Ser o No Ser

Yo Soy: otra forma de explotar al músico peruano.

Yo soy

El inicio fue expectante. No siempre se ve un programa que transmite canciones de Metallica, Led Zeppelin y AC/DC en horario estelar. El triunfo del imitador de Kurt Cobain en la primera temporada hizo sonar de nuevo a Nirvana en fiestas y las ventas repuntaron en algunas discotiendas. En cierta forma, la variada oferta de un programa de televisión demostraba que no se necesitaba de la corrupta y monotemática radio como medio de difusión musical. O al menos eso se pensaba.

Pero la novedad tuvo corta vida. El programa no siempre premiaba a los mejores y el desconocimiento de dos de los jurados hacia todo lo que suene a rock pronto dejó de parecer gracioso. ¿Acaso un jurado no tiene la obligación de prepararse antes de emitir un veredicto?

Cada mala pronunciación de Maricarmen Marín dejaba en claro que no existía el menor interés en conocer a los músicos que se imitaba. La cosa era imitar y punto.

Lima prefiere la copia al original. Se supo desde los noventa, gracias a inolvidables reportajes sobre el Michael Jackson peruano y los New Kids de Zárate. Fue ilustrativo ver cómo el imitador de Robert Plant era ovacionado a la salida del recital del Robert Plant original (a quien recibieron tibiamente).

Lamentablemente, los compositores que ganan el Festival de Claro no despiertan las mismas pasiones.

jurado

Pero lo grave son los leoninos contratos impuestos por el programa a los imitadores (ver aquí y aquí). Los participantes no solo otorgan los derechos sobre sus imitaciones: también ceden los derechos sobre sus propios nombres, rostros y voces por un lapso de al menos dos años. Ojo: muchos de ellos tienen años haciendo conciertos tributo en Barranco o Miraflores, así que no se trata necesariamente de novatos. Como ya se ha dicho, Yo Soy es otra forma más de reivindicar la noción del “cholo barato”.

Hay que colocar el tema en contexto. Gracias a la payola radial y los discos piratas, los conciertos eran el gran sustento de los músicos nacionales. Eran, porque a partir del modelo de negocios de Yo Soy el tradicional concierto tributo se ha convertido en otra forma de explotar al artista peruano. 

(Una versión más corta de este artículo fue publicada en la edición 2263 de la revista Caretas)

Carlos Cabanillas

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3 comments

  1. Helen

    Una pena constatar que a los peruanos nos gusta más la copia que el original. Esto no es bueno por que desincetiva la creatividad y originalidad. Qué hacer? campañas de fomento de la creatividad y originalidad. Supongo que Gianmarco ya aprendió que no debe incentivar a los remedones sino a quienes como él han logrado arar en el desierto. En la campaña también pueden participar artistas extranjeros copiados. Bastaría con informarles que Gisela Valcarcel y canal dos están explotando artistas con el uso de las copias de sus imágenes. Y apoyar concursos y programas que fomenten el talento creativo. En argentina hay un programa que se llama la voz argentina. Y Bisbal salió de un programa que buscaba nuevos talentos. No es el ideal pero siempre será mejor que tener puros copiones.

  2. Carlos

    Pero nadie los obliga a ir a esos programas, ellos son personas que saben leer contratos y está en su capacidad firmarlos. Lamentablemente por la escasas oportunidades casi son contratos por adhesión (o firmas o te vas), a lo Telefónica del Perú o empresas por el estilo. El dinero manda y esa es la historia de siempre, eso sucede no solamente aquí sino en todas partes, las mismas disqueras y distribuidoras se aprovechan del talento de las personas para obtener ganancia, es su negocio y no se les puede criticar por eso. El tratamiento que se le da es conocido como derecho de piso, si bien estas personas no son novatas, son nuevas en la experiencia mediática, pasado ese tiempo y bien usada la oportunidad, podrán llevar su vida mucho mejor que cuando cantaban en pubs o discotecas. Sobre que nos gusten las copias, pues eso es producto de la falta de educación musical, y eso deriva a que optemos por lo mejor presentado, lo más publicitado, a lo que se parezca a aquello que nos enseñaron a admirar. Un festival como los de Claro son un saludo a la bandera pues quién se acuerda a los ganadores de este; se les premio generosamente y se los dejó a su suerte y obviamente ellos no pueden decir que los explotaron y que bien que hubieran querido serlo si el precio era aparecer en tanto evento se haga, ser su música escuchada en toda radio o ser visto en todos los programas de televisión, y para ser visto como una celebridad le cuesta a la empresa que vende tu imagen, uno se convierte en uno de sus productos y una vez que se acepta ser uno pues pasas por todo el proceso que uno de estos tiene: creación, promoción, y luego descarte para buscar uno nuevo, una vez que te exprimen, ya estás por tu cuenta. No hay que ver a las corporaciones como seres diabólicos que se aprovechan de los indefensos ciudadanos, ellos convierten algo imposible en posible y eso tiene un precio.

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