Cuenta regresiva para una nueva eliminación

                                                            

Una derrota más sí importa. Foto: Efe.

A Silvia Freire y a Delfor Palacios, in memoriam

1

Empecemos con una verdad que, a estas alturas, es difícil refutar. El formato de Eliminatorias de todos contra todos es fatal para Perú. Y es fatal porque es el más justo y el que mejor refleja la situación de cada selección participante. Es un sistema al que es muy difícil hacerle trampas, y que hace quince años nos corrobora, casi sin margen de error, nuestro pobre y declinante nivel: sextos en 1998, octavos en el 2002, octavos en el 2006, décimos en el 2010. La primera conclusión objetiva tras estos resultados es que la selección peruana no va a mejorar mientras que la Federación no se reforme, los dirigentes que la encabezan no sean removidos, y se comiencen a cambiar los cimientos y la estructura de nuestro fútbol profesional. Está claro que con una dirigencia como la de Manuel Burga ir al Mundial está lejos de nuestro presupuesto; más aún: cualquier tipo de mejoría sostenida está negada de antemano. No por nada, hace algunos años, nuestro redactor Jerónimo Pimentel llamó, desde las páginas de la revista Caretas, a los hinchas y a los jugadores a boicotear a la selección hasta lograr la renuncia de la nefasta directiva del FPF y comenzar así esa fundamental transformación. Esta propuesta es para muchos una utopía, seguramente, pero sigo creyendo que es el único camino que tenemos para que el futbol peruano cambie y deje de ser el peor ejemplo de la región. No olvidemos que los colombianos le han puesto a su decadencia futbolística un apropiado nombre que nadie puede discutirle: peruanización.

2

Durante una década entera, cada vez que Perú se quedaba sin técnico a puertas de una eliminatoria o de una Copa América, nuestra prensa futbolera llamaba en masa al celular de Sergio Markarián para preguntarle si se animaba a dirigir los restos de nuestra selección. Y la respuesta del uruguayo siempre fue muy coherente. Palabras más, palabras menos, era esta: no puedo entrenar a Perú mientras que la directiva que existe siga en el cargo, pues con esos dirigentes es imposible trabajar en serio. Y bien, mientras tanto pasaron por el aro Maturana, Autuori, Uribe dos veces, Ternero, Navarro y Chemo. Todos ellos se convirtieron, más allá de las intenciones que los llevaron a aceptar el cargo, en cómplices de Manuel Burga y a la vez en fusibles que lo mantenían, proceso a proceso, eliminatoria tras eliminatoria, en el cargo. Lo legitimaron sabiendo que su labor al frente de la selección estaba frustrada desde su mismo origen y cada uno pagó las consecuencias de distinta manera: Autuori renunciando al ser perseguido por una comisión del Congreso, Navarro despedido y humillado por Pizarro –uno de los verdaderos dueños de la selección-, Uribe nublado por su ego y expectorado como un perro del puesto, Chemo soportando una larguísima eliminatoria en la que se engulló las más bochornosas goleadas que un hincha peruano recuerde. Markarián, digno, sobrio, triunfador en los clubes que tomaba a su cargo y en la selección de Paraguay, miraba todo de lejos y de cuando en cuando reconocía su pena por ese Gólgota infinito por el que el fútbol peruano estaba condenado a transitar.

Lo vamos a desenmascarar. Foto: Efe.

Hasta que, un buen día, Markarián marcó un nuevo récord en las Olimpiadas de la Contradicción y anunció que, luego de entablar un diálogo con los probos y honorables dirigentes de la FPF, aceptaba ponerse el buzo de entrenador de Perú. ¿Era eso serio? ¿No era ese señor que posaba junto a Burga el mismo que se negaba siquiera a considerar la posibilidad de ponerse a la orden de una dirigencia ineficiente e irresponsable con la que era inviable emprender un trabajo a largo plazo? ¿Qué sucedió? ¿De pronto Burga se convirtió en un intachable Harold Mayne-Nicholls sin que nadie, excepto Markarián, se diera cuenta? ¿La FPF, esa guarida de grisuras y nulidades, habíase trocado súbitamente en una franquicia de la Deutscher Fusball Bund? Nunca he logrado comprender el sorprendente cambio de opinión de Markarián. De pronto, por arte de magia, el pillo era íntegro, el pícaro un virtuoso y el bribonzuelo depositario de una inflexible decencia. Su destino, como estaba escrito, es similar al de todos sus antecesores. Es verdad que su comienzo fue bueno. Pero también bastante engañoso: le ganó a Canadá, a Jamaica, a la selección B de Senegal, a Panamá y empató con Japón B y con República Checa B. Le ganó a una Costa Rica sin estrellas e hizo una buena Copa América. Luego, una eliminatoria que pinta para ser igual, sino peor, que las anteriores. Hasta este momento, estadísticamente, solamente supera a la Eliminatoria de Chemo del Solar. Y todo hace indicar que la herida de muerte se la infligirá Colombia este 3 de junio y el tiro de gracia su querido Uruguay siete días después. Ese Uruguay al que juró que nunca enfrentaría luego de su experiencia con Paraguay. Pero bueno, ustedes saben como es Markarián con los juramentos. Gajes de su proverbial inestabilidad emocional, aquella que lo hizo pelearse con casi la totalidad de los jugadores de Universitario cuando los entrenaba en los noventa e insultar a un hincha en el aeropuerto que le recrimina –con absoluto derecho- el dejarnos humillar por Chile para constatar en un microciclo lo que ya todos sabíamos: que Álvaro Ampuero es un jugador  con condiciones y los otros veinte convocados restantes no.

La necesidad de sostener el mito aquel del Markarián salvador no se detiene: en el próximo partido de preparación el rival será Nigeria. Pero no Nigeria con sus titulares –que dicho sea de paso, jugador por jugador es más que Perú-, no Nigeria B, sino un equipo formado por jugadores juveniles de la exótica liga local y cuatro extranjeros de discreto nivel: uno de ellos juega en la tercera división española, el otro en la tercera division italiana, otro en uno de los clubes coleros de la liga turca, y el de mayor renombre alterna en el Torino, que acaba de ascender a la Serie A. De esta impronunciable nómina de desconocidos el que más partidos tiene con su selección suma cinco convocatorias. La mayoría de este plantel nigeriano debutará con la camiseta de su país esta noche en el gramado del José Díaz. Es decir, nuestro último partido antes del encuentro con Colombia va a ser contra algo que muy piadosamente podríamos considerar Nigeria C. Sorprende que la prensa deportiva no haya llamado la atención sobre esta broma de partido de fútbol, de cuya completa inutilidad es muy consciente Markarián. Pero entonces uno recuerda que es la misma prensa que condenó al basurero de la historia a Chemo del Solar por convocar setenta jugadores a la selección para las eliminatorias de Sudáfrica y que con Markarián, que hasta esta fecha ha llamado casi a ochenta, calla en siete idiomas. Y de pronto todo cobra sentido.

3

Los todavía muchos hinchas leales a Markarián –quienes, con el transcurrir de los próximos partidos de eliminatoria decrecerán dramáticamente en número- enarbolan el tercer puesto que Perú alcanzó en la última Copa América como argumento definitivo contra los que osan criticar al uruguayo. Comprendo que en un fútbol tan mísero como el nuestro esa medalla de bronce pueda ser para algunos la prueba que estaban esperando de que nuestra selección por fin va a dejar de dar vergüenza en todas las canchas a lo largo y ancho del continente. Pero ese dedo ya nos lo han metido antes, muchas veces, en los últimos veinte años. Y todas las veces que nos lo metieron lo aceptamos felices e hicimos, puntuales, la cola para comprar nuestra ración de sebo de culebra con ese candor que algunos benévolos insisten en llamar fe.

Cuando Cienciano ganó la Sudamericana en el 2003 un gran porcentaje de hinchas aplaudió la pueril demagogia de Ternero, quien no paró hasta ser técnico de la selección, destruir en un mes su relación con los referentes y hundir al equipo en una serie de goleadas ignominiosas, entre las que destaca ese partido en Barranquilla donde nos comimos, vía Chiquito Flores, cinco goles colombianos.

Igual ánimo despertó el casi más añorado por los hinchas menores de cuarenta años: la Eliminatoria para Francia 98. Esos veinticinco puntos con los que nos quedamos por diferencia de goles fuera de la final. Oblitas, a quien al principio del proceso le rogábamos que nos saque del fondo, estuvo a prácticamente nada de lograr lo que, recordando nombre por nombre la selección de aquel entonces, era casi un milagro. Durante los dos años siguientes se habló mucho de las enormes posibilidades que teníamos para ir a Corea-Japón, impresión que se reforzó con el surgimiento de quien estaba llamado a ser el nuevo goleador de la selección desde Franco Navarro: Claudio Pizarro (quien, cuatro eliminatorias después, exhibe la portentosa cifra de cuatro tantos en esta clase de partidos; ninguno de ellos fue decisivo para alcanzar victoria alguna). La creencia de que estábamos por buen camino parecía volverse realidad con la victoria contra Paraguay en la primera fecha y el empate contra Chile en la segunda. Luego, todo fue debacle. ¿Y el primer puesto en el grupo de la muerte en la Copa América de 1993? ¿Y el buen comienzo con Autuori, que tenía 8 puntos luego de jugar contra Uruguay en la primera ronda? Se acercaron todos los hinchas y lo rodearon con su ilusión, pero ay, el cadáver siguió mirando el Mundial por la tele.

Malinterpretamos y sobredimensionamos las breves buenas rachas y tenemos pésima memoria para las viejas vergüenzas que pasamos, que son muchas. Nos olvidamos de esos datos, gélidos como un informe forense, que nos retratan de cuerpo entero: desde 1999, hace trece años, Perú no puede ganar dos partidos oficiales seguidos. ¡Trece años! ¿Qué selección puede aspirar a ir a un Mundial con semejante losa a sus espaldas? Eso sin mencionar otra cifra que nos sumerge más en el descrédito: la última vez que Perú ganó un partido de visita por eliminatorias fue en el 2004, contra Uruguay, con Autuori. Hace ocho años. Pero no lo queremos recordar. Como no queremos recordar tampoco que el fútbol peruano ha renacido media docena de veces en los últimos veinte años para volver a internarse en su cripta nuevamente dos partidos después. Es un Lázaro sistemático, circular, acosado por una incesante sucesión de deja vu que no lo deja descansar en paz.

El hombre más repudiado del Perú. Fuente: Líbero.

Es por ello que el entusiasmo que aún suscita Markarián me deja frío. A pesar de que la historia nos ha restregado nuestra realidad en la cara una y otra vez, nos entregamos alegremente como lemmings a la inmensidad del océano de nuestro más ciego y monolítico anhelo: ir a un Mundial de fútbol, no importa al precio que sea. No importa que Burga, ese dogmático del cretinismo, se quede veinte años más en la presidencia de la Federación. No importa que nada haya cambiado ni cambie en las precarias estructuras de las instituciones que representan a la selección y a los clubes. No importa que en la Libertadores solo seamos un poco mejores que los equipos bolivianos y que vivamos acumulando derrotas dignas de equipo indonesio (como el no muy lejano 9-0 que el Defensor de Uruguay le endilgó al Sport Huancayo). No importa que Pizarro maneje a su antojo a todos los técnicos de la selección que han venido desde el 2002 y que sea un capitán indigno de la banda que alguna vez lució Héctor Chumpitaz. Sobre esto es emblemática una anécdota que el pudoroso Daniel Peredo jamás contaría. Poco antes del decisivo partido contra Ecuador en Lima durante la eliminatoria con Autuori, Pizarro escuchaba su Mp3 en el vestuario. Solano se le acercó: “Claudio, ¿no crees que sería bueno reunir a los muchachos para hablarles antes del partido?”, a lo que el desangelado delantero, sin quitarse los audífonos, replicó: “¿Para qué? Si ellos ya saben lo que les voy a decir”.

No importa, nada importa. Lo único necesario cada cuatro años es conseguir a ese Mesías que nos haga creer que es posible lo que objetivamente es inalcanzable. Esta vez el nuevo cómplice de Burga ha levantado su propio mito, del cual viviremos hasta próximo aviso: el celebradísimo tercer puesto de la Copa América del 2011. Vivimos buen tiempo del de la Eliminatoria del 97, que para mi generación era el prometedor comienzo de algo bueno y se terminó convirtiendo en lo mejor que hemos alcanzado en los últimos dos decenios, en nuestro más preciado objeto de nostalgia, en el plato fuerte de Clásicos a mano, ese programa tramposo que nos presenta un Unión Minas-Sport Coopsol del 2001 como una auténtica epopeya y a Oscar Dertycia como el Cantona que nunca supimos ver.

Así que si me alguien viene y me dice la selección está de vuelta ¿estás tú? Yo sonrío, y antes de cerrar la puerta respondo: no, yo ya no estoy. (José Carlos Yrigoyen)

Advertisements

15 comments

  1. L

    Pero una derrota más ¿Si importa? El desastre que se avecina ¿logrará mandar a Burga al exilio? ¿Reaccionaremos, al fin?

  2. diegoganancia

    Jose Carlos, leí tu artículo, hay cosas que son ciertas pero son casi verdades ‘universales’ que ni siquiera un Presidente puede cambiar (recuerda que hasta Alan García le pidió al mafioso de Burga que se largue y la FIFA lo mandó a callar). La dictadura de Burga es avalada por la FIFA y, como la nuestra, como recuerda Jorge, existen en muchos países que han ido a un Mundial. Si tu lucha es contra la dictadura, tendrás que escribir artículos desalentadores y pesimistas hasta que se muera Manuel Burga. No estoy bromeando. Recordarás que Burga toma la batuta de otro narco, Delfino. Esto es la Cosa Nostra en nuestras caras peladas y san se acabó. Pero echarle TODA la culpa a Burga y en especial tomar de carne de cañón a Markarián es ingenuo. El fútbol está podrido y tu culpas al hincha, al que cree, lo llamas bobo, te burlas. Lo curioso es que un artículo como el tuyo salga cuando la eliminatoria recién empieza. Dios santo: hemos jugado tres partidos TRES!!! En todo el artículo has analizado todo menos el estado actual del campeonato peruano. Ni siquiera has dicho lo que has repetido más de una vez con el pragmatismo del que cree ser hincha del Barza: ‘quiero puntos’. Lo que haces en casi todo momento es minimizar, rebajar, hacer cargamontón: para mí, no es coherente ni sano recordarle el cáncer al paciente cuando la quimioterapia está en progreso pero tú lo haces como hobbie. Sobre Markarián podrás decir lo que sea: nadie, como él, sabe las mil mierdas que se mueven dentro de la FPF y lo cagados que siempre han sido los ‘referentes’ (citas a Nol Solano para embarrar a Pizarro y no mencionas ni UNA del experto en camitas!!). Markarián no es un hombre joven y ya ganó mucho de lo que tenía que haber ganado. Ha venido acá a enriquecerse? Difícil. A su edad, por el cariño que le tiene al Perú (no en vano dirigió y ganó aquí), decidió acceder a la petición del pueblo peruano que ahora, con periodistas como Buttlers (tu maestro, comprobado), ya empezó a tirarle piedras sin esconder la mano.

  3. Armando

    “Y todo hace indicar que la herida de muerte se la infligirá Colombia este 3 de junio”. Querido Jose, tienes razón en muchas cosas, quizá en el 90% de lo que has escrito, pero esta frase queda tirada ahí, sin argumentos que la sustenten, más que el peso de la mala historia que arrastramos, la estadística como losa en nuestras espaldas. Solo pregunto: ¿por qué piensas que todo hace indicar que Colombia nos ganará en Lima? Hemos ganado nuestro único partido de local hasta el momento en esta Eliminatoria, los otros dos de visita era previsible perderlos. Como probablemente perdamos contra el cuarto del mundo y campeón de la Copa América, Uruguay, en su propia casa. Pero ¿por qué habríamos de perder con Colombia en Lima, de locales, siendo nuestro último resultado contra ellos hace menos de medio año y favorable a nosotros? ¿No hay, solo en este punto, un poco de arbitrariedad en tu pronóstico? ¿Un poco de ganas que las estadísticas se reafirmen? Porque si de estadísticas se trata no había forma de que quedaramos terceros en la Copa América, ni que le ganaramos a Colombia, que había quedado primero en su grupo, ni siquiera que le ganáramos a Venezuela con contundencia el tercer puesto. ¿Acaso el fútbol no carecía de lógica? ¿Acaso el fútbol no se trata de creer, como hinchas, hasta el final, olvidando precisamente esas viejas verguenzas? ¿Acaso el mejor hincha no es el que alienta cuando todo parece venirse abajo? No creo que la selección esté de vuelta -¿de vuelta de dónde, además?- pero creo que debemos estar ahí, aunque sea detrás del televisor, alentando, creyendo. Con la fe de una religión. La religión del hincha, que no por falsa deja de ser importante.

    Un abrazo, y muy buen texto. Se explica mejor que tus estados de Facebook, al menos. Jajaja. (Con cariño).

    A.

  4. Raul

    Más que preguntarnos porqué la “peruanización” no es más valioso invertir el vaso y preguntarse porqué tuvimos una época dorada??

    • Irma

      Perdon?, cual epoca dorada? Es que aun creemos en eso? En el exterior somos un país que esporadicamente ha producido nombres…. como cualquier pais que medianamente juegue al futbol (Costa Rica, Ecuador, Chile, tal vez). Parece increible que haya personas que aun consumen eso mitos.

  5. Renzo Castillo

    hola, el 9 a 0 de Defensor Sporting no fue a Sport Áncash (como dice la nota), sino a Sport Huancayo.

  6. Rómulo

    Totalmente cierto. La selección que dirigió Oblitas prometía mucho para la Copa América de Paraguay, el 99, pero fue eliminada, después de estar ganando 2 – 0 y con un dominio casi absoluto del partido, por México. Un fiasco. Esa selección que había despertado tantos entusiasmos (el cuarto puesto de la Copa América anterior, el 5to, y no sexto como mencionas, puesto en las Eliminatorias) no pudo, no fue capaz de consolidarse.
    Pero también hay un asunto de continuidad, José Carlos. Y no me refiero a entrenadores. Me refiero a proyectos integrales de formación de jugadores. No sirve de nada cambiar la dirigencia de la Federación, la estructura de la misma y de los clubes profesionales, si no hay una política de juego, un estilo en el que se formen futbolistas. Algo similar a lo que hizo y hace el Barcelona desde Cruyff. Me parece que no tenemos identidad ni siquiera en el fútbol. Y eso, no tengo dudas, será lo que nos termine pasando la factura.

    • salvador

      Muy buen comentario, no me importa nada el futbol de aqui desde que Oblitas dirigio a la ultima mas o menos buena seleccion, por eso hoy en este mundo globalizado yo soy hincha del Chelsea, sabia que le ganabamos a los españoles, subditos de un rey asesino y sacavueltero. No les deseo suerte en las eliminatoria porque ni con eso van

  7. Samith Farach Vela

    De alguna forma este artículo nos pinta de cuerpo entero, pero ¿es la radiografía de una muerte anunciada? Todo este discurso pesimista – inexorable no hace más de decirnos lo que ya sabemos. ¿Le hacemos caso? Creo que subestimas al hincha. Solo el hincha puede ver las cosas ‘como no son’, sin objetividad. Lo vemos con pasión, con fe, sin cálculos, sin páginas cuadriculadas ni rígidas posiciones.

    Yo también creo que Perú no irá al mundial. Sin embargo, cada eliminatoria todo se borra, todo comienza en cero, como los puntos cada nueva clasificatoria. Y estoy tan orgulloso de tener en mi pecho la franja roja, que no me importa haber perdido 6 a 0. Seguiré alentando.

    Creo que subestimas al hincha. Tú ya no eres hincha. No vives con pasión un sueño. Has caído en la mediocridad de la crítica que no cambia nada.
    *****
    Lo demás lo corresponde a los dirigentes, a las autoridades que están inmiscuidos en el balonpié. Este artículo es para tratar con ellos. Con los hinchas es otro el cantar.

  8. consthurag

    No fue Chiquito Flores sino Diego Penny el que se comió esos 5 goles. Infórmate bien antes de adjudicar cosas a gente que no fue, sr periodista

  9. Cosmo

    Una cosa para empezar: sería bueno que fundamentaras el enunciado “Pizarro es dueño de la selección”. No es de gente honorable dañar honras ajenas sin pruebas (y con pruebas no me refiero a la chismosería de vieja “fulano contó la anécdota”). No soy hincha de Pizarro. Por la selección ha hecho poco o nada. Pero me apena ver que un comentarista con tan buena pluma como usted y que leo con placer caiga en sugerencias irrespetuosas para con cualquiera, llámese Pizarro o XXX.

    Por lo demás, es verdad que las posibilidades de la selección son casi nulas o simplemente nulas, que los logros rozan el milagro y que si todo se repite cíclicamente es porque todo sigue igual desde hace mucho: la improvisación, la ineficiencia, el comechadismo, los parásitos con dos dedos de frente que piensan vivir del fútbol hasta que no le quede ni huesos ni las uñas ni los zapatos viejos al muerto. No hay que ser un genio para notarlo: la cruz pesa y quema sobre las espaldas de cada hincha. Si la gente cree es porque la pasión, como las miles de cervezas que ya se están alistando desde hoy, es el condimento necesario para la diversión dominical. También para la depresión de los lunes, claro. Y por eso cada vez son menos los que se comen el cuento de la ilusión. Creo que, en cierto sentido y sobre todo, fingimos, fingimos creer como “parte de este juego”, como diría el filósofo, cuentista, músico y ex conductor de TV Giarfranco Siñago.

    Y eso no va a cambiar si le ganamos a Colombia. Eso solo cambiará cuando Perú tenga en la banca a un puñado de jugadores como Farfán, Guerrero o Rodríguez esperando ansiosos su turno para entrar a jugar, cruzando los dedos para que se lesione el titular, que juega mejor que ellos y solo cojo les dejaría espacio en cancha. En la banca, señores, se ven los equipos capaces de enfrentar torneos largos, pesados, difíciles y muy competitivos como en efecto es esta Eliminatoria. Y nuestra banca es algo así como unos trapos con cuatro palos de escoba y un balde de agua a modo de residencia.

    Sobre Markarián se pueden decir muchas cosas. Yo lo veo trabajar. Que eso redunde en algo en este océano de estiercol, donde se pretende salir a flote aferrado a una pelota, es improbable. Pero siempre me ha gustado la frase de Toledo en circunstancias como esta “Dééjenme trrabajarr”. El futuro ya se encargará, calladito, de cerrar la tienda y apagar las luces.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s