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El Libro que Odia Movadef

“Profetas del Odio” de Gonzalo Portocarrero, que ya se perfila como el mejor libro de ensayos del 2012, motiva una mesa redonda hoy martes 31 (5:30 pm) en la FIL. ¿Irán?

Foto: La República.

“Profetas del Odio” (Fondo Editorial PUCP, 2012) es un recorrido analítico por diversos discursos. Textuales (letras de canciones, tradiciones ayacuchanas, cuentos y novelas de Arguedas, un relato de Elena Iparraguirre y conferencias y libros de Abimael Guzmán, por ejemplo), audiovisuales (la versión completa del video conocido como “Baile de Zorba el griego”) y plásticos o gráficos (como los dibujos sobre “la guerra popular”).

Portocarrero no muestra pareja agudeza en todos sus análisis (es notable la interpretación del anónimo cusqueño del S. XVII “El triunfo del evangelio” pero me sigue generando dudas su conclusión sobre la desgarradora despedida de una madre -“hijo, antes de morir, mata”- cuando éste se va “al monte” a integrar las filas de Sendero). Sin embargo, el autor siempre es meticuloso y explora los objetos de estudio con todas sus armas, aunque esto a veces vaya en contra de la dinámica de la escritura y del relato en general.

En cuanto a lo textual destacan dos capítulos

El que presenta a Víctor Zavala Cataño como decisivo para provocar el “despertar del pongo” a través del teatro campesino.  Zavala Cataño como dramaturgo “fue –quizá- el principal constructor del puente que permitiría que la propuesta política de Guzmán llegara, vía los jóvenes estudiantes, al mundo campesino”.
Zavala Cataño sería luego identificado como el camarada Rolando. Miembro del Comité Central y líder de “Socorro Popular”. Fue capturado en 1991 por el GEIN. Como parte del proceso de escritura del libro Portocarrero lo visita en Castro Castro. Allí se encuentra con alguien que si alguna vez fue un volcán, “ahora está casi extinguido”.

Otro análisis interesante es el que se hace sobre “El viaje hacia el mar”, relato de Elena Iparraguirre publicado en 1995 donde simbólicamente se narra el pasado y el futuro de Sendero.

Luego de que el padre, conductor del camión familiar, es detenido por la patrulla de caminos y llevado a prisión se imponía la “suspensión del viaje”. Los hijos no acatan. “Prosiguieron la marcha”. Pero “se desviaron del camino, se estrellaron contra las rocas y cayeron al abismo”.

Sin embargo, las hijas y los hijos de los esos hijos desobedientes “reconstituyeron el camión, reemprendieron el camino y llegaron hasta el mar”. Que levante la mano quien no pensó en Movadef.

VIDEO Y DIBUJOS

La interpretación del  video del congreso PCP-SL de 1989, que es la versión completa del video conocido como “Baile de Zorba el griego” muestra a un Guzmán incómodo, huyendo de la cámara, de sus admiradores. Para Portocarrero ese video evidencia a un personaje no comprometido, que es capaz de mandar a matar pero no es capaz de morir. Lectura que se confirmaría con su reacción al ser capturado.

Los dibujos del folleto titulado “De la guerra popular nace el nuevo poder. En el X aniversario” muestra otra vez a Portocarrero muy agudo en sus observaciones. Su conclusión, “Sendero Luminoso propone la militarización de la vida cotidiana”, sigue una lógica impecable.

CONCLUSIONES

Catolicismo. Servidumbre. Humillación. Resentimiento. Marxismo que asume la violencia como locomotora de la historia. Revolución como esperanza de salvación ya no en el cielo sino en la tierra. Discurso mesiánico difundido con retórica científica. Sendero.

Más acá, Portocarrero señala que del pongo al cholo emergente lo único que ha cambiado es el contenido del discurso. “La orden a obedecer sería ahora: ¡Progresa! ¡Cambia!”

El autor propone, finalmente, escuchar “los milenios de historia”, mirar más atrás, y seguir las pistas trazadas por Arguedas y Flores Galindo.

ODIO MOVADEF

“Quisiera, por favor, con la anuencia de la sala y el respeto que se merecen todos los que participan en esta presentación hacer algunos descargos y aclaraciones que se hacen de mi patrocinado Abimael Guzmán. Yo pienso que es completamente inmoral que se haya escrito este mamotreto”.

Así comenzó su intervención el abogado Alfredo Crespo durante la presentación del libro en el CCPUCP el 28 de junio.

Crespo acusó a Portocarrero de realizar “ataques personales” contra Guzmán y criticó que se pretenda “analizar un hecho político desde el sicologismo”. ¿A qué se refería el abogado? Probablemente al relieve que el libro le da al dolor y sufrimiento que Abimael vivió antes de convertirse en el presidente Gonzalo: “abandono de la madre, maltratos en la casa de los tíos maternos donde se convirtió en una suerte de sirviente doméstico, el autoritarismo de un padre que lo golpeaba cuando no hacía bien las cosas, el desprecio de sus compañeros de colegio en Arequipa por ser hijo ilegítimo y el rechazo que sufrió por parte de la familia de su primera enamorada porque un “bastardo” no era aceptable en la familia”.

Crespo calificó a Portocarrero como “un lacayo del imperialismo”, “un intelectual burgués rabiosamente anticomunista” para finalmente señalarlo como el verdadero “profeta del odio”.

Portocarrero se defendió: “Creo que el problema del señor que ha hablado es que ya no tiene argumentos y ya no puede generar miedo”.

Con esta aclaración se ganó los aplausos de los presentes que, sin embargo, fueron apabullados por la grita de los Movadef. Su iracunda reacción remite a los dibujos comentados en el libro y su “militarización de la vida cotidiana”.

¿Irán a gritar a la mesa redonda de hoy?

En el canal de youtube de Movadef el video de la presentación de hace un mes tiene 27 mil visitas. Es el más popular. Segundo aparece, con casi 6 mil visitas, la respuesta a César Hildebrandt. Donde tres señoritas afirman que su citada columna solo muestra “odiosidad”, llaman “mamotreto”  al semanario e informan que el “Movadef no ha surgido por falta de memoria. Ha surgido porque es una necesidad”.

Evidentemente estos muchachos(as) están luchando por encarnar el cuento de Elena Iparraguirre.

Nos vemos en la Feria.

Juan Carlos Méndez.

Inteligencia Militar

Guardianes y reyes filósofos: la alianza Humala-Vargas Llosa
 

La entente Humala-Vargas Llosa

“Los peruanos no necesitamos un filósofo ni un pensador, sino un gerente que sea capaz de resolver y ejecutar las obras.”

                Keiko Fujimori. Junio del 2009

 

La raíz del miedo a una militarización está en una inevitable pregunta ancestral: ¿quién es el más apto para gobernar? El presidente Ollanta Humala ha extendido la pregunta hasta la República de Platón.  Su reciente invocación a “los guardianes socráticos” es una libre interpretación del rol de los militares como protectores del estado.

Pero el dilema se mantiene en pie. ¿Quién es el llamado a liderar esa república? Para Platón es el rey filósofo. Solo él tendría la virtud y la capacidad de estar al mando de “la nave” del estado. La sofocracia platónica se plantea, a grandes rasgos, como una alianza indispensable entre el filósofo y los guardianes (es decir, los guerreros).            

En la Lima actual, pocas propuestas políticas ahuyentarían más a la ciudadanía que una alianza entre intelectuales y militares.

El miedo a la militarización nos dice que un general es lo opuesto a un ser racional. Que quien usa las armas no lee, no discute y no sabe lidiar con las discrepancias. Ejemplos ha habido muchos. Pero se trata, finalmente, de una generalización gruesa. Lo más divertido es que ese lugar común se reproduce en las redes sociales, reino del maniqueísmo y la intolerancia donde hasta el más reflexivo se ve reducido a una burda polarización: me gusta o no me gusta, follow o unfollow, amigo o enemigo.

La historia y la geopolítica lo demuestran. El falso oxímoron “inteligencia militar” no pasa de ser una humorada de Groucho Marx. Pocas instituciones en el país han convocado a tantos intelectuales a sus filas como el CAEM. Para bien y para mal.

Pero el miedo a los intelectuales en el poder es aún mayor. Se les acusa simultáneamente de ser abstractos (como a Bustamante y Rivero) y de tener ideas peligrosas (como a Vargas LLosa). El caso más radical es el de Abimael Guzmán. En su libro Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999 (IEP, 2010), Carlos Iván Degregori precisa que “nunca hubo un movimiento armado en América Latina que diera tal importancia al componente intelectual de su propuesta y a la condición de intelectual de su jefe máximo, el doctor Abimael Guzmán, entronizado en afiches y pinturas con todos los atributos del intelectual: anteojos, terno y libro bajo el brazo”. Para Degregori, Guzmán es el “rey filósofo (que) buscó aliarse con los bárbaros, no para destruir la ciudad letrada sino para tomar el poder dentro de ella con el fin de resaltar todavía más la distinción entre letrados y bárbaros”.

Por eso la reciente alianza entre Ollanta Humala y Mario Vargas Llosa sorprende y genera terror en cierta clase alta limeña. Además, confunde. Se trata de una relación en la que se han invertido los roles clásicos. En este caso en particular, el intelectual es el guardián. Es él quien articula la narrativa de las decisiones que toma el “rey militar”. Hubo antecedentes similares en la historia contemporánea. Quizás el más notorio fue el de Juan Velasco Alvarado leyendo los alambicados discursos del sociólogo de Cornell, Carlos Delgado. También podría mencionarse el pedido de renuncia dirigido a Leguía que el propio Bustamante y Rivero le ayudó a escribir a Sánchez Cerro.     

Pero la entente Humala-Vargas Llosa es única. Primero, porque intenta liderar un gobierno democrático. Y segundo -y esto sí es profundamente platónico- porque se trata de una alianza entre líderes con una doble formación. Por un lado, Vargas Llosa ha sido disciplinado bajo la férrea estructura militar del Colegio Leoncio Prado. Por el otro, Humala ha sido obligado a peinar la biblioteca sanmarquina de su padre, Isaac Humala. Basta una mirada a la historia de la célula Cahuide para comprender lo entrelazadas que están ambas familias. Y lo mucho que ambos se parecen entre sí, no solo cuando corren por las mañanas.

Carlos Cabanillas