Trinchera Twitter

Las barras bravas digitales y la supra conciencia moral en redes sociales

El caso Walter Oyarce (Foto: El Comercio)

Cuando alguien le diga que internet “le da voz a todos” o que en las redes sociales “todos tenemos voz”, piense en los cánticos de la Trinchera Norte. Es decir, piense en un número reducido y más o menos homogéneo de personas que se atribuyen la representación de un todo numeroso e indeterminado (“la U” o “los hinchas del fútbol peruano”). Un grupo de fanáticos que, en efecto, gritan porque tienen una voz. Pero que dicen casi siempre lo mismo, y cantan una y otra vez las mismas canciones. Ahora, imagine a un disidente. Un seguidor de Alianza Lima que, evidentemente, piensa distinto, y que decide un buen día acercarse a la tribuna norte para polemizar.

Lo que sucede a continuación es lo que se lee en Twitter un día cualquiera. La dinámica es conocida por todos sus usuarios, tanto por agresores como por agredidos. Se le ha llamado Twitter bullying e Ilave 2.0, y es lo que le acaba de suceder a Aldo Miyashiro. El conductor de Enemigos Públicos es uno más dentro de una lista de víctimas apanadas, difamadas y vejadas en manos de esta Fuenteovejuna digital. Una larga lista que casi me incluye, gracias a un conato de callejón oscuro en respuesta a un post sobre las miserias del periodismo ciudadano. La dinámica es sencilla. Primero, te crean un hashtag. Luego, la sabiduría de la turba te incluye en la lista de trending topics, junto con el Loco David, el Cholo Payet y Momón. Porque a los agresores también les cae, y para algunos eso es la democracia.

A la larga, todo disenso en el Twitter termina en ostracismo, aislamiento o autocensura. Solo persisten en sus gritos quienes han hecho de la confrontación verbal, el insulto y el escándalo su medio de subsistencia. Pero hasta ellos, en ciertos momentos de lucidez, reconocen que algo anda mal.

Twittósfera (Foto: cremaxsiempre.blogspot.com)

Lo interesante es ver la composición del tribunal del pueblo. Como los hooligans, los usuarios de Twitter son generalmente miembros de los sectores más privilegiados. En el escenario más optimista, son palomillas de Windows que pertenecen a ese tercio de la población que tiene acceso a internet, se mantiene relativamente bien informado y utiliza con frecuencia las redes sociales. Pero no todos los integrantes de esta élite letrada tienen el poder para dirigir un ajusticiamiento popular.

Aunque los gurús repiten con insistencia que internet representa una revolución horizontal, las redes sociales están plagadas de jerarquías. Twitter es un caso extremo porque ha logrado convocar a una gran cantidad de formadores de opinión. Políticos, periodistas y lobistas –o todo a la vez- clasificados según su cantidad y calidad de followers.

Sobrevive el más ruidoso y, por supuesto, el que mejor se adapta a la línea ideológica dominante. Una línea que algunos han calificado de caviar. ¿Por qué? Quizás porque lo caviar apunta a una élite culposa, y Twitter se ha convertido en una especie de supra conciencia moral que exacerba el exhibicionismo y el rasgamiento de vestiduras para la tribuna. Ya pasaron los tiempos del panóptico. A través de las redes, una élite se encarga de vigilarse, sancionarse y controlarse socialmente en nombre de la información libre y la democracia digital.

Carlos Cabanillas

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14 comments

  1. Armando

    “Sobrevive el más ruidoso y, por supuesto, el que mejor se adapta a la línea ideológica dominante. Una línea que algunos han calificado de caviar”.

    Carlos, olvidas todo otro frente de la “trinchera twitter” que es precisamente lo “anticaviar”, que está igual de presente en esta red social e incluso es más “ruidosa” y beligerante frente a todo aquel que es tachado de “caviar” (ahí sí que existe la autopercepción de conciencia moral), simplemente por defender derechos humanos, no ser fujimorista, no estar de acuerdo con Cipriani o retwittear la última columna de patricia del río sobre el acoso masculino en las calles de Lima con “piropos”.

    Me parece que ver el twitter como algo monolítico o donde “sobrevive” una sola corriente, como un fenómeno analizable desde una sola arista, es un error, pues si bien algunos modus operandi como el que describes, la creación del hashtag y demás, son comunes, los fines y los intereses con los que se usan son abismalmente diferentes. Hay quienes solo se divierten, hay quienes tienen intereses detrás, hay quienes se creen esa supra conciencia moral de la sociedad 2.0, etc, etc, etc. Y hay quienes solo ven sin ser observados, a lo que la referencia al Panóptico es perfectamente válida.

    Además, no debemos olvidar que el twitter es cada vez menos esa red social “exclusiva” y desconocida para la mayoría (lugar que más bien está tomando Google+), para convertirse en algo cada vez más masivo, más “facebook”. De ahí también tanto apanado no por ínfulas sino por ignorancia, falta de clase o cargamontón sin sentido, también.

    En fin, es mi opinión, que soy un diletante 2.0. Solo decir: ojo con la generalización.

    Un abrazo,

    Armando

    • matamosmenos

      Hola Armando,

      Por supuesto que existen las posturas más “de derecha” conviviendo y discutiendo en redes sociales. Lo que dije fue que había la percepción de que la mayoría era lo que llaman “caviar”. Quizás porque Twitter es utilizado por una élite y su dinámica en este caso es la del exhibicionismo (indignación para la tribuna, grito catárquico, etc). Ello encaja con la tipología con que se suele caricaturizar a los caviares: una élite culposa, con conciencia social.

      Dicho esto, es muy posible que sí estén en mayoría a nivel de activismo. No tengo las cifras, pero sería lógico. Porque si la dinámica consiste en comentar a los medios tradicionales (mayoritariamente de derecha), una gran mayoría lo hace para criticarlos.

      Un abrazo

      • roberto

        Pucha, mi colombroño adelantó la idea.

        “Sobrevive el más ruidoso y, por supuesto, el que mejor se adapta a la línea ideológica dominante. Una línea que algunos han calificado de caviar.”

        ¿Línea ideológica dominante? ¿Consideras en serio que la mayoría de Twitteros son “caviares” (¿cómo se define esa línea? ¿izquierda culposa solamente? ¿izquierda cristiana -por lo de la culpa-? ¿izquierda pero que toma café en La Bonbonniere?)?

        Se calculan cerca de 200,000 twitteros. Uno de los Trending Topics en Lima de este momento es #unnovioque. Hace un par de días fue Justin Beaver. ¿Eso representa esa línea ideológica dominante?

        ¿No será más bien que la red que consultas diariamente corresponde a esa izquierda culposa/pequeñoburguesa/criolla/etc.?

        Allí la solución es fácil. No seguirla. Hay todo un universo de twitteros gigante. En Lima. Y que no son caviares. Toda la mancha de PPKausas, por ejemplo. O los 150,000 que siguen a Bruno Pinasco, el twitter con mayor cantidad de followers en este país. ¿Consideras que el representa esa línea dominante?

        Al final la pregunta es por qué empelotamos a esa aparente y falaz línea dominante. Cuidado que luego repetimos el sentido común del fujimorismo, que decía “¡los caviares nos gobiernan!”. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Desde cuándo que no se dieron cuenta?

        Abrazos.

      • matamosmenos

        Hola Roberto (y hola Armando)

        Veo que ambos van a la misma idea: ¿los caviares dominan realmente el Twitter?

        La respuesta es debatible, sin duda. Pero quedarnos en esa pregunta sería seguirle el juego a la lógica de la barra brava: pensar que hay una postura correcta y otra equivocada. No importa tanto si los linchamientos vienen de la izquierda o de la derecha, ése no es el centro del post (bien podría haber linchamientos morales desde la derecha católica).

        Lo que cuestiono es la existencia misma de los linchamientos. ¿Con qué derecho se ajusticia a la gente habiendo tantos mecanismos para denunciar o manifestarse en contra? La solución no puede ser simplemente dejar de seguir a quienes te linchan. A eso iba con el post: quienes discrepan con la línea mayoritaria -hoy es una, mañana podría ser otra- están condenados al ostracismo, al aislamiento y a la autocensura. O a limitarse a opinar sobre Justin Bieber con Bruno Pinasco.

        La pregunta sería: ¿hay otra solución? Corro traslado a los expertos.

  2. roberto

    Sí, sabía que estaba quedándome en la superficie de tu post.

    ¿Se puede controlar a 200,000 usuarios y que siguen creciendo? En todo caso, lo único que queda es el alertar de los riesgos del bullying. Sin que esa alerta derive en otro bullying, como círculo perverso.

    Lo que también es cierto, sobre todo cuando hablamos de linchamiento en el twitter, es porque no se conocen (o no funcionan) los mecanismos normales para quejarse. ¿La gente sabe dónde quejarse cuando te publican una foto invasiva (la del chico Oyarce en el Diario La Primera y hoy Caretas)? ¿Dónde? ¿Un defensor del lector en cada medio no ayudaría a que justamente ese linchamiento se canalice por medios formales?

    • matamosmenos

      Puede que los mecanismos no se conozcan, pero definitivamente funcionan. Es decir, si una carta al medio no es respondida, siempre hay otro medio rival que la reciba (y con placer). También está el Consejo de la Prensa Peruana, la vía legal, la respuesta del propio mercado, los líderes de opinión y varios etcétera. También se pueden manifestar quejas a través de las redes sociales. Y si en el futuro se consolida la figura de un defensor del lector, mejor aún.

      Pero creo que nada justifica el linchamiento.

  3. roberto

    Pero ya es wishful thinking el tuyo. Tú dices que si una carta no es respondida (muchas veces ni siquiera publicada), otro medio rival la va a recibir.

    Lo que me parece más interesante que justificar (o no) a priori el linchamiento virtual (¿ejemplos concretos? ¿qué cae dentro? ¿qué cae apenas fuera? ¿qué queja a través de las redes sociales sí es justificable?), es explicarlo, y creo que el post no hace eso. Y pareciera al final una justificación para la prensa, en general (siempre hay excepciones, claro está).

    • matamosmenos

      ¿Justificación para la prensa? Pero el linchamiento le cae a todos: políticos, publicistas, actores, abogados.

      La hemeroteca no miente: los mecanismos para quejarse de la prensa funcionan. Basta preguntarle al director de Perú21, a Magaly Media o a algunos bloggers.

      Saludos

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