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Di-sol-ver. Balance 2011 (II).

Lo mejor y lo peor en libros, cine, música y teatro

Novela

Este año los dos líderes del debate entre andinos y criollos han publicado con la editorial Alfaguara. Miguel Gutiérrez y Fernando Ampuero, cada cual a su modo, han marcado el 2011 con dos de sus novelas más personales.

NMM ha comentado ambos libros con entusiasmos disímiles.

La novela de Ampuero, El peruano imperfecto (Alfaguara, 2011) se anunció como una inmersión en los conflictos del ser nacional observado desde cierto sector social. Terminó siendo apenas una ligera narración de las cuitas de un seductor por los alrededores de la muerte.

El caso de Miguel Gutiérrez es diametralmente opuesto. Se invita al lector a continuar el debate sobre Una pasión latina (Alfaguara, 2011), la novela del año, en el post respectivo.

También nos gustó El diablo en mi cama (edición de autor presentada el 2010 pero distribuida el 2011) de Eneas Marrull, quien empezó el año inspirando la creación de un personaje en la última novela de Ampuero. Final y felizmente, el autor se impuso al personaje.

La decepción fue Un sueño fugaz (Anagrama, 2011) de Iván Thays. Una concesión innecesaria luego de su aceptable Un lugar llamado Oreja de Perro (Anagrama, 2008). El debate sigue en el libro de reclamaciones: el post respectivo.

Dos novelas extranjeras definieron el 2011: 1Q84 (Tusquets) de Haruki Murakami y Libertad (Salamandra) de Jonathan Franzen.

La del japonés tiene una prosa limpia y envolvente, musical e inocentemente perturbadora. Su estructura clásica es el sostén de un viaje a un mundo donde los protagonistas (chico-busca-chica y al revés) buscan encauzar sus vidas mientras una dogmática maldad los pone a prueba.

La del norteamericano es un minucioso electrocardiograma de la destrucción de una familia (la familia) y la descripción irónica del sueño americano: su pesadilla.

Cuento

Mejor libro de cuentos: Lecciones para un niño que llega tarde (Duomo, 2011) donde Carlos Yushimito confirma las virtudes mostradas en “Las Islas” (SIC, 2006)y también varios de sus cuentos. También nos gustó: El descubrimiento del ruido (Estruendomudo, 2011) de Martín López de Romaña, donde el silencio de lo cotidiano adquiere notoriedad. Y Disidentes. Antología de nuevas narradoras peruanas (Ediciones Altazor, 2011), selección y prólogo de Gabriel Ruiz Ortega. Interesante intento “catastral” de las búsquedas y logros de las escritoras que toman la posta (en prosa) de las hijas de “Noches de Adrelanina”. Volveremos sobre este libro.

Reediciones

Fundamental e inclasificable. El pez de oro (A.F.A. Editores Importadores, 2011) de Gamaliel  Churata, bajo el cuidado de José Luis Ayala. Una pieza clave de lo que podría definirse como la vanguardia indigenista. El original es de 1957.

También La novena maravilla (Fondo Editorial del Congreso de la República, 2011) de El Lunarejo (el verdadero, no el narco), también conocido como Juan de Espinosa Medrano. Se ha reeditado luego de tres siglos. Y se ha “modernizado” para facilitarle la lectura a los ignorantes de estos tiempos. Cuenta con un prólogo de Ramón Mujica.

Yapa

Aunque publicado el 2010, igual hay que leer Kapuscinski Non-Fiction (Galaxia Gutenberg) de Artur Domoslawski, un autor que ha pasado más de una vez por el Perú.  Se trata, por fin, de la esperada edición en castellano de un conflictivo retrato del maestro desdibujado -con rigor de buitre- por su alumno. Imprescindible para aquellos que quieren trascender los 140 caracteres.

Cómic y novela gráfica

Mejor ilustrador: Miguel Det, por Novísima corónica i mal gobierno y Conversaciones en la ciudad de cartón (Ediciones Contracultura, 2011). Det renunció en mayo del 2011 al suplemento El Otorongo durante la feroz campaña presidencial de entonces. Pero sin duda supo sobreponerse, pues fue su año (no así el de Perú21).

También nos gustó: Vida Mundana (Ediciones Contracultura, 2011) de Rubén Sáez.

Ensayo y ciencias sociales

Perú, país de metal y melancolía (Fondo de Cultura Económica, 2011) de Alfredo Barnechea. Un libro que retoma un viejo género: el de la biografía intelectual. El relato está  estructurado cronológicamente, a manera de un libro de memorias (“memorias de una educación política”, las llama el autor). Pero también se permite ciertas libertades, desde los saltos temporales hasta el sabroso anecdotario de personalidades como Vargas Llosa, Haya de la Torre, Belaúnde, Eudocio Ravines y Carlos Delgado.

También nos gustó: Todas las sangres en debate de Dorian Espezúa. A su lado, el libro Ilegítimos. Los retoños ocultos de la oligarquía (Edición del autor, 2011) de Osmar González y Juan Carlos Guerrero. Una tesis sobre las otras balas perdidas de la clase alta limeña.

La mejor reedición es sin duda “¿He vivido en vano?” La mesa redonda sobre Todas las sangres (IEP/PUCP, 2011), un rescate de Guillermo Rochabrún. El libro recopila no solo la transcripción de la mesa redonda. También incluye otras entrevistas y textos de los participantes de entonces. Un documento histórico que incluye un CD de audio de la masacre. Como para recordar que el 2011 también se conmemoró el centenario de José María Arguedas.

Un libro notable de fines del año pasado también merece un comentario. Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999 (IEP, 2010), la última publicación de Carlos Iván Degregori. Apareció como una advertencia en plena campaña presidencial.

En el extranjero, destacó The Net Delusion. The dark side of internet freedom (PublicAffairs, 2011) de Evgeny Morozov. Una guía para entender el comportamiento de los blogs y las redes sociales en el contexto de un autoritarismo competitivo. Es decir, un manual para lo que nos podría esperar el 2012 frente a la probable alianza Humala-Fujimori. El de Morozov es uno de los 100 libros que recomienda The New York Times como regalo navideño. También apareció The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You (Penguin Press, 2011), de Eli Pariser. Dos libros que desmitifican la supuesta democratización de internet.

Cine

La mejor película del año es Las malas intenciones, de Rosario García-Montero. El personaje de Cayetana de los Heros, a sus ocho años, se siente atraída por la figura del héroe. Pero no con la de cualquier tipo de heroicidad. Ella se identifica con el mártir, el héroe derrotado y humanizado que expía sus demonios a través de un sacrificio purificador. Por ejemplo, el Grau que se lanza al mar escapando de la crisis de su propia familia. Pero en el Perú de 1983 ya no hay héroes. No hay autoridades ni padres (de la patria), y el terrorismo ha tomado por asalto la normalidad. Como se dijo en un post, Las malas intenciones no le teme a la maldad. Incluso si ésta se susurra como en la perversa canción infantil “La Catalina” (De pronto pasó un soldado y lo hizo detener/‘Deténgase soldado que una pregunta le quiero hacer/¿Usted no ha visto a mi marido que a la guerra un día fue?’/‘Yo no he visto a su marido, ni siquiera sé quién es’)

También nos gustó: El inca, la boba y el hijo del ladrón, de Ronnie Temoche.

La decepción fue Bolero de noche, de Eduardo Mendoza. También Vanessa Terkes, con o sin ropa.

Música

La gran decepción musical fue el alejamiento de Pamela Rodríguez del blues criollo. Tiró la toalla y decidió convertirse en otra Regina Spektor con su tercer disco, ReconoceR (Mamacha Productions, 2011). Voces nasales, letras absurdas, disfuerzos calculados y videos nauseabundamente indies. Los discos más esperados fueron Veronik y los Gatos Eléctricos (Mandarina, 2011) y Volver (2011) de Adalí Montero. Ambas compositoras se tardaron diez años en grabar sus primeras producciones. Pero la demora fue provechosa. La riot grrrl Veronik cambió el grunge por el theremin.  Paralelamente, Montero dejó los covers y se dedicó a componer blues. Con lo que por fin dejó de ser una joven promesa. Bien por ella y sus admiradores.

Lo meritorio: el renacimiento de la disquera Infopesa, una de las cuatro grandes de la música peruana. Las buenas intenciones: Novalima (Karimba) Sabor y Control (El más buscado) intentando demostrar -una vez más- que tienen calle y cintura. Los adioses: Félix Casaverde y el inefable Leo Bacteria. El segundo de ellos -al mando de Pestaña- dejó su mejor grabación: Yo no me enamoro 12 veces por disco (2011).

La producción más lograda del año quizás sea Fiction Beats (Hypersfera, 2011), de Theremyn_4. El sétimo y el mejor disco de José Gallo, un ex rockero metido a DJ que ha logrado conciliar lo mejor de ambos mundos. Baile y riesgo.

El concierto del año fue el de Paul McCartney. Pisándole los talones, Sonic Youth. En segunda fila, Pearl Jam y Motörhead. Seguimos esperando a Calle 13.

Teatro

La obra de teatro nacional que estiró mejor los resortes de la memoria -y que además estuvo muy bien escrita- fue Astronautas de Jorge Castro y compañía. Se trata de una fabulosa ucronía. En algún punto entre 1968 y 1969 el Perú de Velasco ganó la carrera espacial. La obra narra la odisea de tres peruanos. Pero la proeza no es conquistar la Luna -que por cierto, ya es chilena– sino lograr la unidad como proyecto nacional.

Astronautas fue el mejor montaje de una obra nacional y la mejor obra peruana de dramaturgia del 2011.

También gustó Entonces Alicia Cayó, una muestra de que la obsesión maternal de Mariana de Althaus puede parir una obra sólida (por su estructura), sugerente (por lo intertextual) y emotiva (por su exploración de lo femenino en tres momentos de la vida).

Finalmente, una buena noticia fue la reposición de Diecisiete Camellos, de Eduardo Adrianzén. Una lectura de cómo tres hermanos lidian con la pérdida de la madre (patria) en manos de un chileno. Adrianzén también destacó en la accidentada versión televisiva de La Perricholi.

El mejor montaje de una obra extranjera fue El dragón de oro, un viaje al Asia escrito por el alemán Ronald Schimmelpfennig y dirigida por el peruano Jorge Villanueva. Salada y dulce como la mejor comida oriental, la obra fue también una atrevida lección de imaginación que además hizo posible el lucimiento del actor del año: Marcello Rivera. Manuel Gold, por su lado, confirmó su buen momento destacando en la ligera pero jugosa Demasiado poco tiempo (del escritor neoyorquino David Ives) y en la mencionada Astronautas. Pero su innato sentido del humor puede ser una monotemática arma de doble filo.

En cuanto a actrices, el aplauso mayor va para Ana Cecilia Natteri. Ella logró crear una loca memorable en el incomprendido y estupendo montaje de La fiesta de cumpleaños.

Aunque los prejuicios buscan encasillarla (para bien o para mal), lo cierto es que Denisse Arregui logró una actuación llena de matices y color en la gris Cosecha. Ojo con ella.

En publicaciones destaca la cuadrada generacional hecha por Alfredo Bushby en  Románticos y postmodernos. La dramaturgia peruana del cambio de siglo (Fondo Editorial de la PUCP, 2011). También la muy actual Ubú Presidente (PUCP, 2011), escrita por Juan Larco y dirigida por el flamante ministro de Cultura, Luis Peirano, en 1980. La obra, que pronto analizaremos con más detalle, escenifica la llegada a Palacio de Gobierno de un militar delirante. Ojalá no sea premonitoria.

Hubo dos grandes decepciones. Se esperó mucho más del montaje de Crónica de una muerte anunciada, del director colombiano Jorge Alí Triana. Una historia desordenada y un libro que le pesa demasiado al director. Otra decepción fue Los últimos días de Judas Iscariote, dirigida por Juan Carlos Fisher. Ojo, no fue el tema el que distanció las butacas del escenario. Fueron varias sobreactuaciones y algo de humor forzado.

Para cerrar, dos anuncios.

Primero, el repaso con ají: el inminente y tercer balance. Periodismo, actualidad y política en el año que Alan García dejó de florear por televisión nacional, se eligió democraticamente al militar Ollanta Humala y que puede terminar con un baile del Chino.

Disolver. Di-sol-ver temporalmente a NMM.

Segundo, Di-sol-ver.

Di-sol-ver.

Con indulto o sin indulto, comenzaremos el nuevo año con un adelanto exclusivo para NMM de la obra de teatro que disecciona el golpe del 5 de abril.

Qué mejor forma de apresurar las celebraciones por el vigésimo aniversario. Ya viene el día.

Eduardo Adrianzén contra la Reacción

Ha sido un año raro para Adrianzén. Empezó con el estreno de su obra sobre Federico García Lorca, ‘Sangre como flores’, con la que cerró un ciclo de poetas muertos por violencia política (antes había abordado a Pasolini y Heraud). Además tuvo 4 reestrenos, entre ellos  ‘La tercera edad de la juventud’, ‘Demonios en la piel’ y ‘17 camellos’. Por si fuera poco, América TV produjo la mejor telenovela que ha escrito a la fecha, el drama de época ‘La perricholi’. A pesar del éxito comercial y el consenso crítico sobre la alta calidad de la producción, la gerencia de la televisora cedió a la presión de un minúsculo grupo ultraconservador y la censuró torpemente. Ahora, cual tumor cancerígeno, la Reacción ha hecho metástasis y tiene un grupo propio en Facebook dirigido a maltratar al buen dramaturgo. Visto de otra forma estos ataques son como galones, en tanto permitan visibilizar la presencia de los discursos rancios en la TV peruana y las redes sociales. En el espíritu de Nosotros Matamos Menos, no hay nada peor para un artista que ser inofensivo.

-El asunto ocurre porque hay cosas que el Perú ha internalizado como normal. Por ejemplo, que las estructuras de poder tienen un mecanismo que es así porque sí. El Virreinato dejó una forma de tratar las cosas que quedó. México es igual, tenemos culturas cortesanas parecidas por haber sido grandes centros virreinales con cortes muy grandes. El modo cortesano de relacionarte con el poder permanece idéntico.

– Estamos hablando de los poderes fácticos.

– Claro, de poderes fácticos, y también de maneras. El otro día recibí un tweet de Martha Meier que decía: “deberían estar agradecidos por la oportunidad que les dieron en América TV”. No le respondí directamente, pero colgué la siguiente frase en Twitter: “la mentalidad feudalista pretende que uno agradezca aunque a uno lo traten mal o burlen la ley”.

– ¿Frente a eso que hace un artista?

– Primero toma conciencia de cuáles son las reglas que se deben aplicar, porque estas varían de acuerdo a momento. Lo que ha pasado con ‘La Perricholi’ es nuevo.

– Los cortes abruptos suelen ocurrir con productos comercialmente fallidos.

– Es la regla de juego.

– Manda el mercado.

– Mi desconcierto viene porque yo he jugado siempre con las reglas del mercado. Ahora hay reglas nuevas, poderes más agresivos. Hay que ser consciente del nuevo contexto, por eso me parece clave identificarlo. Son reglas que van más allá de la lógica del negocio, del discurso neoliberal. Es muy peligroso.

– ¿Cuáles son las nuevas reglas? ¿El imperio de lo políticamente correcto?

– No, esto es Sarah Palin, el Tea Party.

– Es la Reacción.

– En la medida que las sociedades cambian por movilidad social, los grupos de poder de siempre necesitan encontrar nuevas trincheras. Las trincheras ya no pueden ser sociales, porque si tienes plata te compras tu casa en La Planicie y te zurras en el universo. Las nuevas trincheras son inmateriales, ideológicas.

– ¿Qué rating tenía ‘La perricholi’?

– Entre 16 y 17 puntos. En términos de ranking, entre el 2do y 4to lugar general de lunes a viernes. No tienen una disculpa en términos de cifras, pero sí en términos de auspiciadores. Como ellos tienen el poder económico, pueden decir: “esto nos parece inmoral, asqueroso y te vamos a quitar la plata si no lo sacas del aire”. El problema es que sienta un precedente fatal. No conozco un programa en el universo que haya sido reducido a la mala teniendo éxito. Ya no sabes cuál es la regla. La regla es que les caigas bien. Una regla fatal.

– ¿Quién forman este grupo de presión?

Es un grupo de personas, con comunión ideológica, que le sopla al oído a un montón gente que mete dinero. Mis amigos de Backus me han dicho que los vienen jodiendo desde hace meses con files de files de programas horrorosos que no deberían auspiciar. Manejan presiones a nivel personal, de club. Esto está en la antípoda del neoliberalismo que tanto pregonan. Se manejan como Sendero al revés.

– El problema del liberalismo en el Perú es que solo cala en lo económico.

– Yo pido coherencia. La coherencia que conocía era la del negocio y ha fallado. Aquí hay otro tema.

– ¿Qué tipo de escenas se han recortado?

– Es como que agarres tu poemario y dejes todo hasta la página 30, y de la 40 a la 50 podes 200 líneas. Tu libro está perfecto hasta el poema 13 pero de ahí todos son haikus. Dices: ¿qué pasó?

– De hecho, los primeros titulares tuvieron que ver con lo contrario: el ‘topless’ de Melania Urbina.

– Lo más ridículo es que el propio gerente del canal, que ahora nos odia, dijo que estemos tranquilos con eso, que estaba perfecto. Me pregunto: ¿qué pasó después? Han movido una tuerca fuerte. Mi deducción es que hay una presión por otros programas también, porque esto fue una urgencia.

– Una urgencia tardía.

– Sí, porque ya había pasado todo y solo faltaba terminar las historias, atar los cabos. Es absurdo. Hay tramas que se han volado íntegras. Han editado la novela en Tráfico como sea.

– ¿No hay un tema de respeto al televidente?

– Les importa un cuete.

– ¿Les han dado razones formales a ustedes en privado?

– Nada.

– Déjame ser abogado del diablo: ¿hay un tema de protección al menor?

– No. Se ha hablado de muchas cosas, pero no se ha visto nada. ¿Una danza del vientre es chocante? Es muy subjetivo.

– Hay bastantes noticieros más chocantes que una danza del vientre.

– Yo insisto en que el asunto va por contenido, por la premisa. La premisa es hedonista, sí; laica, sí; satírica, sí. ¡Pero eso fue lo que vendí!

– ¿Será posible una visión ultramontana de ‘La perricholi’?

– Revisa la web de ‘Valores humanos’: ella era una santa y nosotros somos unos imbéciles.

– Estoy subestimando.

– Era una santa y nosotros no tenemos rigor histórico.

–  Pensando en futuro: ¿hay alguna forma de firmar un contrato de tal forma que esto no ocurra más?

– Cuando el canal financia es dueño del producto, en eso tienen razón. Lo que ha ocurrido es que sea ha infringido la ley de derechos de autor con roche. La ley dice que toda obra intelectual no puede ser mutilada sin consentimiento de los involucrados. También otras cosas, como que nunca se pusieron créditos: de 70 días, solo los pusieron 2.

– ¿Vas a tomar acciones?

– Por supuesto. Voy a asesorarme con el sindicato de actores. Tengo dos objetivos. El primero es hacer tanto escándalo que no se les ocurra volverlo a hacer. El segundo es que la pasen, si quieren a las 11 de la noche, pero completa. Incluso podrían hacer plata. Pero la verdad aún no lo entiendo. ‘La perricholi’ de los 90 tenía veinte veces más topless. ‘Eva del edén’ tenía 10 veces más topless.

– Ahora, ¿hay algo bueno en esto? Porque de alguna forma no hay nada peor que un artista aceptado por la sociedad.

– La idea era dar la vuelta desde el sistema, pero ya no puedo. Voy a tener que radicalizarme también en tanto no creo que me crean que voy a hacer algo inofensivo.

– Lo irónico es que esta ha sido tu mejor novela.

– Sí a nivel de texto. Ha sido un trabajo largo.

– Cambiando un poco de tema, ¿no sientes que la TV peruana está estancada en el costumbrismo?

– Sí, y confieso que yo he ayudado a eso. Ahora lo que temo es que la consigna sea: “hay que dejar solo el costumbrismo pasteurizado”.

– Estoy pensando en ‘Al fondo hay sitio’.

– ‘Al fondo hay sitio’ tiene éxito justamente porque es así. Yo hago ‘Qué buena raza’ y hago 18 o 20 puntos, pero no los 38 de ‘Al fondo hay sitio’. Lo confrontacional nunca te va a hacer el rey de la fiesta. Ahora, me importa un cuete, a mí no me interesa ser el rey de la fiesta sino hacer lo que me parece que está bien. ‘Al fondo hay sitio’ trabaja un concepto muy coherente,  muy claro, de hacer un producto que no moleste a nadie. Son mis amigos, gente habilísima, muy profesionales, saben enredar, son unos capos. Pero en el mundo de ‘Al fondo hay sitio’, donde hay un dueño de una constructora, nunca vas a escucharlo decir: “estamos sobrevalorando, esto cuesta 50 y hay un imbécil que me paga 200 mil”. En mi novela sí. Esa es la diferencia.

– ¿Sientes que la TV como medio para el artista retrocede?

– Retrocede.

– Mi sensación es que las artes industriales, en el Perú, no funcionan.

– O te radicalizas y encuentras un espacio, o te despides de ello.

Jerónimo Pimentel.

El enemigo en casa

Ayer fui a ver la estupenda ’17 Camellos’, tal vez la mejor obra que ha escrito Eduardo Adrianzén junto con ‘Demonios en la piel’. No soy afecto al chauvinismo cultural, pero es de resaltar que esta pieza tiene el añadido de ser un teatro que versa, interviene e interpela ‘lo nacional’, a la manera de ‘La Puerta del Cielo’ de Alfonso Santisteban.

Tres hermanos deben afrontar el viaje definitivo de su madre a Chile, donde le espera el amor y la ilusión de un futuro. Cada uno de ellos, aleccionados por su desaparecido padre en el odio histórico (Guerra del Pacífico), representa una tipología actual y local: el historiador que taxea para sobrevivir, el militar lisiado durante una represión social y el joven desempleado, ex vendedor de Ripley, reconvertido en pandillero. Debajo de estas vidas interrumpidas, y utilizando siempre la coartada del enemigo externo para barajar sus frustraciones personales, se cobijan los residuos de la “prosperidad peruana”: víctimas que buscan victimar para rehuir el destino que su país les ha impuesto. Buena parte de la obra consiste en la exposición de estas estrategias y desencantos, a veces como monólogos explícitos, a veces a consecuencia de la acción dramática, en ambos casos, una forma de enfrentar este ¿falso? determinismo.

¿Pero existe tal sino?

La Patria, encarnada en una estupenda Sonia Seminario, harta de ser motivo y excusa, parece decir que no.

Así, en forma de una clase de historia que jamás podrá ser dictada, los héroes son confrontados por los soldados anónimos, la historia oficial es puesta en jaque por su versión menesterosa. Los viejos dilemas de la historiografía bélica, como si la inmolación de Bolognesi tuvo sentido o de si era preferible una rendición honrosa, dejan su lugar abstracto (la ucronía o el debate académico) a favor del rostro, la historia particular, el ejemplo específico. Escena a escena, de Arica a Miraflores, lo que va quedando claro es que el ‘enemigo’ no vive fuera sino dentro, miopía que nos lleva a ver al ‘otro’ como antagonista: oficial/soldado, militar/civil, intelectual/pueblo, madre/hijo, la peruanidad luce escindida en cada rol social, fractura que nos detiene, nos aísla y nos disculpa.

Estos enfrentamiento se sostienen en base a la sobria dirección de Gustavo López, un buen uso del recurso audiovisual y las buenas actuaciones de Mario Ballón, André Silva y Emanuel Soriano. Y si bien por momentos la literariedad del texto de Adrianzén se pone en evidencia, uno ha aceptado ya el pacto de verosimilitud y agradece ese tono lírico que refresca un poco el hiperrealismo de la obra.

Finalmente, un lujo la recuperación del local, el Teatro Larco. La última función es el próximo miércoles 10 de agosto. Vayan a verla. (Jerónimo Pimentel)