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El BlogDay de Gogastar

NMM ya tiene a su candidato favorito para ganar el concurso de los 20 Blogs Peruanos del Blogday 2012.

Se trata de uno de los tres finalistas en el rubro de tecnología: ByteGadget, más conocido como el otro blog de Gogastar.

Sospechamos que el blog del recordado reseñista de Novedades Movistar –el blogger que pronostica un cataclismo digital si el Estado no le renueva el contrato a Telefónica– es el que más oportunidades tiene de ganar el concurso auspiciado por Movistar.

El año pasado Movistar le hizo un homenaje a Gogastar. Para este año, NMM ya prepara el suyo. Fanfarria.

Y feliz día del Blogday.

Carlos Cabanillas

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Novedades Gogastar

Arturo Goga ha respondido en su blog. Sin desmentir nada, por supuesto. Pero entre las babas hay una perla. Cito: “Se mencionan las reseñas que hice en Novedades Movistar”.

Para los que se negaban a ver lo evidente, queda establecida entonces la relación laboral entre Goga y Movistar (Telefónica), binomio que en adelante será abreviado como ‘Gogastar’.

Sobre las reseñas, dice: “si se dan un salto por la web, podrán leerlas”, pero el link que añade lleva a la página de Novedades Movistar, no a la suya. Luego advierte que en “varias ocasiones” ha hecho mención de cómo y dónde se publican sus comentarios. Sin links ni referencias precisas al respecto, claro. Como ejemplo de su imparcialidad copia una (1) reseña bastante mesurada de la Galaxy Tab 10.1. Finalmente, el blogger cuenta que Telefónica le dio la libertad de escribir “tanto puntos negativos, como puntos positivos”. Pero solo nos queda su palabra como evidencia. A juzgar por lo visto, no es suficiente y no es creíble.

Lo más grave sigue siendo la entrevista en Willax. El blogger no tiene cómo sustentar que la partida de Telefónica significaría un “caos total” a corto plazo (un comentarista ya lo desmintió). Como si no existiera la ley de portabilidad numérica ni antecedentes en todo el mundo. Tampoco explica el sensacionalista escenario a mediano plazo. “Si Telefónica se va, habrá un año de para”, dice en Willax. Pero luego el diagnóstico es peor: dos años de para sin llegada de nuevos aparatos, dice (la entrevista completa ha sido colocada en el post original). Un país sin celulares, cual bloqueo tecnológico. Sería la cubanización de las telecomunicaciones nacionales.

No es la primera vez que el indefendible blogger Goga demuestra su gusto por los gadgets. Hace algunos años colaboró de buena gana rebotando la campaña de intriga del Nokia 5800, aquí. Se trató de una publicidad encubierta, un viral con ropajes periodísticos llamado el “Fenómeno X”. No fue el único. También lo postearon algunos bloggers que ahora defienden a Goga, aquí y aquí.

Pero lo más interesante del post de Goga es lo que no dice, porque es precisamente lo que no está en capacidad de percibir: que los cambios tecnológicos no cambian las reglas de juego noticiosas. Como decíamos en otro post, “la herramienta no lo es todo”. Ampararse en una especie de brecha digital es absurdo, y decir que la ventaja del blog en comparación con el medio tradicional es que no vende publicidad directa es un argumento de risa. En un blog una misma persona centraliza las funciones, desde ser el jefe de informaciones hasta encargarse de la caja chica. La tentación es grande y nada nos garantiza que se evite. Eso sin contar el manejo de la “publicidad indirecta”. Y no es un tema nuevo. El primer antecedente fue este post de Luis Aguirre, en el que reveló los conflictos de interés entre bloggers y empresas.

Trabajar para Telefónica y hablar en favor de ella no es un delito. Pero su audiencia merecería saberlo. Sobre todo si el blogger en cuestión se presenta a sí mismo como un “especialista en tecnología móvil” o un periodista tecnológico. Como insinúa un comentarista, quizá Goga o lo que queda de él es a la tecnología lo que Bruno Pinasco es al cine, con el respeto de Pinasco. Evidentemente, su labor no es la de un crítico independiente.

El sentido homenaje de Movistar al blogger Goga indica que alguien ha estado haciendo muy bien su trabajo.

La pregunta es la de siempre y sigue sin respuesta: ¿cuál es su trabajo?

Carlos Cabanillas

El Blogger Tururú

¿Por qué el bloguero más leído del país quiere que se le renueve el contrato a Telefónica?

Arturo Goga le debe una explicación a sus lectores. Hace años que se pasea por diarios y canales de televisión opinando sobre temas tecnológicos. Sin ir muy lejos, el último domingo Cuarto Poder lo presentó como un blogger independiente en un reportaje sobre los smartphones. En su propio blog, Goga se describe como una especie de “periodista tecnológico”.

Lo que no dice ni en su blog ni en las entrevistas que concede es que también reseña gadgets en el canal oficial de Movistar en YouTube. No se trata de una: son varias reseñas. Y casi ningún comentario negativo.

Por su gran labor cumplida, Telefónica le organizó un homenaje en el Blogday 2011. Los testimonios son conmovedores. “Telefónica lo ha invitado a Colombia”, dice uno de los entrevistados. “Es el blog número uno del Perú”, dice otro. “Siento envidia porque me gustaría viajar por todos los países por los que él está viajando, con hoteles cinco estrellas y todo…”, dice otra. Evidentemente, Telefónica auspició el Blogday 2011. Ojo con los sesenta blogs que participaron. Hay que leerlos entre líneas, sobre todo a los periodísticos.

Hasta aquí, se trata de otro caso de conflicto de interés entre un blogger y un operador de telefonía celular.

Entonces aparece una entrevista en la que al “especialista en telefonía móvil” el conflicto de interés se le termina de escapar de las manos. Si el Estado no le renueva el contrato a Telefónica “sería un caos total” a corto plazo, dice Goga. Aquí.

Luego, complementa su respuesta: “a mediano plazo creo que también perjudicaría un poco el avance que hemos tenido en móviles.” Se entiende la preocupación de Goga. Su angustia es “que los equipos lleguen a tiempo”. La conclusión es simple: el contrato debe renovarse. De lo contrario, perderíamos hasta dos años y nos retrasaríamos tecnológicamente. De nuevo, la preocupación son los equipos. Aquí.

Hay que ver la entrevista completa. Es una defensa cerrada a favor de la renovación del contrato que se definirá en junio próximo. Hay muchos argumentos apocalípticos, pero ningún disclosure de parte del principal líder de opinión en temas de tecnología. No parece ser necesario: ninguno de sus miles de lectores se lo reclama. Eso es lo más preocupante.

Éste es solo un ejemplo de cómo funciona el negocio en internet. Hay otros.

Carlos Cabanillas

Más información, menos periodismo (I)

Foto: antiprensa.pe

El Premio Nobel de Literatura 2010 no necesita que lo defiendan. Por eso –y porque no tengo claro el tema de los estudios citados– obviaré el argumento de los cambios cognitivos como consecuencia del uso de internet. Sorprende, sin embargo, que quienes más defienden la libertad irrestricta de opinar en la web le enrostren a MVLL su incapacidad para hablar sobre temas de neurología e internet. No sorprende tanto, en cambio, que parte de nuestra élite ilustrada se complazca a sí misma argumentando que, después de todo, la alta cultura siempre ha sido minoritaria y que la imprenta es solo un hipo en nuestra milenaria historia oral. Menospreciar por elitista a la cultura escrita en un país desarrollado, vaya y pase. Pero en una realidad con tan miserables niveles de comprensión de lectura (no es la cantidad ni la calidad de libros, sino cuánto se comprende) y un mundo letrado tan débil, es poco menos que reaccionario.  Porque si existe algún proceso pendiente de democratización en el país es precisamente el de la escuela pública, que pasa por el libro.

Pero internet representa otra amenaza, mucho más concreta y comprobable. Es la amenaza a un sistema de comunicación con editores, contrapesos y controles de calidad.

En esta primera entrega, vale la pena abordar ese gran mito que es la noción de periodismo ciudadano y su potencial democratizador. Es decir, la promesa de outsiders del sistema noticioso que reproducen la información relevante que los desprestigiados medios tradicionales no cubren.

Es cierto: la concentración de medios en grupos empresariales transnacionales ha concentrado también las agendas informativas. Pero los llamados nuevos medios no escapan necesariamente a las grandes tendencias. Veamos, por ejemplo, el caso peruano.

Los blogs y las redes sociales mantienen una cierta relación simbiótica con los medios tradicionales. Parasitaria, en muchos de los casos. De ida y vuelta, los contenidos van de las redes a la prensa y de la prensa a las redes. “Todos tenemos voz”, dicen los entusiastas de la mitología 2.0. Pero no todas las voces merecen ser escuchadas.  Además, sería imposible. Y es aquí donde la democracia directa se vuelve representativa. Porque cuando la sabiduría de las masas se hace escuchar, no se entiende nada. En el mar democratizante de internet, algunos son más iguales que otros. Debajo de las redes sociales virtuales, priman las redes sociales reales. Detrás de los hipervínculos, mandan los vínculos y las amistades. Los agregadores y rebotadores que están realmente conectados se encargan de repetir, citar, linkear y, a veces, generar los contenidos que creen relevantes. Y la prensa tradicional, finalmente, se encarga de legitimar y consagrar a quienes –ya alineados editorialmente- consideran relevante (cuando un periodista entrevista en vivo y dice “la gente en twitter se pregunta”, en realidad se refiere a una élite twittera, mayormente conformada por comunicadores y formadores de opinión). De forma simultánea, invisibilizan a los otros, que en no pocos casos son los verdaderos autores del destape o la noticia en cuestión. Finalmente, esos no-contactados por la prensa pueden aún aspirar a un escalafón de honor: hacer verdadero reporterismo ciudadano. Una escala menor en el ya bajo sueldo de los sufridos practicantes. Y una esperanzadora forma de alimentar el mito democrático de que todos son escuchados.

Por si fuera poco, las discusiones en redes sociales y blogs no suelen promover verdaderos debates. A los que discrepan se les ignora, censura o expulsa. Las campañas y causas virales se encargan de covencer a los ya convencidos, y la gran mayoría tiende a buscar información que ratifique sus opiniones antes que cuestionar sus prejuicios. El eterno plebiscito popular del “I like” se encarga de legitimar los argumentos ad populum. La libertad, eso sí, es innegable: uno pregunta lo que quiere y el otro responde lo que se le antoja.

Pero vale la pena abordar un caso concreto. Octubre del 2006. El affaire Federico Danton. El consenso en redes sociales y blogs sugiere que fue ahí donde los blogs llenaron el vacío de la prensa tradicional. Que la información alternativa no tenía por dónde salir, y que este episodio significó la partida de nacimiento de la blogósfera. Esto es parcialmente cierto. Yo mismo pensé que los blogs cubrían cierta demanda insatisfecha por los medios tradicionales, como se consignó en una  nota de Paola Ugaz para la revista Ideele. Pero el caché nunca miente: los grandes medios sí tocaron el tema. La misma noche de la denuncia de La Primera (¿existe algo más tradicional que un destape de César Hildebrandt?), Josefina Townsend y Jimena de la Quintana comentaron la noticia en Canal N. Días después, el semanario Caretas le dedicó una portadaOtro detalle: los blogs que más tocaron el caso fueron bitácoras creadas por periodistas.

Cosa curiosa: fue un blogger -en ese entonces ajeno a los medios- quien dijo que todo no era más que un chisme sin validez periodística.

Se sigue repitiendo la noción de que las mayores denuncias durante el segundo gobierno de Alan García fueron aireadas por los blogs y las redes sociales. Pero basta con mirar de cerca el caso Petroaudios, el escándalo más grande del quinquenio. Empezó con el periodista Fernando Rospigliosi, y llegó a nosotros a través de canal 4. A menos que se considere a Tomasio y Ponce Feijóo como periodistas ciudadanos, esto no es más que otra denuncia ventilada por los grandes medios. Pero, ¿y si lo fueran? ¿Y si, estirando los conceptos, Tomasio y Ponce Feijóo fueran los verdaderos “periodistas ciudadanos” en esta historia? (Carlos Cabanillas)