“No le dan el diploma de poeta a cualquier cojudo”

NMM ingresó al departamento de Rodolfo Hinostroza (“el primer poeta peruano en ganar un premio en Europa”, nos recuerda) para hacerle una entrevista acerca de su último libro, Pararrayos de Dios. Crónicas de poetas (Tribal, 2012), donde disecciona a algunos poetas peruanos y descuartiza a otros. En las respuestas que el autor de Consejero del Lobo y Contra natura nos concede no hace más que proseguir con su tarea, haciendo gala de una urticante sinceridad que no respeta ni a los vivos ni a los muertos. Pero primero, fieles a nuestra costumbre, teníamos que terminar con un mito.

Entrevista: José Carlos Yrigoyen

JCY: Antes de hablar sobre Pararrayos de Dios, quisiera saber tu opinión definitiva acerca de esta leyenda negra que hace años te persigue.
RH: (Tomando el libro y riendo estruendosamente) Este poemario no es mío de ninguna manera. Yo sé de la existencia de este libro desde que salió, porque José Miguel Oviedo me llamó por teléfono para preguntarme si yo era el autor, luego me pasó el libro y luego de decirle que no era mío publicó una aclaración en El Comercio, me parece. Es verdad que está dedicado a Octavio Hinostroza, un homónimo de mi padre, pero si te fijas bien está dedicado a Octavio P. Hinostroza, y mi padre no tenía un segundo nombre que empezara con P. Lo que sí, nunca conocí al verdadero autor del libro, que misteriosamente solo pone su apellido, lo cual sin duda ha generado esa confusión.

Bien, ahora hablemos de tu libro. ¿Cómo calificarías estos textos que has publicado? Porque está claro que homenajes no son.
Son memorias, son memorias más que otra cosa. Pero sí hay una intención de hacer homenajes. En general, es un homenaje a gente que tuvo los cojones de ser poeta en el Perú, un oficio de alto riesgo. Es un oficio de poca plata y alto riesgo. Y es gente que ha tenido capacidad para dedicarse a cosas que les hubieran permitido vivir cómodamente. Además, yo siempre me he llevado bien con los poetas, como has podido leer en el libro; incluso desde que nací tuve que ver con esa vida, pues mi padre y mi madre fueron poetas.

Hablando de tu madre, en la crónica que le haces dices lo siguiente sobre ella: “Lo triste fue que cuando se aventuró en la poesía moderna bajo el padrinazgo de Demetrio [Quiroz-Malca], no pudo dar la talla y su primer libro editado, Moneda de luz, fue duramente vapuleado por la crítica (…) Si mi madre hubiera insistido en esta vía, es posible que hubiera sido reconocida por la crítica como poeta, a la cabo de algunos años y publicaciones. Pero tenía la autoestima débil en una profesión que a veces requiere tener pellejo de elefante”. Es una versión mucho más moderada que la que diste en 1978, en tu libro Aprendizaje de la limpieza: “[Mi madre] se ponía a escribir una novela luego poemas publicó un libro que un hijo de puta de crítico demolió bajamente para hacerse las uñas para hacer carrera aplastando a los débiles esto ya lo pagó y si depende de mí lo pagará más caro aún”. ¿Ese crítico era José Miguel Oviedo? ¿Qué te hizo variar tu punto de vista sobre ese incidente?
Era Oviedo, sí. Fíjate, yo tenía una idea de que la crítica había sido muy malévola porque Oviedo decía que mi madre imitaba la poesía de Demetrio Quiroz Malca, quien entonces era su pareja. Como mi madre era feminista, esa crítica la hizo sentirse muy disminuida, como si la destinaran a un lugar debajo del  hombre con el que estaba. Y mira, yo leí a la ligera la crítica esa, recién la he leído bien hace poco, casi medio siglo después. Es una crítica que apareció en el diario La Prensa. Y sí, es venenosa; la criticaba porque los versos estaban mal cortados, decía que su poesía no era muy buena, juzgaba a mi madre por encima del hombro, pero no llegaba a ser demoledora. Yo sé lo que es demoler a alguien; yo he demolido a algunos…. La reseña tenía mala leche, pero era moderada, no era para tanto. También tienes que darte cuenta de que ese era el método de Oviedo, le gustaba meterse en polémicas, sobre todo con gente de izquierdas… Oviedo era el gallito de la Católica, se peleaba con Romualdo, con gente de peso, por eso la gente lo odiaba. Muy arrogante era Oviedo, un auténtico cucufato de la Católica. La gente lo odiaba y andaba ganándose peleas, pero Oviedo no era muy peleón físicamente, le corría siempre a la trompeadera. Pero acá somos muy pacíficos comparando con México, donde los escritores mandan matones a los críticos que escriben mal de ellos para que les rompan una pierna. Yo lo he visto.

De tus crónicas, una de las más controversiales es la de Javier Heraud. No niego que tiene algo de homenaje, pero sobre todo es una desmitificación, una desmitificación bien dura…
¿Por qué dura? Yo no la encuentro dura, francamente. Yo sé que tú estás pensando en la conversación que narro al final; esa es la conversación entre dos muchachos de diecinueve años que están decidiendo si van o no a dejarse matar, como se hizo matar Heraud. Yo tengo todo el derecho de contar lo que cuento. Me he guardado cincuenta años esta conversación y la pongo ahí tal cual ocurrió. Me hubiera parecido terrible omitir algo tan importante como esa conversación con Heraud, que es parte de mis memorias de la guerrilla y de Cuba…

La impresión que le queda a uno luego de leer la crónica es que Javier Heraud se dejó matar por huevón, o peor aún, para no quedar como un huevón. 
Pero es que así fue. Eso es lo que quería. Le hacían bullying al pobre Javier. Él es una de las primeras víctimas de bullying en el Perú. En el Markham siempre lo trataban mal, le metían cabe, le metían la mano, yo sé lo que son esas cosas, porque yo he estudiado en el Guadalupe, que era un colegio más bravo, y se metían con los blanquitos. Como soy medio blanquito sufrí algún intento de ataque, pero yo les metía un patadón bien dado y ni más se metían conmigo. Yo me solidarizo con Heraud porque sé muy bien lo que pudo haber pasado. Pero su destino no fue el más trágico ni mucho menos, el de Chirinos Cúneo fue tan terrible como el suyo, sin duda.

Otra de las crónicas que has publicado, y que apareció en Caretas previamente, es la de Manuel Scorza, que fue muy discutida. Incluso sus deudos mandaron una carta a la revista exigiendo una rectificación. Tú has publicado la crónica tal cual en tu libro y, ciertamente, termina siendo el personaje más cuestionado del volumen…
Bueno, a la crónica le hice algunas leves correcciones cuando la publiqué, pero es esencialmente lo que salió en Caretas. Es un retrato duro, pero Scorza fue muy duro también en su momento; él cometió una cantidad de barbaridades y la mayoría no las cuento, felizmente. Está lo de Populibros, por ejemplo. Estafó a todo el gremio de escritores editándoles libros, pero jamás les pagaba regalías. Y encima se burlaba cuando alguien le reclamaba: “¿Por qué te quejas, si nadie te quería publicar y yo te he publicado? ¿No te gusta que lean? ¿Ah, sí te gusta? ¿Entonces, por qué reclamas? ¿Y encima quieres que te pague?”. Más conchudo era… A él le gustaba vivir bien y tenía un lindo departamento en Miraflores. Él tenía ese dicho famoso: “Miraflores es una isla de felicidad rodeada de Perú por todos lados”. No tenía escrúpulos, era muy arribista, muy oportunista. Y todo eso lo era descaradamente. Yo tuve oportunidad de verlo mucho. Aunque había mucha diferencia de edad nos llevábamos bien, aunque siempre quería aprovecharse de la gente…

Sí, pero ¿de dónde lo sacaste eso que escribes al final de la crónica: “la vez siguiente que supe de él fue cuando murió en un accidente de aviación, en el aeropuerto de Barajas. En una bolsa que su cadáver chamuscado aferraba con desesperación había, cash, 20,000 dólares”?
Eso me lo contó Julio Ramón Ribeyro, que en ese entonces estaba en la Embajada de Perú y había asistido a una escena entre el hijo y la viuda por la posesión del maletín. Y Julio Ramón era un hombre muy recto, muy derecho, incapaz de difamar a nadie. En cambio Scorza… Yo tengo una anécdota que no he incluido en mi libro sobre él y que involucra a Julio Ramón. Esto también me lo contó Ribeyro, de quien yo he sido íntimo. Tiene que ver con el premio de novela que convocaron Populibros y el diario Expreso a mediados de los sesenta. El premio tuvo mucha publicidad en radio y televisión, y tenía como premio mayor cincuenta mil soles. El hecho es que lo ganó Julio Ramón por Los geniecillos dominicales y Scorza no le pagó ni un solo sol de los cincuenta mil del premio. Fue una mecida colosal. Nunca le pagó. Se tiró la plata. Julio Ramón Ribeyro pudo denunciarlo públicamente, pero como era un caballero no lo hizo. Pero era un secreto a voces que Scorza era un pendejo. Hay mucha gente que lo ha sufrido. A Oswaldo Reynoso, por ejemplo, no le pagó nada por los miles de libros que vendió de Lima en rock. Además era un libro que estaba lleno de erratas. Hasta la carátula tenía erratas, y aunque Reynoso le había pedido que cambiara la carátula, Scorza vendía el libro así nomás. Y al título le faltaba una letra, carajo.

Hasta este punto hemos mencionado bastante gente que tú consideras polémica. Ahora déjame preguntarte, Rodolfo, ¿te  consideras una persona polémica?
A mí me consideran polémico porque digo lo que pienso. Yo no soy una persona que disfraza sus pensamientos o sus sentimientos. Si no, no estaría casado hace 28 años con una mujer que trabajó en la diplomacia de su país. Ella es holandesa. Ahí ella descubrió que la diplomacia era una carrera donde le enseñaban a la gente a mentir y a disimular. Y cuando me conoció a mí fue un flechazo, carajo. Yo siempre he dicho la verdad, que es algo que le interesa muy poco a la gente de este país. Aquí la gente miente como respira.

Te lo preguntaba porque en los últimos años te has visto envuelto en varias polémicas con poetas y escritores en general. Mientras repasaba la web buscando información para hacer esta entrevista, me reencontré con una confrontación algo virulenta con Renato Sandoval, en la que declarabas lo siguiente con respecto a su participación y a la de Ricardo Silva Santisteban en la Bienal de Montevideo del 2006: “Ellos son conocidos por su oficio, que presumo lo hacen bien y de hecho han traducido a numerosos poetas del inglés, del francés, hasta del finlandés, pero eso de ningún modo garantiza la calidad de su poesía, que está bien por debajo de la línea de flotación. Lo malo es que se presentaron como poetas, y su intervención hizo bajar el nivel de nuestra representación nacional, fue como echarle agua al vino.”¿Sigues manteniendo la misma opinión?
Bueno, Sandoval como poeta se defiende, pero para mí no es un poeta que cuente nada interesante. Nunca me ha gustado. Además es un conchudo, se cree poeta porque lo invitan a todas partes. Cuando estábamos en Buenos Aires –después de Montevideo fuimos a Buenos Aires-, la Embajada me invitó para leer unos poemas. A él no sé quien lo invitó, pero la cosa es que al final leíamos los dos juntos, él y yo, nadie más. Estábamos en el mismo hotel. Yo salí a tiempo para el recital, el sitio quedaba cerca, además yo era el poeta mayor ahí, yo tenía que cerrar el evento, así estaba programado. Pero Sandoval llegó una hora tarde, en limosina todavía. Lo estuvimos esperando, pero no llegaba. Y entonces tuve que leer al comienzo y él se las arregló para leer al final como si él fuera el poeta principal. Porque es así como se trata a sí mismo el amigo Renato, ¿no? Eso no me gustó nada. Además yo no sé qué hacía él en una reunión donde estaba yo, Carlos Germán Belli, entre otros poetas muy calificados. Es gente que se ha metido por los palos, con un poemita que les publican aquí y allá, como es el caso de Ricardo Silva Santisteban. Yo conozco la poesía de Ricardo Silva, y es pomposa, sentenciosa y muy menor, y tampoco ha hecho carrera en la cosa poética, que yo sepa. Han hecho carrera como traductores, han ganado premios por ese trabajo y por sus relaciones con los editores han logrado publicar poesía. Y pasan como poetas, pero no le dan diploma de poeta a cualquier cojudo, pues. Yo no creo que baste publicar un libro de poesía para ser poeta.

¿Cómo va tu anunciado cuarto libro de poemas, Dioses?
Ahí va, no le estoy dedicando mucho tiempo, estoy quitándome de encima algunas cosas pendientes. Por lo pronto acabo de terminar mi segundo libro de astrología. Como el primero que publiqué, El sistema astrológico (1973), del cual se vendieron cien mil ejemplares en América Latina y España, cumple cuarenta años, he querido sacar una edición nueva, distinta. Este viene con un CD para que puedas hacer tú mismo tus cálculos astrológicos y hagas tu carta astral. Tiene dos sistemas de interpretación, el clásico y uno nuevo que propongo yo, el de la astrología geomagnética. Va a ser publicado en Argentina, donde están muy interesados. Eso es para mí en este momento más importante que la poesía y la literatura. También he terminado un libro que son mis memorias gastronómicas, donde pongo en su sitio a Gastón Acurio para que no se robe la película.

¿Qué es lo que más te jode del actual boom gastronómico?
Yo al final de este libro me termino cagando de risa con eso del dar un día para el pisco sour, otro para la causa rellena, otro para el lomo saltado… me burlo de ese santoral que nos han inventado, de esas huachaferías que tenemos nosotros los peruanos.

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13 comments

  1. Quevedo

    qué persona tan vulgar y silvestre se ha vuelto el gran Rodolfo. Creo que el psicoanálisis le hizo daño, prueba de ello es ese pésimo poemario llamado Funeral de Casa Grande. Un poeta debe hablar de poesía, de belleza, de política, pero no de sus congéneres, y menos cuando estos están muertos y ya no pueden defenderse. Espero que respeten este comentario. Saludos por el blog.

  2. Manuel Rodríguez

    Bravo buena entrevista, y sobre todo que Rodolfo ponga las cosas en su sitio aunque por ahí a alguna tía le parezca silvestre, jajajajajaja.
    Por Cajamarca siempre se te quiere Rodolfo.

  3. Sebastián Pimentel

    Que Heraud haya sido reducido al joven revolucionario del Markham es problema de los reduccionistas, no de Heraud. Y no de trata de idealizar a Heraud, se trata de no reducirlo a ser un producto del bullying. Hinostroza habla con paternalismo, con aires de superioridad, y deja ver su displicencia o su desprecio. Heraud estuvo en Moscú, en China, con las juventudes comunistas internacionales, y finalmente en Cuba donde conoció a Fidel Castro, creo que en 1962 o 1963. Por esos años el mismo Vargas LLosa era comunista, así como lo fueron miles de intelectuales y escritores comprometidos. Era otra época. No es como ahora, que luego de la caída de los bloques ya nadie cree en ninguna ideología ni en una alternativa al capitalismo. Entonces, hablar de Heraud como de un patita que se metió al Frente de Liberación Nacional para demostrarles a sus amigos del Markham que supuestamete le pegaban cuando niño que él era un valiente, simplemente esa tesis es una soberana estupidez, por no decir una bajeza. Y más bajeza cuando Hinostroza se define como un machazo del Guadalupe.

    • yaco

      Touché
      Que viejo tan cretino, creo que descubrio tarde la honestidad, esta en una etapa de efervecencia, a su edad la sabiduria deberia estar por delante. Y este estilo-pensamiento mierda es lo que esta en frente hoy, creo que los viejos tiempos de los 50 de trato de altura se han perdido, ptm asi es la vida

  4. Alex Sifuentes

    Hinostroza es buen poeta, y por qué no, talvéz uno de los mejores que nos quedan con vida. Pero siempre fue un soberbio y engreído farandulero. Pero estos últimos adjetivos no le quitarán nunca lo primero. Es una lástima que el no piense igual, y se mande con “destapes” para supuestamente callar a quienes endiosan a figuras que hoy muertas lo ensombrecen. Si para él, el problema son los tontos que creen que porque uno es poeta también debe ser un santo, entonces se rebaja al hacerles una obra contra ellos. Espero más obra poética de él, que los constantes entrevistas y menciones para hacer alarde que está por encima del promedio “cultural” peruano.

    Mención aparte, eso de decir que se “termina con un mito” con la sola palabra de de Hinostroza, es propio de unos patéticos servidores al servicio de un “Dios”.

  5. Lacraman

    Bueno en verdad algunas confesiones de Rodolfo son bastante fuertes, creo que en este medio, sobretodo en el de poetas donde todos viven raspando o arañando al otro no sorprende. Pero me imagino que si se hablara de todas las pendejadas que ha hecho el Poeta Hinostroza, que en estos tiempo más parece un “Jodorowsky Decandente”, Alcanzarían para hacer otro libro de las dimesiones de sus “Primicias de la cocina peruana”. Más allá de la persona, siempre se espera un trabajo intelectual importante como en los mejores momentos de su poesía y no compartir la misma realidad “Cosmogonica y Alucinante” de el “Negro” Verastegui. El tiempo dirá quien termina como Chirinos Cuneo, pero en verdad no se lo deseo, aunque parece evidente que va x ahí

  6. danielnakasone

    Tras leer esta entrevista me quede con un mal sabor de boca, no tanto por las supuestas revelaciones que hace de varios poetas y escritores que él conoció sino más bien de cierta tendencia soberbia y falta de ética que Rodolfo hace pasar bajo aguas tibias de pretendida \”sinceridad\”. Lo que es ridículo en mi opinión es que él, considerándose poeta, pueda decir un comentario tan plano, mediocre e infantil sobre Heraud, no por que sea mentira o verdad lo que dice sino porque deja en claro que a partir del conocimiento que tuvo de él, su única interpretación del porqué de sus acciones y su militancia caiga en una simpleza que me sorprende del autor de Contranatura, y en cierto modo, decepciona.

    Lo único que me queda claro con esta entrevista es que quizá, pese a sus virtudes como poeta, sea el caso de Hinostroza el de aquellos talentosos tipos que no obstante, por su pedantería se vuelven insoportables u objetos de burla y algo de piedad.

  7. Helen

    Hinostroza ha aprendido rápidamente, o simplemente fue siempre así, que el escándalo vende y a él le gusta venderse. Lo que dice de Heraud no es creíble por carecer de sustento y pone un manto de duda sobre todo lo demás que afirma. Pero es su opinión y debemos a acostumbrarnos a respetar las opiniones de los demás. Me hubiera gustado que le pregunten si es verdad que comía grátis en los restaurantes en los que hacía “crítica” gastronómica hace varios años. La versión que circuló es que proponía a los restaurantes hacerles una crítica positiva a cambio de festínes pantagruélicos y que lo despidieron por rochoso.
    Ojalá no sea cierto..

  8. Liz

    Pero es verdad que lo han mitificado a Heraud, Hinostroza no miente, el poeta nunca disparo un tiro, mas de uno lo asegura y recuerden que murio de tiros en la espalda cuando corria, decir la verdad no es difamar, el mito rojimio se cayo hace tiempo

    • ungatosinbotas

      …técnicamente, mitifica el que trata de desmitificar. Para todos los demás Heraud, a través de lo que podemos tener de él que puede ser su obra, la que haya, y lo que podamos tener de su rastro, es una figura o sombra que ha quedado inconclusa para siempre. Podemos intentar a pintarle palabras a esa construcción según pongamos aquí y allá elementos comunes y también muchos propios sí. Pensemos en el Perú de la época que otros contemporáneos, como el propio entrevistado, han sabido, en cambio sortear tan bien. ¿Qué tenía que haber hecho Heraud ante el dilema de disparar un tiro a alguien y sus motivos para estar allí, para que su mito (sí, el de Ud) por ejemplo no se “quiebre”?. Habría que preguntarle al entrevistado qué le hace escribir lo que escribe o hacer lo que hace. A mí por lo menos Hinostroza siempre me ha parecido más bocazas que poeta. Por último quién le ha dao a éste el título?. Que venda libros de poesía no es todo el territorio del asunto. De hecho se sabe que hay mucho cojudo suelto, especialmente en los anaqueles dedicados a la poesía en la librerías, como cualquiera sabe.. Cómo es q este señor se clava solo en el trono y pretende lo que dice?, todos mis favoritos han sido como mínimo más humildes. Aquí lo único claro es que es el más viejo. Y no hay como preguntarle batallitas a un viejo, oye. Prueba con cualquier viejo y verás. El asunto de Heraud, volviendo al punto, es una desgracia notable que este señor lee a su manera pero no es la única, no importa lo este pato cuente.

  9. Pingback: El País Interior de Tulio Mora - La Higuerilla

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