Coca-Conga

La paradoja de ser peruano. Mientras la publicidad futbolera ensalza la unión dentro y fuera de la cancha el paro indefinido en Cajamarca muestra la fractura nacional.

“Si estamos juntos no podrán callarnos”. Los genios de la publicidad, el falso arte de envolver pescado, le quitaron el micro a Markarián, se zurraron en el Sheriff John MacNorman y convocaron al diamante Uribe, al Chorrillorón, a Julinho y a Farfán. Sí, son los comerciales de Coca-Cola.

“Con esta franja fuimos héroes. Fue frente a Uruguay en el Centenario”, dice, emocionado, Julio César.

Palacios recuerda su más celebrado gol: levantarse la camiseta para mostrar el Te Amo Perú. “Una frase que resumió todo lo que sentimos por la blanquirroja”.

Farfán reflexiona con la profundidad que lo caracteriza y repite el guión: “es hora de demostrar de qué estamos hechos”. A Julinho no hace falta citarlo.

Simplonas, contemporáneas (es un decir) versiones de versiones de versiones de “Contigo Perú”. Ya se sabe que cierto criollismo no hizo otra cosa que jugar en pared con Velasco. Ahora la dictadura es del mercado.

Esto es solo la descripción de un discurso. ¿Quién podría criticar a los publicistas por aprovechar el momento y hacer su trabajo?

Lo que llama la atención, más bien, es el contexto en que aparece.

Durante la Copa América de Argentina (julio 2011) diferentes productos también quisieron asociarse a la selección de fútbol. Y brindar junto a los hinchas. ¿Cómo?  Cantándoles la canción que quieren escuchar. El cuento de hadas que elude su origen sangriento para exaltar la fantasía. La ilusión.

Hace casi un año los goles de Guerrero fueron la excusa para una reconciliación epidérmica de las polarizadas elecciones presidenciales.

El  tercer puesto posicionó la falsa idea de un renacer futbolístico, de la mano de un “mago”, como correlato de un cambio mayor a nivel político. La selección se embarcó en el avión presidencial para llegar de Buenos Aires a la reinauguración del Estadio Nacional. Los recibió el saliente Alan García. Al día siguiente los jugadores visitaron al recién electo Ollanta Humala, quien, siempre para la foto, se animó a darle un par de toques al balón.

Nadie sabía lo que se venía.

14 muertos después (en 10 meses de gestión) Humala sufre las consecuencias de meterle una patada en el culo a la izquierda para transar con la derecha, con la cantaleta de asegurar la inclusión social.

Mientras el padre Arana mueve la olla de grillos e Isaac Humala pierde el vuelo (menos mal) en Cajamarca se exige que el gobierno declare inviable el proyecto Conga.

Y así llegamos al partido contra Colombia. Con más dudas que certezas, con lesionados y capitanes ausentes igual hay que salir a la cancha. Porque unidos nadie nos gana.

¿Qué diablos es Coca-Conga? Ese trago que el presidente se va a tener que tomar el domingo en el estadio. Sus principales ingredientes son la ilusión y la convulsión social.  Una escopeta de dos cañones que no deja de apuntarnos.

Juan Carlos Méndez.

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