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Beto sin Veto

Beto Ortiz dispara a quemarropa: poder, política, TV, Bayly, Hildebrandt, Miyashiro, Agente Sun, viejos ídolos, decepciones nuevas, perversiones, delitos, filias, fobias, arrepentimientos, empecinamientos, Reynoso, Broadway, Watanabe, Billy Collins y, por supuesto, él mismo.

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Entrevista: Jerónimo Pimentel.

– No hemos empezado bien.
– Tú has escrito una de las páginas más horribles sobre mí en toda mi vida. Probablemente la más horrible.
– Vamos, tú también te has burlado de mí.
– Bueno, no nos detengamos en accidentes de trabajo.
– ¿Sientes que estás en tu mejor momento?
– ¿Comparado con qué? El noticiero ha tenido éxito por muchas razones, no todas tienen que ver conmigo. Espero que unas sí, pero no todas. Tengo un equipo que hace la parte jodida. Es un horario horrible. Todos entran con horarios de guachimanes para irse a las 12 del día y a veces más tarde. Como oferta laboral es terrible, pero el equipo está afiatado. He hecho casi toda mi carrera con Martín Suyón, desde La Revista Dominical. Tenemos un entendimiento y una amistad de muchos años. Es fundamental confiar en la gente sobre la que te apoyas.
– ¿Sientes que tienes poder?
– Siento que tengo poder cuando resuelvo problemas de otros. Por ejemplo, cuando llega una mamá que tiene a su hijo en Neoplásicas y necesita determinada medicación o lo que fuere. Me esperan en la puerta del canal para tocarme la luna del carro y decírmelo. Me dan un papelito, lo leo en TV y al final del programa hay 10 personas solucionando el problema.
– ¿Pero en la escena televisiva misma? Estoy pensando en el tipo de poder que tuvo Bayly para sacarte a ti de Frecuencia Latina. Ese tipo de poder.
– No me interesa ese tipo de poder.
– Más allá de si te interesa, ese tipo de poder ocurre o no ocurre.
– No lo sé porque no voy a intentar sacar a nadie para ver si lo tengo. Es como si me dijeras: ¿podré matar? Seguramente, pero no me interesa… por el momento. No creo que el éxito de un periodista sea hacer rodar cabezas.
– Pero es una consecuencia usual.
– Es un concepto equivocado de la prensa. Los periodistas nos alucinamos muy rápido y los de TV peor. Nos ha pasado mucho, a mí mismo en otro momento. Le pasa a Rosa María, le ha pasado a Hildebrandt. La razón por la que no está en TV tiene que ver con su soberbia.
– Antes de llegar ahí, me interesa saber si te sientes cómodo en Frecuencia Latina.
– Mucho.
– ¿En qué consiste esa comodidad? ¿En que nadie te molesta? Hay mucha leyenda sobre la producción periodística en Canal 2. Acerca de cómo se han plasmado los traumas que tuvo Ivcher luego de la expropiación y recuperación de su canal.
– Creo que el respeto te lo ganas. No te voy a decir que en otros programas no ha habido comités editoriales, concejos y gente encima de ti, como es en todas las empresa periodísticas, pero en este caso particular siento que nos hemos ganado un respeto que hace que el canal confíe, algo difícil de conseguir. Cuando te ganas la fama de conflictivo y problemático, de que por joder vas a ir contra la corriente, y esta es la fama con la que he tenido que lidiar, haces que te pongan un policía, un veedor…
-¿Un “garante”?
– Es muy antipático trabajar así. Ahora no lo tenemos. Quiero creer que no lo necesitamos. En todo caso, cuidamos no merecerlo. Es un acuerdo que se rompe muy fácilmente.
– ¿Qué haría que lo merezcas?
– No sé, volviendo al ejemplo Hildebrandt, alguno de sus experimentos para saber cuánta independencia tenía…
-…era hacer reportajes sobre la deuda de Ivcher con el gobierno.
– Lo hizo desde que estaba en la revista Sí, me acuerdo muy nítidamente de un reportaje en el que denunciaba empresas del dueño de la revista, Pablo Maraví. ¿Eso es independencia? No sé. Yo creo que es más bien vocación de bonzo.
– No está Hildebrandt, a mí Rosa María no me parece una buena entrevistadora e igual está como congelada en Canal 13, Bayly vive en Miami. ¿Sientes que estás corriendo solo?
– A la hora que salgo hay un montón de gente entrevistando en Canal N, RPP, en ATV, en el 5.
– ¿Los ves como competencia?
– Todos son competencia.
– Pero sí entiendes mi pregunta.
– ¿Que si me alucino el mejor?
– No, si sientes que la TV ha perdido entrevistadores de peso.
– No sé hasta que punto la TV se lo pierde, se lo pierde el público o lo perdieron los propios periodistas. Es más fácil decir “me censuraron”, “me metí con el poder”. Sí, es verdad, eso pasa, pero también cuando alguien está gritando todo el rato “el lobo, el lobo” ya es como para decirle: mira, por lo menos sobrevive un poquito en algo y después que te censuren. Si te censuran todo el tiempo es porque te lo estás buscando.
– He escrito en NMM que por lo general te desenvuelves mejor en la precariedad. Lo decía pensando en BDP y tu paso por Canal A a fines de los 90.
– ¿Algo así como que los escritores que sufren escriben mejor?
– Digamos que hasta Abre los Ojos mi teoría funciona.
– Hay dos momentos que tienen que ver con momentos políticos del Perú. Mi inicio en Canal A fue un espacio de disenso, en el que podías entrevistar a Toledo u Olivera o dos horas a Vargas Llosa. Fue una buena temporada, pero breve. En este BDP la suerte fue que era la campaña presidencial y en las mañanas estaban haciendo otras cosas: policiales y farándula. Lo que hicimos fue hacer otra cosa, a ver qué pasaba. Y nos costó un montón, meses de comer tierra.
– ¿Tenían rating? Digo, ¿ya se medía?
– Sí, ya se medía pero era patético. Nos costó, pero a los entrevistados, a los políticos, les empezó a gustar que los dejara hablar, una pequeña revolución. Hemos estado acostumbrados al modelo Hildebrandt del periodista incisivo, que interrumpe, que tiene una especie de esgrima de ingenio con el entrevistado para ver quién es más pendejo o quién ha leído más. Pero en campaña quieres escuchar propuestas. Me pareció un ejercicio de tolerancia callarme solo para que el entrevistado hable. Porque la tentación es repreguntar y saltar al cuello, pero me medí y esa fórmula de “agresión pacífica” fue funcionando.

A LA DERECHA DE NINGUNA PARTE

– ¿Te sientes un periodista político?
– Ahora lo soy.
– ¿Pero te sientes así más allá de que lo hagas?
– Para hacerlo tengo que sentirlo.
– No necesariamente.
– Me interesa.
– ¿Tienes un pensamiento político? Mucha gente ha criticado una supuesta derechización.
– ¿Ah sí?
– Sí.
– Tus amigos caviares.
– Estoy pensando en tus problemas con Aprodeh, en la entrevista a Rocío Silva
– A Rocío la conozco de la universidad y no estuvo en su mañana más lúcida.
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– Pero era claro que tú en ese debate, más allá de tu rol de moderador, estabas de acuerdo con Chiabra.
– Yo partía de una cosa bien sencilla: haber presentado el tema de Tito a la CIDH con el auspicio o complacencia o padrinazgo de las organizaciones de DDHH de acá a mí me parece indefendible. Yo no soy tan cristiano como para pensar que una organización que defiende a un asesino como ese sea realmente es una organización que vela por los derechos de la humanidad. Porque no es la humanidad. Es determinados sujetos, determinados movimientos, determinado color político. Si no fuera así, estaría ahorita Rocío Silva ante todas las cortes del mundo peleando por Vilca, Tamani y todos los que han muerto asesinados por Sendero. Nadie ha ido.
– Sientes, entonces, que estás más a la derecha.
– ¿De dónde?
– De donde estuviste alguna vez.
– ¿Dónde estuve alguna vez?
– Por eso te pregunté hace un rato si te considerabas un periodista político. He visto ayer tu entrevista a Oscar Valdés y la de hoy a Keiko Fujimori y están dentro de esto que llamas “agresión pacífica”, dejar hablar. Si sumamos esto, más lo de Aprodeh, más…
– Pero con Diez Canseco es igual, a menos que el entrevistado me diga sandeces indefendibles como Rimarachín, a quien por algo le dicen “Mamarrachín”. Pero Álvaro Vargas Llosa y JDC son tratados con el mismo respeto.
– Más allá de las anécdotas, ¿cómo te definirías políticamente?
– No me interesa definirme.
– Qué conveniente.
– No es estratégico.
– Demasiado conveniente.
– Las definiciones, salvo en el terreno sexual o futbolístico, son innecesarias en estos momentos.

GENERACIÓN DE MIERDA

– ¿Cómo ves a Bayly ahora?
– Cagado, porque creo que lo peor que le puede pasar a una persona es que sus hijos lo odien. Yo no tengo hijos pero si los tuviera quisiera que no me odien. Él no puede ser visto como un paradigma de éxito y felicidad. Es todo lo contrario.
– ¿Alguna vez lo has tenido como modelo?
– Lo admiré mucho cuando estaba en el colegio. Como he admirado a Hildebrandt, a Guerrero antes de saber quién era Guerrero…
– Ambos son escritores, ambos hacen televisión, ambos han jugado con su ambigüedad sexual en público.
– Pero hay muchas diferencias también.
– Las coincidencias son saltantes.
– Sí, pero yo he estudiado en el Padua acá a dos cuadras y él estudió en el Markham. Hay un abismo de diferencias.
– De origen socioeconómico, pero la TV lima un poco eso.
– Eso define quién eres al final, el barrio de donde vienes.
– ¿Sí? ¿No es un determinismo horrible lo que has dicho?
– No, no, porque ¿tú crees que una persona que vive en Jesús María y otra que vive en Camacho son iguales?
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– No creo que nadie sea igual a otro, pero de ahí a que su futuro esté determinado por su origen…
– No he dicho su futuro. He dicho quién eres, no qué vas a lograr en la vida. Tu barrio, tus amigos, tu colegio, van delineando tu personalidad.
– En todo caso, ¿fue alguna vez Bayly un modelo para ti?
– Fue uno de los periodistas que he admirado. Yo he visto muchísima televisión periodística porque estando en secundaria era algo que me atraía mucho. Admiraba a Hildebrandt, a Bayly, a Tealdo. Luego los he conocido y hasta he competido con ellos, pero que yo haya dicho “quiero ser él”, no.
– ¿Le guardas rencor?
– No. Si se lo guardara lo hubiera enjuiciado y le hubiera ganado. ¿Tú no crees que el Poder Judicial de este gobierno lo condenaría? Yo creo que sí.
– ¿Te jugó mal o te arrepientes de haber leído en público el libro de su mujer?
– No creo que ese sea el tema. Tiene que ver con una especie de sorda competencia en el campo mecanográfico. Creo que por ahí viene la cosa.
– O sea, ¿literatura?
– ¿Eso es literatura? No sé, es un poco pomposo.
– Es raro que lo digas tú.
– Bueno, estoy tratando de ser menos pomposo.
– Lo digo porque tienes una condición intermedia: tienes muchos problemas con el precario establishment literario local. Te gusta enfrentarte a él, ponerlo en evidencia y muchos no te reconocen como escritor pese a que has publicado en la misma editorial que ellos.
– Esas son tonterías. Dónde publicas o si te invitan a Guadalajara o no. El reto es que te lean. Nada más. Y a mí me leen. Quiero que me lean millones.
– ¿Te consideras escritor?
– Escribo, pero cuando viajo en Migraciones no pongo que soy escritor, sino periodista. También podría decir que soy comunicador social. Escritor no; es como decir “poeta”. Nadie tiene una tarjeta de presentación que diga “poeta”.
– ¿Cómo ves a tu generación periodística?
– ¿Hay una?
– Sí, pero creo que perdió a mucho de su mejor talento. Estoy pensando en Bruno de Olazábal.
– Bruno es un caso trágico. Creo que él tenía un sentido trágico de la vida. Conversabas con él y era mucho más existencial. Tenía clarísimo que no iba a lograr más de lo que había logrado, de que no le interesaba de acá prácticamente nada, pensaba que este era un país de mierda. Su visión era negra.
– ¿Toda tu generación no tiene un marcado impulso tanático?
– Sí, porque nos tocó vivir en un país de mierda, aunque éste tampoco es Disneylandia. Quizás eso ha hecho que los periodistas de mi generación, y esto no es una hipótesis sino una comprobación que veo cuando reviso las notas de la gente con la que trabajo ahora, tenían algo que los periodistas de hoy no tienen…
– ¿Qué?
– Al periodismo ahora le falta pasión, entrega, fibra. No hay o no veo gente obsesionada con su historia.
– ¿Por qué crees que pasa eso?
– Tiene que ver con Internet. Todo es muy fácil ahora. Y todos son periodistas porque todos tienen un smartphone. Y con esta huevada todos escriben y toman fotos y graban vídeos. Todos opinan. Twitter es una pesadilla, una página editorial infinita. La herramienta está al alcance de todos, pero todos no son buenos para hacerlo.

“LA PEDOFILIA NO ES UNA FIGURA LEGAL, ES UNA PERVERSIÓN”

– ¿Cómo ves en retrospectiva tu carrera? Vi tu exposición al polígrafo y me sorprendió que no hayas tenido reparos en repasar episodios vergonzosos. Te preguntaron por el tema de la pedofilia y por el del Agente Sun y te sentías cómodo respondiendo.
– Veo que está en tu lista.
– ¿Cómo ves esos episodios ahora? Debe ser difícil porque no tienes autoridad moral para hablar de un montón de temas…
– ¿Te parece?
– Bueno, no vas a hacer un reportaje sobre pedofilia.
– ¿Por qué no?
– Porque has sido procesado por eso.
– ¿Cuándo he sido procesado?
– Investigado.
– Nunca llegó a ser una acusación, fue una denuncia de Lucy Borja a través de uno de sus muchachos en una comisaría. Durante la época Fujimori/Montesinos se sacó ese expediente y estuvo dos semanas en Magaly, las dos primeras semanas de enero del 2000. Ese fue un rol que Magaly cumplió y que nadie recuerda. Se convirtió en una fotonovela de las páginas centrales de El Mañanero, La Chuchi, El Chino, El Tío, etc.
–  Pero has contribuido a que eso ocurra.
– ¿Cómo?
– Poniéndole a tu discoteca Papá Piraña. Has construido sobre ese tema.
– Que a mí me vengan a agitar a estas alturas ese tema me produce risa, porque lo único que revela es una homofobia tan anacrónica que simplemente por el pudor de ser políticamente correcto debería ruborizar a los editores que siguen escribiendo cosas como “la denuncia de pedofilia”. La pedofilia no es una figura legal, es una perversión.
– Bueno, estupro.
– Tampoco estupro, el delito tendría que ser abuso sexual. A lo que voy es que la portada de Caretas contra mí estaba plagada de chicos de 20 o 21 años, cuando ellos publican en sus sesiones de moda a chibolas de probablemente menos edad que son tratadas como objetos sexuales. Y cuando pasan La Presencia de Anita todo el mundo se pajea con La Presencia de Anita y todo bien. Es homofobia. Cada vez que yo le caigo mal a alguien o digo algo inconveniente para alguien es lo mismo: pedófilo. Es ridículo, porque las parejas que he tenido no pueden salir a defenderme, porque tienen cuarentaitantos años y no les interesa la fama. ¿Qué tendría que hacer? Salir a decir: “yo me acosté con todos estos y tienen mi edad”.
– Pero no es tan gratuito, hay testimonios de chicos. Pueden haber sido coaccionados o no, se pueden haber retractado o no, pero hay testimonios. Yo los he leído.
– Pero estás repitiendo el discurso de la prensa de entonces.
– No, para nada. Revisé el archivo de Caretas y leí no solo la discusión alrededor de la acusación, sino los que publicaron después. Y ha habido chicos que han dado testimonios, aunque luego se hayan desmentido. Pero no es que no haya nada. No es que alguien se haya inventado de la nada que tú eres pedófilo.
– Solo voy a decir algo más: desde el punto de vista romántico-literario, ha habido un montón de gente homosexual que ha sido satanizada con ese sambenito que agita los fantasmas más horribles. No hay nada peor que un violador de niños, salvo un caníbal. Ponerle a una persona pública esa etiqueta normalmente la tendría que destruir para siempre. Y claramente a mí no me ha pasado. Ponte a pensar: el Perú tiene que haber avanzado para que un periodista que se sienta un día con el primer ministro, y otro con la candidata que quedó segunda, y otro con Vargas Llosa sea un homosexual declarado. Porque eso era impensable hace 10 años.
– Pero hace 10 años tú mismo entrevistaste a Vargas Llosa.
– Pero yo no había dicho que era gay, Hay una diferencia entre decirlo y no decirlo.
– ¿Sientes que la homosexualidad te ha servido para crear tu figura pública?
– No, me ha estorbado. Un montón.
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– ¿No te ha diferenciado de alguna manera?
– Probablemente, pero de ahí a que sea un trampolín a la fama, no. Mi carrera hubiese sido más fácil si hubiera sido heterosexual, con esposa e hijos. Muchos homosexuales de la TV lo hacen. Hay mucha gente que tiene claro que necesita proyectar esa imagen y yo tengo claro que no voy a tratar de ser lo que no soy. Por tener un programa, un buen sueldo, un status, no voy a presentar una mascarada. Sería sicópata. No creo que me haya servido para nada, al contrario. Muy probablemente la hubiera pasado mejor siendo “normal”.
– ¿Pero tú no has utilizado la ambigüedad sexual? Una vez entrevistando a Reynoso él me decía, refiriéndose a Bayly, que a veces los homosexuales que salen del clóset y hacen este tipo de juego o caricatura de la homosexualidad como estereotipo, terminan haciendo más daño que generar apertura o tolerancia.
– Es discutible, yo a Oswaldo le tengo mucho cariño y respeto, pero él ha estado obligado por su época y por el Perú que le tocó a estar escondido, aunque todo el mundo sabe que es gay. Cuando le sacan una nota la titulan “China hereje”, porque su novela es sobre China. ¡No seas pendejo! ¡Y es La República! Al final, creo que si uno no da la cara está dando el mensaje: “tengo vergüenza de quien soy”.
– ¿Estás a favor, entonces, de que los personajes públicos homosexuales salgan del clóset?
– No solo estoy a favor, la última vez que estuvo Pedro Lemebel acá me contó que él había encabezado, con su movimiento Las Yeguas del Apocalipsis, una campaña para sacar del clóset a todos los homosexuales públicos.
– ¿No es penoso?
– Es el otro extremo, es una práctica política que se llama outing. O sea, yo estoy peleando y dando la cara por ti, maricón de mierda que estás abajo de tu cama. Por tus derechos. ¡Qué tal concha! ¡Sal de la cama y ven a pelear conmigo!
– ¿Estás dispuesto a hacerlo en Lima?
– Alguna vez lo puse en tono de broma en mi página web y poco más y me prenden fuego. Puse una antología de “heterosexuales declarados” y perdimos una cantidad enorme de entrevistados en el programa. Hasta ahora muchos me tienen miedo porque los gays en el clóset sienten que si vienen al programa yo los voy a sacar. Hay entre 30 y 40 personas que no van a venir nunca.
– ¿Has sacado a alguien del clóset en vivo?
– Si el televidente está mirando a una persona y por sus ademanes y gestos está preguntándose si es o no es, tienes que hacer la pregunta para no quedar como idiota.
– Entonces es un miedo fundado.
– Sí, pero no puedes vivir gobernado por ese miedo. ¿Vas a dejar de dar una entrevista si eres un artista de Broadway porque te van a preguntar si eres gay? Eso no es ser gay, es ser maricón. Pero creo que en eso todavía nos falta avanzar. Aunque insisto: que las señoras y madres y padres de familia me saluden y me apapachen me parece alucinante.
– Un signo de tolerancia.
– Sí, hay que reconocerle a la gente más joven ese emérito. No creo que tenga que ver con Bayly, ni conmigo, ni con Coco Marusix. Creo que tiene que ver con que la gente más joven se relaciona de una manera más saludable. No es mi generación, ni la tuya, ni la de Oswaldo Reynoso. Juan Gonzalo Rose tenía que meter a alguien al baño cuando estaba bien borracho. Eso es patético.

EL AGENTE SUN

– Hablemos de el Agente Sun y tu posterior exilio.
– No fue posterior. Yo me fui antes de que existiera el tema. Me fui el 28 de junio del 2003. Me da risa porque se ha convertido en “tú te fuiste por el juicio por pedofilia”. Eso me preguntó Romina Antoniazzi en Canal 2. “El caso Magaly te hizo huir del país”. Ahora Caretas dice que huí a Argentina por su portada. Ojalá yo pudiera huir del Perú cada vez que hubiera un problema.
– Pero sí hubo una relación entre tu salida y el audio Almeyda-Villanueva.
– No, yo me voy de la TV a fines del 2002. Me pasó todo lo malo junto: me cerraron Vidas Secretas y Dios nos libre; en diciembre ocurrió la catástrofe de la discoteca, cuyos costos hasta ahora estoy pagando
– S/. 500 mil…
– …a nivel personal y afectivo tenía una catástrofe horrorosa. De haber tenido trabajo, un súper departamento en Víctor Maúrtua, dos carros, no tenía ni mierda. Quedarme en el Perú para ser lo que los gringos llaman un has been, no. Tenía un boleto que me habían regalado por el día del periodista. Con ese boleto me fui. Quise desaparecer. Me fui porque era eso o el Puente Villena.
– Pero el Agente Sun….
– Fue el 2004. Fue un caso que había seguido desde que tenía el programa y tenía documentación.
– ¿No crees que te equivocaste?
– ¿En qué extremo?
– Por ejemplo, en la transcripción del audio. Se publicó en Perú 21 una transcripción que luego se confirmó que era inaudible a través de dos peritajes técnicos. Ustedes publicaron un cuadernillo completo.
– Fueron 4 páginas.
– Fue un inserto.
– La investigación puede haber tenido vacíos, porque no te olvides que estaba allá.
– En redacciones se comentaba que el audio estaba en venta, que se comercializaba.
– Si se comercializaba, el último que podía comprarlo era yo.
– Una situación poco clara, por eso te pregunto.
– Justamente por eso termino involucrado en la denuncia. Es la primera vez que el denunciado y el denunciante terminan en el mismo proceso. El Agente Sun denunciaba, Almeyda era el denunciado y yo era el periodista que contaba la historia. Y los tres fuimos denunciados por el mismo delito. ¡Es para una tesis de Comunicaciones! Y yo yendo todos los viernes del año 2006 y 2007 a un juzgado anticorrupción a unas audiencias que deben haber sido los días más horribles de mi vida. El solo juicio es la condena. En el Perú se condena a ir a juicio. Es un castigo suficiente. Al final ese juzgado me declaró inocente.
– ¿Es la única vez que has sido investigado judicialmente?
– No, juicios por difamación he tenido. El único que perdí lo apelé: un juicio que me puso Blanca Rosales. Le gané en la Corte Superior. En la época de Enemigos Íntimos era muy gracioso, porque como yo era el periodista, si en un reportaje se decía algo yo acababa enjuiciado, si Aldo Miyashiro decía algo, yo era enjuiciado…
– Bueno, Aldo Miyashiro aprendió a hacer periodismo contigo.
– No sé si ha aprendido a hacer periodismo, ha aprendido a conducir. Él sabe que no es periodista, a pesar de que pasó por la Bausate con su amigo Martín Arredondo. Pero él siempre se ha apreciado de no serlo.
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– Es un buen escritor, ‘Misterio’ es una excelente obra.
– Es un buen dramaturgo. Pero él ha estado acostumbrado a algunas actividades que son más trabajosas que el periodismo, como hacer una serie de ficción o montar una obra de teatro. Él hacía eso y lo hacía bien, pero descubrió en la conducción del programa una fórmula perfecta para su estilo de vida. Llegar unos minutos antes, chambear una hora y ya está. ¿Qué rico, no?
– No tienes ninguna autocrítica.
– Sí, un montón.
– ¿Cuál es tu peor error?
– ¿El peor? Hay varios. Dentro de lo peor está algo que has apuntado en tu libreta y no me has preguntado.
– ¿Vidas secretas?
– Algunos episodios fueron muy crueles, sádicos.
– ¿Estás pensando en el hijo de Magaly?
– No, estaba pensando en Janet Barboza y en Carlos Cacho. Él me ha contado después lo mal que la pasó y todos los efectos secundarios que tuvo ese programa. Y de hecho eso es algo bueno que nos debería pasar a todos los periodistas, que alguna vez la prensa nos agarre entre sus fauces y nos haga mierda. A mí me ha pasado. Una vez escribieron en Caretas una página entera contra mí.
– No fue una página entera.
– Que alguna vez te levantes y esté tu foto en todas las portadas con titulares horribles, es algo que todos deberíamos vivir para saber qué se siente. Tenemos un poder y a veces es bueno sentirlo en carne propia.

AQUÍ NO HAY POESÍA

– Hablemos de literatura.
– ¡Qué aburrido!
– Siento que eres un escritor frustrado, pero no sé si decirlo porque en realidad has publicado cinco libros.
– Sí soy frustrado, porque tendría que haber escrito más y mejor.
– Cuando se publicó en libro la entrevista a Vargas Llosa dijiste que de alguna manera te intimidaba ese tipo de escritor.
– Hay que ser consciente de las limitaciones.
– ¿Te gusta tu novela?
– No la he vuelto a mirar.
– ¿Has vuelto a leer otros libros tuyos?
– Sí.
– ¿Qué te gusta y qué no?
– Las crónicas de ‘Por favor, no me beses’ me gustan. Las podría escribir igual de nuevo. Tengo satisfacción con el resultado. No te voy a decir que estoy orgulloso, pero creo que si tuviera que escoger con qué me quedo, que no es mucho….
No has publicado poco…
– Sí, pero siempre tengo el reclamo de que ese ya lo leí, ya salió. La gente que lee es un grupito pequeño que también lee revistas y diarios. Pero yo siento que no he escrito todavía nada importante ni muy valioso. Creo que escribir es como un deporte: hay que seguir y seguir y por ahí te liga un campeonato.
– ¿Te interesa el reconocimiento de tus pares escritores?
– No. Sería muy desalentador. Para empezar no son mis pares, son mis impares. Segundo, la gente que escribe se toma demasiado en serio.
– ¿En quién estás pensando?
–  En Iván Thays, a quien conocí cuando era un pundonoroso miembro del Taller de Literatura de la Universidad de Lima. Estaba Bellatin, Rocío Silva, etc. Thays iba como sapo de la Católica y desde esa época me lo imaginaba con un traje de pana, un cuello de bobos y una pluma de ganso. Siempre lo he visto así.
– ¿Cuando lo has leído también?
– Salvo en esto último que publicó, que es lo más sencillo y lo que a mí más me ha gustado, ‘El orden de las cosas’.
– Es lo mejor que ha escrito.
– Pero cuando se pone demasiado rebuscado me pone de mal humor. Yo entiendo que alguien como él o alguien como Faverón, que me reta a escribir una tesis sobre Bolaño y los nazis…
– ¿Dónde nace tu pelea con él?
– No tengo ninguna pelea con él.
– Los has mencionado en tu última columna…
– Yo lo conozco a Faverón porque básicamente era la guaripolera mayor de Fernando Ampuero. Cada vez que Ampuero publicaba un libro Faverón escribía unas críticas absolutamente mamonas y, por una coincidencia, cuando Ampuero sale de la edición de Somos le entrega el cetro a Faverón. No estoy sugiriendo una relación causa-efecto pero así fue. Y yo lo conozco de esa época porque era colaborador de Somos. De hola y chau. Esa visión  que tiene él y algunos de la literatura como algo sesudo, erudito y elevado, me parece muy respetable pero no me interesa.
– ¿Te molesta la academia?
– Sí, pero ¿qué es la academia? Martha Hildebrandt es mi amiga y nos llevamos muy bien.
– No sé si la academia la ve muy bien a ella. La normativa es la rama más aburrida de la lingüística.
– Claro, claro. Creo que hay una división entre los escritores que escriben porque necesitan escribir y los que escriben porque están buscando ser celebrities literarias. El lado celebrity lo tengo largamente satisfecho, hasta empachado, por mi lado profesional. Tal vez si no estuviera en TV me hubiera dedicado a ser parte de esa farándula… ¡porque las presentaciones son farándula pura! Quién presenta, con quién sales en la foto, etc.
– También has participado de eso, recuerdo tu presentación de la novela de Paul Alonso.
– Lo conozco bien, por eso escribo de eso. ‘Clásicos de la provincia’ es eso. Pero bueno, tengo algunos libros pendientes y no sé cuándo los voy a escribir.
– ¿Novelas?
– La palabra me amedrenta un poco.
– Manejas mejor el género corto.
– De hecho se supone que hay que aspirar a escribir la novela, pero tampoco es obligatorio.
– ¿Qué lees?
Me he pegado con los dos uruguayos que descubrí cuando viajé.
– Levrero y…
– …Felisberto Hernández. Es un vuelo alucinante. Pero ya eso parece una declaración de Iván Thays. Me da miedo decir que leo porque te vuelves culturoso. Siento que te aleja de la gente. Lo acepto cuando es una conversación que no tiene jactancia. No me interesa el duelo de lectores, como Faverón. ¡No voy a escribir una tesis sobre la literatura nazi y Bolaño! ¿Por qué tendría? ¡Qué aburrido!
¿Has leído algún libro de él?
– ¿Ha escrito libros, no?
– Una novela, ‘El Anticuario’; y una antología de relatos sobre la violencia terrorista.
– He leído sus artículos de Somos. No creo que nadie los tenga recortados.
– ¿Cuál es tu relación con la poesía?
– Leo mucho, pero no soy poeta. He tratado como todo el mundo. Pero leo mucho.
– ¿De dónde viene? Porque los lectores de poesía o son poetas o no existen.
– Probablemente venga de la oficina de la dirección del colegio que mi mamá dirigía, donde yo tenía que quedarme porque no tenía nana. Me quedaba en la biblioteca de su dirección. Me gustaba. Dibujaba o leía. He consumido poesía desde el colegio.
– ¿Te quedas en Lucho Hernández o lees a poetas contemporáneos?
– La gente de Inmanencia me parece interesante. Rocío me los recomendó. He estado releyendo Watanabe, en este momento me cae muy bien. En otros tiempos me ha gustado la poesía de Bukowski. Una época se me dio por leer poetas americanos, como William Carlos Williams. Pero invítame un café en el Juanito y hablamos dos horas de literatura. Los lectores de tu blog se van a aburrir.
– No, les encanta. Te lo pregunto porque no hay mucha gente que lea poesía y empate con, digamos, la cultura popular. Yo siento, y disiento contigo en esto, en que Josefina Barrón no es un buen ejemplo. Por eso no entiendo mucho por qué te indignaste cuando la invitaste al programa y te cortaron la entrevista.
– Es una mierda, yo lo sé. A mí me pidió que presente el libro, pero cuando me lo mandó dije: ¡asu! Me tuve que disculpar. Me fui por otro lado, le dije que estaba hablando de los Kens y las Barbies y yo no pertenezco a ninguno de los dos. No sé de qué va y no sé qué decir.
– ¿La invitaste como gesto?
– Me indigné porque no te pueden tirar un comercial en la cara, es como que te impriman un aviso encima de tu artículo. Pero no hablemos de literatura. Billy Collins, ¿has leído a Billy Collins?
– No.
– Entra a Google. Su poesía es bellísima. Irónica, tierna, coloquial. ¡Qué raro que no lo conozcas!

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Trinchera Twitter

Las barras bravas digitales y la supra conciencia moral en redes sociales

El caso Walter Oyarce (Foto: El Comercio)

Cuando alguien le diga que internet “le da voz a todos” o que en las redes sociales “todos tenemos voz”, piense en los cánticos de la Trinchera Norte. Es decir, piense en un número reducido y más o menos homogéneo de personas que se atribuyen la representación de un todo numeroso e indeterminado (“la U” o “los hinchas del fútbol peruano”). Un grupo de fanáticos que, en efecto, gritan porque tienen una voz. Pero que dicen casi siempre lo mismo, y cantan una y otra vez las mismas canciones. Ahora, imagine a un disidente. Un seguidor de Alianza Lima que, evidentemente, piensa distinto, y que decide un buen día acercarse a la tribuna norte para polemizar.

Lo que sucede a continuación es lo que se lee en Twitter un día cualquiera. La dinámica es conocida por todos sus usuarios, tanto por agresores como por agredidos. Se le ha llamado Twitter bullying e Ilave 2.0, y es lo que le acaba de suceder a Aldo Miyashiro. El conductor de Enemigos Públicos es uno más dentro de una lista de víctimas apanadas, difamadas y vejadas en manos de esta Fuenteovejuna digital. Una larga lista que casi me incluye, gracias a un conato de callejón oscuro en respuesta a un post sobre las miserias del periodismo ciudadano. La dinámica es sencilla. Primero, te crean un hashtag. Luego, la sabiduría de la turba te incluye en la lista de trending topics, junto con el Loco David, el Cholo Payet y Momón. Porque a los agresores también les cae, y para algunos eso es la democracia.

A la larga, todo disenso en el Twitter termina en ostracismo, aislamiento o autocensura. Solo persisten en sus gritos quienes han hecho de la confrontación verbal, el insulto y el escándalo su medio de subsistencia. Pero hasta ellos, en ciertos momentos de lucidez, reconocen que algo anda mal.

Twittósfera (Foto: cremaxsiempre.blogspot.com)

Lo interesante es ver la composición del tribunal del pueblo. Como los hooligans, los usuarios de Twitter son generalmente miembros de los sectores más privilegiados. En el escenario más optimista, son palomillas de Windows que pertenecen a ese tercio de la población que tiene acceso a internet, se mantiene relativamente bien informado y utiliza con frecuencia las redes sociales. Pero no todos los integrantes de esta élite letrada tienen el poder para dirigir un ajusticiamiento popular.

Aunque los gurús repiten con insistencia que internet representa una revolución horizontal, las redes sociales están plagadas de jerarquías. Twitter es un caso extremo porque ha logrado convocar a una gran cantidad de formadores de opinión. Políticos, periodistas y lobistas –o todo a la vez- clasificados según su cantidad y calidad de followers.

Sobrevive el más ruidoso y, por supuesto, el que mejor se adapta a la línea ideológica dominante. Una línea que algunos han calificado de caviar. ¿Por qué? Quizás porque lo caviar apunta a una élite culposa, y Twitter se ha convertido en una especie de supra conciencia moral que exacerba el exhibicionismo y el rasgamiento de vestiduras para la tribuna. Ya pasaron los tiempos del panóptico. A través de las redes, una élite se encarga de vigilarse, sancionarse y controlarse socialmente en nombre de la información libre y la democracia digital.

Carlos Cabanillas