Mono Sapiens

¿Qué tienen en común Phillip Butters, Susy Díaz y la selección de Ecuador? El Cornelismo Internacional. Tranquilidad. Los monos con metraca lo aclaran todo.

UNO

La noche del martes 8 de noviembre las redacciones se paralizaron: Phillip Butters había sido sancionado por el Tribunal de Ética de la Sociedad Nacional de Radio y Televisión (SNRTV). ¿Cuál era el motivo? Haber dicho, en febrero, que si veía a un par de homosexuales besándose frente a su hija, se uniría a ellos. Y los separaría a golpes para dar el ejemplo.

La sanción ordenaba a Butters  pedir disculpas públicas. Él ha respondido que ni de a vainas. El MHOL ha iniciado un proceso penal “por delito contra la humanidad, en la modalidad de discriminación” en contra del popular “mono blanco”.

Phillip Butters

DOS

Les decimos monos. Luego del crimen de Walter Oyarce, un opinólogo cuyo nombre no recuerdo escribió algo que sí se quedó entre las orejas. La animalización verbal del enemigo (“mono”, “gallina”) es una estrategia para deshumanizarlo y convertirlo sin remordimientos en víctima. Se trata solo de un animal.

Jaime Pulgar Vidal, periodista deportivo graduado de historiador, me dijo que en una entrevista que los ecuatorianos nos ven de la misma manera que nosotros miramos a los chilenos. La herida territorial: los “monos” perdieron la mitad de Loreto a manos de las “gallinas”.

Desde que se empezó a jugar bajo el sistema “todos contra todos” –eliminatorias para Francia 98-, Perú se ha enfrentado 4 veces con Ecuador de visita. Tres derrotas (4-1 en 1996, 2-1 en el 2000, y 5-1 en el 2007) y un empate (0-0 en el 2003) es el saldo.

Perú tratará de hacer historia en Quito el martes 15 a las 4 p.m.

Edison Méndez, seleccionado ecuatoriano.

TRES

Es unánime. Todos se quieren casar con Susy Díaz. Magaly ha inoculado a través de la tevé un reality donde la ideología “vive la vida y no dejes que la vida te viva” y sus escarceos dizque amorosos con un chibolo que no merece ser nombrado (¿serán los celos?) la está rompiendo.

Aunque desordenadamente, he prestado atención a los capítulos del programa. Horas antes de boda (lunes 14, 9:30 pm) me he preguntado: ¿por qué estoy viendo esta mierda?

Alguien que respeto mucho me dio una pista. Me dijo, refiriéndose a las diferentes maneras de homenaje escrito que recibió cierta persona, que la más memorable había sido aquella que contaba una historia. Ni la que describía su belleza, ni aficiones, ni logros. No. Aquella que relataba una anécdota donde el personaje adquiría significado y permanencia mientras las otras notas eran una suma de palabras barridas por el olvido.

Ese puede ser un factor.

Quizá el otro tiene que ver con esa teoría que dice que la burla es en el fondo una expresión de alivio: celebras no ser quien metió la pata. Celebras no ser el mono (a) del circo.

Se casa el lunes 14.

CUATRO

Conocí a Luis Miguel Hermoza cuando se iba. Hace 15 años más o menos. Era de madrugada y cuando se acabó el trago alguien mencionó su nombre y la palabra despedida. De pronto estábamos en su sala y había licor. No cruzamos palabra.

A Luis Miguel lo volví a ver hace un par de años en una de sus visitas a Lima. Me enteré que había estudiado  Filología Románica en Barcelona y que ahora era Dj en París. Esa noche un carro conducido por una mujer se estacionó en la puerta del bar. Él se paró. Corrió. Abordó el auto. Y se fue sin pagar sus chelas. Todos lo maldecimos.

Hace unos días recibí un correo suyo en el que me conminaba a leer “El Cornelismo Internacional”. Obedecí. Y me he encontrado con un gran libro de poesía. En realidad es un gran libro que merece ser destruido. Debe ser cortado en pedacitos y luego ser reescrito completamente. Pero es un gran libro. Allí está.  Palpita.

Simoestien

Ironía. Esa es la llave que abre el cofre donde se oculta el corazón de este libelo. Bajo el truco del manifiesto que clama el exterminio humano, la verdad es que hay un canto a lo Whitman. Hay por allí también algo de Moro y si se fuerza el asunto hasta se podría hablar de Nietzsche. Pero sobre todo está Hermoza, el autor, quien define el cornelismo como “una línea de pensamiento pesimista frente futuro, que sueña con un planeta sin seres humanos y dominado por una nueva especie: el Simio Pensante”.

Evidentemente la revuelta nace de la frustración contemporánea: “TODO va a mil por hora en nuestra época. Los sentimientos, las creencias, los deseos e identidades, todo tropieza y arremete contra si, oscila al ritmo y voluntad de nuestros fantasmas. Hoy queremos ser esto, mañana querremos otra cosa. Los sueños se superponen y caen nuevamente, porque detrás de cada uno de ellos hay otro esperando, y otro más, y otro aun más sediento de nuestra sangre haciendo su cola (…). Y, en consecuencia, irremediablemente me duele. Y como me duele, sufro. Y como sufro, huyo”.

Dentro de su ironía también es una advertencia: “Se levantará la Naturaleza, Rey y Reina del Kaos, a poner orden de un manotazo con su lógica contundente, haciendo de nosotros polvo, barro, tierra”.

Todo salpimentado con momentos de absurda lucidez: “CADA pedazo de tela que comemos, cada cuartilla de papel que vestimos, cada zapatilla que hervimos en la sopa, cada bolsa de plástico que llevamos en los pies, cada trazo de tinta con que nos maquillamos por la mañana son la manifestación más pura de la esperanza cornelista”.

Dudas y murmuraciones: aquí.

Juan Carlos Méndez.

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