Hildebrandt y Ortiz: apuntes para una breve historia del periodismo televisivo reciente


Uno de los últimos méritos de César Hildebrandt (CH) fue haber consolidado el –improbable- espacio de las 11 pm para el periodismo televisivo. En el 2001, con una frágil democracia de estreno, toneladas de crímenes y corruptelas por desvelar, y una mafia en plan cuarteles de invierno cuya disolución y reinvención aún sufrimos ahora, Frecuencia Latina lanzó ‘A las 11 con Hildebrandt’, un espacio que en la simpleza del título resumía su promesa: fundar un horario a través de un personaje.

El programa tuvo secuelas (‘En la boca del lobo’, ‘Hoy con Hildebrandt’, ‘El perro del hortelano’), competencia (‘Prensa Libre’ de Rosa María Palacios) y reemplazo (‘La ventana indiscreta’ de Cecilia Valenzuela), y a pesar del juego de puyas y codazos típico del ajetreo televisivo, se logró consolidar una franja que los canales con ánimo protagonista (2, 4 y 5) buscaron aprovechar con fines editoriales o comerciales. La puja duraría poco más de 10 años, hasta que la amenaza humalista-chavista del 2006 restringió la libertad de prensa imponiendo la visión empresarial sobre la periodística, una prepotencia silenciosa, tácita y, por qué no decirlo, poco denunciada. El espíritu plural y la independencia de criterio (léase, no sumarse al apanado mediático) no encajaban bien con un sistema que se sentía en peligro, y esos comicios, que resultaron en el ajustado triunfo de García, tuvieron la funesta consecuencia de restringir los espacios de cuasi medianoche con la sola excepción de Rosa María Palacios, cuyas coincidencias ideológicas le evitaban varios dilemas.

[Nota: ‘Hildebrandt en su 13’ es el mejor periódico para leer, sobre todo para quienes pensamos con nostalgia en ‘Liberación’ y creemos que CH es brillante en su versión guerra de guerrillas. Habla pésimo de la TV local que se de el lujo de prescindir de él].

Si hemos de juzgar la coyuntura política a partir de marcas mediáticas -lo que de seguro es un error-, la mediocridad aprista y esa suerte de “normalidad” económico-política que quiso imponer García sin coartada doctrinal y ejecución de piloto automático (una farsa, como bien ha diseccionado Alberto Vergara en su última autopsia), tuvo su correspondencia en el declive del horario, que derivó en el magazine (‘Enemigos públicos’ o ‘La noche es mía’). Una ciudadanía atenta no tiene menos que lamentar esta depresión periodística, que tuvo su grand finale en el despido de América Televisión de la propia Palacios, quien intenta ahora un reinvente en Global, aunque todo acto en ese señal merezca per se el calificativo de quijotesco.

¿Qué ocurrió con el ejercicio periodístico televisivo más allá de la inercia dominical, el noticiario cruento y el matutino reconvertido en autopauta (otro escándalo silenciado)?

Beto Ortiz.

Con recursos mínimos, en un canal que ni la Sunat ni Indecopi ni el quinto juzgado ad hoc saben a quien pertenece, y jugando al dandy con ese guiño wildeano de enfrentar al mundo con corbatas, Ortiz logró trasladar el foco televisivo de la noche a la mañana, opacando, en importancia política y voltaje periodístico, a RPP. Logró dicha proeza en elecciones y con una infraestructura mínima, lo que casi permite concluir que es en la precariedad donde mejor se desempeña (¿es esto un mérito o una debilidad?), pues también había fungido de oasis informativo en las elecciones del 2000 en Canal A con ‘Nadie se mueva’ –se recuerda una entrevista notable y larguísima a Mario Vargas Llosa-, y en rigor se puede decir que ayudó a construir el horario de las 11 cuando su programa, si bien más cerca del talk show gringo, se desplazó una hora y fue rebautizado como ‘Nadie se duerma’.

11 años después hizo del moribundo ‘Buenos Días Perú’ una máquina de generar ‘bites’ (picotazos, en la jerga que aprendimos en Caretas), uno de los cuales, nobleza obliga, da nombre a este blog. La virtud mayor, sin embargo, es que supo vencer la coyuntura electoral posicionándose como el espacio obligado de la mañana, al menos para quienes el Perú es algo más que la última de ‘Platanazo’, dónde se vende la mejor causa rellena o la sutil metafísica que encubre una siesta gatuna.

El final de este post iba a ser que Ortiz, en solitario, había aprovechado la ausencia de visión empresarial de Canal 5, en tanto carece de broadcaster o una situación jurídica estable, para ejercer un periodismo agudo, plausible y libre. A partir de su renuncia, el final de este post es que dudamos que encuentre esas condiciones en Frecuencia Latina o en cualquier otro canal “grande”, aunque francamente esperamos que así sea.

Jerónimo Pimentel

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2 comments

  1. Chela

    Los canales de televisión solo son empresa como otras, solo quieren ganar y ganar mas dinero, no les interesa poner programas mediocres, propalar mentiras favoreciendo a quien les paga mas, han perdido credibilidad y cuando por suerte para el público hay un periodista que hace buenas entrevistas con objetividad sin favoritismo se va o lo sacan y el televidente? nadie se ha preguntado como se queda, ya estamos cansados de ver chongos, chismes, violaciones, crimenes, infieles y toda la podredumbre.

  2. Nacho Vidal

    De acuerdo en muchos puntos del post, Pimentel.
    En especial sintonizo con tu referencia al semanario Hildebrandt en sus 13. Para mí es, dentro de lo que tenemos en periodismo escrito, lo mejor. Sus denuncias sobre la compra de testigos por parte de Ollanta Humala en el caso de Madre Mía -ver la entrevista de Hildedrandt a quien fue abogado del hoy presidente peruano -no son rebotadas como se debe por los demás medios escritos. Estamos ante lo podría ser un escándalo mayúsculo que socavaría la moral de aquellos que apostaron por Humala pero con actitud vigilante. Esta actitud vigilante la viene demostrando este semanario y no aquellos izquierdistas de café, revolucionarios de Facebook, defensores de derechos humanos (siempre y cuando haya cámara de por medio)…
    Saludos
    Nacho Vidal

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