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Eduardo Adrianzén contra la Reacción

Ha sido un año raro para Adrianzén. Empezó con el estreno de su obra sobre Federico García Lorca, ‘Sangre como flores’, con la que cerró un ciclo de poetas muertos por violencia política (antes había abordado a Pasolini y Heraud). Además tuvo 4 reestrenos, entre ellos  ‘La tercera edad de la juventud’, ‘Demonios en la piel’ y ‘17 camellos’. Por si fuera poco, América TV produjo la mejor telenovela que ha escrito a la fecha, el drama de época ‘La perricholi’. A pesar del éxito comercial y el consenso crítico sobre la alta calidad de la producción, la gerencia de la televisora cedió a la presión de un minúsculo grupo ultraconservador y la censuró torpemente. Ahora, cual tumor cancerígeno, la Reacción ha hecho metástasis y tiene un grupo propio en Facebook dirigido a maltratar al buen dramaturgo. Visto de otra forma estos ataques son como galones, en tanto permitan visibilizar la presencia de los discursos rancios en la TV peruana y las redes sociales. En el espíritu de Nosotros Matamos Menos, no hay nada peor para un artista que ser inofensivo.

-El asunto ocurre porque hay cosas que el Perú ha internalizado como normal. Por ejemplo, que las estructuras de poder tienen un mecanismo que es así porque sí. El Virreinato dejó una forma de tratar las cosas que quedó. México es igual, tenemos culturas cortesanas parecidas por haber sido grandes centros virreinales con cortes muy grandes. El modo cortesano de relacionarte con el poder permanece idéntico.

– Estamos hablando de los poderes fácticos.

– Claro, de poderes fácticos, y también de maneras. El otro día recibí un tweet de Martha Meier que decía: “deberían estar agradecidos por la oportunidad que les dieron en América TV”. No le respondí directamente, pero colgué la siguiente frase en Twitter: “la mentalidad feudalista pretende que uno agradezca aunque a uno lo traten mal o burlen la ley”.

– ¿Frente a eso que hace un artista?

– Primero toma conciencia de cuáles son las reglas que se deben aplicar, porque estas varían de acuerdo a momento. Lo que ha pasado con ‘La Perricholi’ es nuevo.

– Los cortes abruptos suelen ocurrir con productos comercialmente fallidos.

– Es la regla de juego.

– Manda el mercado.

– Mi desconcierto viene porque yo he jugado siempre con las reglas del mercado. Ahora hay reglas nuevas, poderes más agresivos. Hay que ser consciente del nuevo contexto, por eso me parece clave identificarlo. Son reglas que van más allá de la lógica del negocio, del discurso neoliberal. Es muy peligroso.

– ¿Cuáles son las nuevas reglas? ¿El imperio de lo políticamente correcto?

– No, esto es Sarah Palin, el Tea Party.

– Es la Reacción.

– En la medida que las sociedades cambian por movilidad social, los grupos de poder de siempre necesitan encontrar nuevas trincheras. Las trincheras ya no pueden ser sociales, porque si tienes plata te compras tu casa en La Planicie y te zurras en el universo. Las nuevas trincheras son inmateriales, ideológicas.

– ¿Qué rating tenía ‘La perricholi’?

– Entre 16 y 17 puntos. En términos de ranking, entre el 2do y 4to lugar general de lunes a viernes. No tienen una disculpa en términos de cifras, pero sí en términos de auspiciadores. Como ellos tienen el poder económico, pueden decir: “esto nos parece inmoral, asqueroso y te vamos a quitar la plata si no lo sacas del aire”. El problema es que sienta un precedente fatal. No conozco un programa en el universo que haya sido reducido a la mala teniendo éxito. Ya no sabes cuál es la regla. La regla es que les caigas bien. Una regla fatal.

– ¿Quién forman este grupo de presión?

Es un grupo de personas, con comunión ideológica, que le sopla al oído a un montón gente que mete dinero. Mis amigos de Backus me han dicho que los vienen jodiendo desde hace meses con files de files de programas horrorosos que no deberían auspiciar. Manejan presiones a nivel personal, de club. Esto está en la antípoda del neoliberalismo que tanto pregonan. Se manejan como Sendero al revés.

– El problema del liberalismo en el Perú es que solo cala en lo económico.

– Yo pido coherencia. La coherencia que conocía era la del negocio y ha fallado. Aquí hay otro tema.

– ¿Qué tipo de escenas se han recortado?

– Es como que agarres tu poemario y dejes todo hasta la página 30, y de la 40 a la 50 podes 200 líneas. Tu libro está perfecto hasta el poema 13 pero de ahí todos son haikus. Dices: ¿qué pasó?

– De hecho, los primeros titulares tuvieron que ver con lo contrario: el ‘topless’ de Melania Urbina.

– Lo más ridículo es que el propio gerente del canal, que ahora nos odia, dijo que estemos tranquilos con eso, que estaba perfecto. Me pregunto: ¿qué pasó después? Han movido una tuerca fuerte. Mi deducción es que hay una presión por otros programas también, porque esto fue una urgencia.

– Una urgencia tardía.

– Sí, porque ya había pasado todo y solo faltaba terminar las historias, atar los cabos. Es absurdo. Hay tramas que se han volado íntegras. Han editado la novela en Tráfico como sea.

– ¿No hay un tema de respeto al televidente?

– Les importa un cuete.

– ¿Les han dado razones formales a ustedes en privado?

– Nada.

– Déjame ser abogado del diablo: ¿hay un tema de protección al menor?

– No. Se ha hablado de muchas cosas, pero no se ha visto nada. ¿Una danza del vientre es chocante? Es muy subjetivo.

– Hay bastantes noticieros más chocantes que una danza del vientre.

– Yo insisto en que el asunto va por contenido, por la premisa. La premisa es hedonista, sí; laica, sí; satírica, sí. ¡Pero eso fue lo que vendí!

– ¿Será posible una visión ultramontana de ‘La perricholi’?

– Revisa la web de ‘Valores humanos’: ella era una santa y nosotros somos unos imbéciles.

– Estoy subestimando.

– Era una santa y nosotros no tenemos rigor histórico.

–  Pensando en futuro: ¿hay alguna forma de firmar un contrato de tal forma que esto no ocurra más?

– Cuando el canal financia es dueño del producto, en eso tienen razón. Lo que ha ocurrido es que sea ha infringido la ley de derechos de autor con roche. La ley dice que toda obra intelectual no puede ser mutilada sin consentimiento de los involucrados. También otras cosas, como que nunca se pusieron créditos: de 70 días, solo los pusieron 2.

– ¿Vas a tomar acciones?

– Por supuesto. Voy a asesorarme con el sindicato de actores. Tengo dos objetivos. El primero es hacer tanto escándalo que no se les ocurra volverlo a hacer. El segundo es que la pasen, si quieren a las 11 de la noche, pero completa. Incluso podrían hacer plata. Pero la verdad aún no lo entiendo. ‘La perricholi’ de los 90 tenía veinte veces más topless. ‘Eva del edén’ tenía 10 veces más topless.

– Ahora, ¿hay algo bueno en esto? Porque de alguna forma no hay nada peor que un artista aceptado por la sociedad.

– La idea era dar la vuelta desde el sistema, pero ya no puedo. Voy a tener que radicalizarme también en tanto no creo que me crean que voy a hacer algo inofensivo.

– Lo irónico es que esta ha sido tu mejor novela.

– Sí a nivel de texto. Ha sido un trabajo largo.

– Cambiando un poco de tema, ¿no sientes que la TV peruana está estancada en el costumbrismo?

– Sí, y confieso que yo he ayudado a eso. Ahora lo que temo es que la consigna sea: “hay que dejar solo el costumbrismo pasteurizado”.

– Estoy pensando en ‘Al fondo hay sitio’.

– ‘Al fondo hay sitio’ tiene éxito justamente porque es así. Yo hago ‘Qué buena raza’ y hago 18 o 20 puntos, pero no los 38 de ‘Al fondo hay sitio’. Lo confrontacional nunca te va a hacer el rey de la fiesta. Ahora, me importa un cuete, a mí no me interesa ser el rey de la fiesta sino hacer lo que me parece que está bien. ‘Al fondo hay sitio’ trabaja un concepto muy coherente,  muy claro, de hacer un producto que no moleste a nadie. Son mis amigos, gente habilísima, muy profesionales, saben enredar, son unos capos. Pero en el mundo de ‘Al fondo hay sitio’, donde hay un dueño de una constructora, nunca vas a escucharlo decir: “estamos sobrevalorando, esto cuesta 50 y hay un imbécil que me paga 200 mil”. En mi novela sí. Esa es la diferencia.

– ¿Sientes que la TV como medio para el artista retrocede?

– Retrocede.

– Mi sensación es que las artes industriales, en el Perú, no funcionan.

– O te radicalizas y encuentras un espacio, o te despides de ello.

Jerónimo Pimentel.

Censura 2.0

Cómo una dictadura utiliza redes sociales. Una lección de Evgeny Morozov.

Hugo Chávez ante internet, según http://www.ishr.org

La primera duda es la obvia. ¿acaso es posible controlar a todos los usuarios de internet? La pregunta es retórica, por supuesto.

En primer lugar, porque nadie dice que sea necesario controlar a todos los cientos de miles de pseudónimos en Twitter o Facebook. En segundo lugar, porque la pregunta presume que algún agente externo tendría que controlarlos. Y en tercer lugar, porque no se trata necesariamente de controlar sino de distraer.


Estos y otros apuntes son desarrollados por Evgeny Morozov en su estupendo libro The net delusion. The dark side of internet freedom (PublicAffairs, 2011). Antes de seguir, una advertencia. Si el lector en potencia busca un alegato primermundista sobre el e-government o un panegírico sobre el @gora ateniense, éste no es su libro. Morozov es de Bielorrusia, así que algo sabe de dictaduras. El libro empieza con ejemplos de la Guerra Fría, pero también trata los casos más recientes de China, Irán, Cuba, Afganistán y Venezuela.


El autor desnuda una falacia muchas veces repetida: que los dictadores le temen a la tecnología. Que los regímenes autoritarios no saben convivir con las redes sociales y los blogs. Y que, finalmente, la abundante información es un antídoto para contrarrestar dictaduras y autocracias. El mito tiene una variante local: que el vladivideo y la Marcha de los Cuatro Suyos bastaron para tumbarse al régimen de Fujimori y Montesinos.


Para refutar estos lugares comunes, el autor recurre a un viejo conocido de la última campaña electoral: Steven Levitsky y su concepto de autoritarismo competitivo. Una idea afín al Perú desde los tiempos del fujimorismo, y que explica muy bien el caso de Hugo Chávez (también conocido como @chavezcandanga). Allá, en el primer mundo, la sola idea de un autócrata que convoque a elecciones y que responda a encuestas es novedosa.  Pero ¿sería tan difícil de imaginar aquí un régimen autoritario y antipolítico que se ufane de su democracia directa a través de las redes sociales, deslegitimando de paso a los medios tradicionales?

El primer punto de Morozov es relativamente fácil de comprobar: no se necesita manejar a todos los usuarios. ¿Acaso el tándem Fujimori-Montesinos tuvo que controlar a todos los medios de circulación nacional? Bastaría con comprar a los principales rebotadores, agregadores y refraseadores. Sin duda son más baratos que cualquier empresa periodística. Basta con socavar la credibilidad de los medios tradicionales, tildar a la industria del papel de elitista y ensalzar a las redes sociales por su poder democratizante. Pero el autor va más lejos. Intentar manejar a todos los usuarios no solo es innecesario sino también contraproducente. Las dictaduras prefieren demostrar su apertura democrática ignorando a los disidentes, aislándolos pero sin silenciarlos. Más o menos como hizo el fujimontesinismo con Canal A.


¿Por qué el gobierno de China tolera las críticas en internet? Porque funciona como una Stasi que empadrona a los críticos. Voluntariamente, la resistencia entrega sus IP’s, agendas y opiniones. Algo que en una dictadura del siglo XX tomaría costosos investigaciones, secuestros y torturas. Según el autor, en Tailandia existen blogueros que sirven para peinar la web en busca de disidentes. Y en Arabia Saudita se fomenta la búsqueda de videos en YouTube para controlar el material ofensivo. Por supuesto, también está el caso de Irán.


Bajo esa lógica, no censurar puede significar censurar. Parafraseando el Teorema de los Monos Infinitos, en algún lugar de la vastedad del ciberespacio debe existir un twittero opositor. Aunque nunca llegue a los grandes rebotadores ni a los grandes medios.


El segundo punto es clave. ¿Quién necesita controlar un abanico de opiniones que se dedican a neutralizarse entre sí? Aquí resulta clave saber qué tendencia ideológica domina las redes sociales. Para el autor, los mayores financistas de la agenda libertaria en internet son los neo conservadores estadounidenses. La cabeza visible de esta ciber guerra fría es Mark Palmer, autor de Breaking the Real Axis of Evil: How to Oust the World’s Last Dictators by 2025 (“a book that makes Dick Cheney look like a dove”). Tras el paraguas de la libertad online, los halcones de la derecha promueven el individualismo extremo a través del hedonismo consumista y la desconfianza en los medios tradicionalmente “socialistas”. Finalmente, el spin control (en lo que Morozov llama el spinternet) funciona mejor que cualquier censura.


Aquí también entra a colación Eli Pariser y su libro The Filter Bubble: What the Internet Is Hiding from You (Penguin Press, 2011). Como ya no hay un solo internet para todos, cada quien encuentra una realidad a su medida, lo que termina complejizando la noción de interés público. Eso queda claro luego de ver la excelente presentación de Pariser en TED.

El tercer punto es, a mi juicio, el más importante. ¿Por qué debemos asumir que los usuarios de internet ameritan ser controlados? He aquí la clave de todo el libro, porque la casuística de Morozov demuestra que la conexión wifi en un régimen autoritario implica la llegada de un cúmulo de estímulos novedosos y refrescantes. Un torrente de información que sirve más como agente distractor que como vehículo para canalizar demandas sociales. Además, ¿cuánto de activismo hay realmente en el ciberactivismo, hoy por hoy? ¿Cuánto hay de exhibicionismo e indignación gratuita, sin un propósito específico?

No hay que subestimar el poder del ocio y la procrastinación. Y es aquí donde la profecía de Huxley se une a la de Orwell. Porque para el autor, una falacia ad populum multiplicada a través de las redes sociales puede instaurar una verdad tan discutible como que 2+2 son 5. Pero también puede llenar la agenda noticiosa de videos con gatos que bailan.

Un video de Morozov resume su postura y es particularmente ilustrativo al respecto.

Vale la pena insertar un paréntesis pertinente. Esta debió ser la segunda parte del post Más información, menos periodismo. En el camino aparecieron tres periodistas que sustentan mejor que yo el escenario actual. El primero es el periodista mexicano Juan Villoro, quien enumera los riesgos que corre un medio por intentar competir con internet: homogenización, menos investigación, menos crónicas. En una frase: menos contenido propio. El segundo es un apunte interesante de Fernando Vivas: hay una competencia entre medios y redes sociales. No en el rigor, sino en el apuro. Esto explicaría, en parte, el creciente sensacionalismo y los excesivos errores. Finalmente, Alberto Arébalos, Director de Comunicaciones de Google para América Latina, sigue los pasos de The New York Times. Para él, el periodismo online debe cobrar por sus contenidos y diferenciarse de las redes sociales.

La conclusión cierra el paréntesis y nos devuelve al libro de Morozov: la herramienta no lo es todo. El acceso a una mayor cantidad de información no implica por sí sola una mayor rigurosidad. En ese sentido, la formación se impone a la información. De forma análoga, es una delusión creer que internet contiene en sí mismo facultades emancipadoras. Los gurús del determinismo tecnológico –el autor los llama cyberutopians e internet-centristshan fetichizado Twitter y Facebook al punto de creer que las redes sociales democratizan o son intrínsecamente democráticas. Pero la experiencia nos dice que la herramienta es neutra, y que el debate sobre la utilidad de las redes sociales en luchas políticas sigue abierto. Además, la democracia no es solo mera interconexión o socialización. Sobre todo si es solo la de una élite letrada con wifi.

Este y otros temas se tratarán en el conversatorio de NMM Atrapados en la red, en el Auditorio del Centro Cultural Peruano Británico de Miraflores. http://www.centrocultural.britanico.edu.pe/Auditorio_Detalle.aspx?id=1039

Carlos Cabanillas