacer enemigos. Porque si la arquitectura de internet se basa en la confianza, el método periodístico se basa en la desconfianza.  En pensar por uno mismo y no en cadena con las inteligencias colectivas.  En ser el lobo entre el rebaño digital.

Carlos Cabanillas

Advertisements