Inteligencia Militar

Guardianes y reyes filósofos: la alianza Humala-Vargas Llosa
 

La entente Humala-Vargas Llosa

“Los peruanos no necesitamos un filósofo ni un pensador, sino un gerente que sea capaz de resolver y ejecutar las obras.”

                Keiko Fujimori. Junio del 2009

 

La raíz del miedo a una militarización está en una inevitable pregunta ancestral: ¿quién es el más apto para gobernar? El presidente Ollanta Humala ha extendido la pregunta hasta la República de Platón.  Su reciente invocación a “los guardianes socráticos” es una libre interpretación del rol de los militares como protectores del estado.

Pero el dilema se mantiene en pie. ¿Quién es el llamado a liderar esa república? Para Platón es el rey filósofo. Solo él tendría la virtud y la capacidad de estar al mando de “la nave” del estado. La sofocracia platónica se plantea, a grandes rasgos, como una alianza indispensable entre el filósofo y los guardianes (es decir, los guerreros).            

En la Lima actual, pocas propuestas políticas ahuyentarían más a la ciudadanía que una alianza entre intelectuales y militares.

El miedo a la militarización nos dice que un general es lo opuesto a un ser racional. Que quien usa las armas no lee, no discute y no sabe lidiar con las discrepancias. Ejemplos ha habido muchos. Pero se trata, finalmente, de una generalización gruesa. Lo más divertido es que ese lugar común se reproduce en las redes sociales, reino del maniqueísmo y la intolerancia donde hasta el más reflexivo se ve reducido a una burda polarización: me gusta o no me gusta, follow o unfollow, amigo o enemigo.

La historia y la geopolítica lo demuestran. El falso oxímoron “inteligencia militar” no pasa de ser una humorada de Groucho Marx. Pocas instituciones en el país han convocado a tantos intelectuales a sus filas como el CAEM. Para bien y para mal.

Pero el miedo a los intelectuales en el poder es aún mayor. Se les acusa simultáneamente de ser abstractos (como a Bustamante y Rivero) y de tener ideas peligrosas (como a Vargas LLosa). El caso más radical es el de Abimael Guzmán. En su libro Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú–Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999 (IEP, 2010), Carlos Iván Degregori precisa que “nunca hubo un movimiento armado en América Latina que diera tal importancia al componente intelectual de su propuesta y a la condición de intelectual de su jefe máximo, el doctor Abimael Guzmán, entronizado en afiches y pinturas con todos los atributos del intelectual: anteojos, terno y libro bajo el brazo”. Para Degregori, Guzmán es el “rey filósofo (que) buscó aliarse con los bárbaros, no para destruir la ciudad letrada sino para tomar el poder dentro de ella con el fin de resaltar todavía más la distinción entre letrados y bárbaros”.

Por eso la reciente alianza entre Ollanta Humala y Mario Vargas Llosa sorprende y genera terror en cierta clase alta limeña. Además, confunde. Se trata de una relación en la que se han invertido los roles clásicos. En este caso en particular, el intelectual es el guardián. Es él quien articula la narrativa de las decisiones que toma el “rey militar”. Hubo antecedentes similares en la historia contemporánea. Quizás el más notorio fue el de Juan Velasco Alvarado leyendo los alambicados discursos del sociólogo de Cornell, Carlos Delgado. También podría mencionarse el pedido de renuncia dirigido a Leguía que el propio Bustamante y Rivero le ayudó a escribir a Sánchez Cerro.     

Pero la entente Humala-Vargas Llosa es única. Primero, porque intenta liderar un gobierno democrático. Y segundo -y esto sí es profundamente platónico- porque se trata de una alianza entre líderes con una doble formación. Por un lado, Vargas Llosa ha sido disciplinado bajo la férrea estructura militar del Colegio Leoncio Prado. Por el otro, Humala ha sido obligado a peinar la biblioteca sanmarquina de su padre, Isaac Humala. Basta una mirada a la historia de la célula Cahuide para comprender lo entrelazadas que están ambas familias. Y lo mucho que ambos se parecen entre sí, no solo cuando corren por las mañanas.

Carlos Cabanillas

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7 comments

  1. alcaravan

    Me parece un error considerar a MVLL como un equivalente al aristócrata filósofo que encarnaba el ideal de gobernante griego. Yo lo veo más cerca de una de las clases deformadas, también definida por Aristóteles, como es la timocracia. Creo que los ideales de MVLL no llegan ni por asomo a lo que era buscado para gobierno ideal en La República.

    MVLL se mueve más en la necesidad de acumular reconocimientos (esto forma parte de su caracter), con lo cual, considero que está muy lejos de representar el papel que le asignas

  2. matamosmenos

    Yo creo que la figura encaja.

    Durante su candidatura presidencial MVLL buscó hacer, en sus palabras, “pedadogía”. Lo suyo pretendió ser una campaña civilizadora por su visión de lo que eran las ideas liberales.

    El mensaje no fue correctamente dosificado. Como cuando un spot caracterizó a los empleados públicos como monos.

  3. Pingback: Di-sol-ver. Balance 2011 (II). | Nosotros matamos menos
  4. Daniel Hurtado Brenner

    Interesante punto de vista a partir del cual pueden salir reflexiones mucho mas sensatas e inteligentes que los que han soltado quienes me preceden en esta lista de comentarios. La respuesta en el Perú de los ultimos 10 años estaría en la a veces odiada, por no ser ni militar ni ideológica y menos filosófica respuesta: PRAGMATISMO.

  5. Manuel Aguirre

    Me permito una intervención a fin de opinar respecto a lo que se dice en este artículo, aunque no soy un académico, pero a mis años estoy un poco cansado de la incesante crítica vacía de todo, por todos los que disponen de una vitrina, sin aportar una sola idea que al menos pretenda dar una solución alternativa a lo que se critica.
    Por otro lado, no se pueden lanzar, gratuitamente, aseveraciones sobre los que uno no conoce con cierto detalle. En este caso, el autor dice que Vargas Llosa “ha sido formad bajo la férrea estructura militar del colegio militar” y que ello explica su aproximación a Ollanta Humala. Deseo puntualizar que miles de individuos han estudiado en ese colegio y luego han procedido a construir sus vidas en los más diversos campos. La disciplina del colegio militar, en Lima, es lo que podríamos llamar, “ligera”, el colegio militar de Lima es un colegio, ¿se entiende lo que digo?. Yo he sufrido 5 años en la escuela militar de Chorrillos y puedo dar testimonio de lo que es férrea disciplina militar. El colegio militar es cuestión de niños y me atrevo a decir que más aleja que atrae hacia la vida militar y a la disciplina. Piensen en los concursos de masturbación y lanzamiento de semen de los que da cuenta MVLL en su novela La ciudad y los perros. Eso no podría ocurrir jamás en la escuela militar. El trabajo físico y los castigos son tan intensos que los cadetes caen muertos sobre sus camas a las 9 de la noche y al día siguiente los les dan 5 minutos para levantarse, tender su cama, bañarse, afeitarse, vestirse y salir a formar para la educación física matutina.
    Insinuar que MVLL es un militarista, resulta tan traído de los pelos, como creer que Pantaleón Pantoja realmente existió y organizó un sistema de visitadoras en la selva peruana, por encargo de su comando. Lo que MVLL está buscando con este acercamiento, probablemente resulta de la preocupación por la continuidad del estado peruano, tal como está en la actualidad (crecimiento sostenido por más de 10 años a un nivel record). Probablemente MVLL ha llegado a la conclusión de que si él no auxilia y aconseja a Ollanta, el asesoramiento vendrá de Chávez y en ese caso, amigos, vamos a llegar al destino de CUBA, pero no en 50 años, sino en 5 o 7.
    Los viejos (y MVLL ya es un viejo), a diferencia de los jóvenes que piensan que pueden cambiar el mundo (yo también he sido joven, todos hemos sido jóvenes, algún día), tratan de hacer lo mejor que pueden para lograr el bien común, dentro de lo que cabe.
    Por lo menos, MVLL está haciendo algo, sin criticar, sin preocuparse de las injustas críticas de gente que no le llega ni a los zapatos.

  6. Pingback: NMM: Poniendo La Cara | Nosotros matamos menos

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