Cómo evitar que te coman la cabeza

La gran novedad de este Mistura no es la llegada de Adrià, sino el hecho de que, por fin, se articuló un discurso social a partir del llamado ‘boom gastronómico’ peruano. Era grotesco celebrar la comida en un país con el nivel de muertos de hambre que tiene el Perú (horror que advirtió González Prada hace más de un siglo en ‘Los Ventrales’), de la misma forma en la que no estaba claro en qué medida la algarabía respecto a la cocina local le merecía a ésta el calificativo de vanguardista (no a nivel de técnica, sabemos ahora, sino de inclusión, lo que no está mal). Entendemos que la declaración de Lima tiene como objeto eso, darle a este fenómeno una posibilidad de paliar las debilidades de la cadena productiva.

Hasta aquí todo bien.

Otra cosa es llevar este entusiasmo al paroxismo y aplaudir la ceguera respecto a cualquier otro acto cultural, empequeñecido por la miopía y los fastos del fogón peruano. Ya son muchos los indicadores de esta aberración:

1. El deseo, desesperado, de querer encontrar “otro Gastón” en música, letras, pintura, etc.

2. Considerar plausible la ausencia de todo tipo de crítica, uno de los rasgos más dañinos del ‘boom gastronómico’.

3. Que varios diarios locales hayan reducido su cobertura periodística cultural a la difusión culinaria.

Desarrollemos un poco.

1. A la alergia natural por el mesianismo, y su derivado local, el ‘ferrandismo’, hay que añadir una diferencia sustancial entre gastronomía y arte. Comer es una necesidad que puede llegar a ser un negocio y, eventualmente, alcanzar la representación suficiente como para tornarse en un rasgo de identidad. Para nada tiene que ver esto con el arte. Con el hedonismo, a lo más, con el deslumbramiento y la sorpresa, tal vez, incluso con el acervo cultural, en tanto hay un recetario popular que, en carrera solitaria, se ha tornado en el eslabón invisible que en una fantasía bienintencionada nos une. ¡Pero eso es sociología, no arte! ¿Se debe forzar una analogía con la literatura? ¿A quién esperan quienes reclaman un Gastón letrado mientras ignoran o denostan al Nobel vigente? La función del artista no es ser un emprendedor, es hacer obras de arte que merezcan tal nombre.

2. Hace poco ahondábamos en la ausencia de todo discurso crítico en la prensa peruana, incluso a nivel de reseñismo, lo que en otras latitudes es considerado de por sí un defecto. Una segunda reflexión coquetea con la catástrofe: ni en artes plásticas, ni en teatro, ni en danza, ni en música ni, por supuesto, en gastronomía, existe una crítica mínimamente institucionalizada ni ejercida. Los pocos espacios de análisis y valoración que subviven en los medios son el resultado de otras batallas, de otras épocas y de otras amistades. Más allá de si los aprecia o no, piense el lector en Luis Lama, Élida Román, Alonso Alegría y Ricardo González-Vigil. Añada los pocos que faltan. Ahora pregúntese cuál es relevo generacional de este puñado de autores que fraguan TODAS los críticas de TODAS las disciplinas atrás nombradas en TODOS los medios peruanos. Ahora llore. Incluso un país tan subdesarrollado culinariamente como Chile existe un Círculo de Cronistas Gastronómicos. Aquí tenemos a María Elena Cornejo.

3. Según toda teoría periodística los diarios generalistas (no los de nicho, como Gestión) ofrecen una visión integral del mundo. ¿Qué dice de Perú 21 su renuncia total a la cultura en favor de la gastronomía? Ya no hablamos aquí de crítica, sino de simple cobertura. Lo que ocurre es la abdicación de la visión pedagógica de la prensa por una mirada economicista que busca rentabilizar cada centímetro cuadrado de página. Si algo tiene que ser rentable para que se cubra nunca se hubiera publicado una línea de Vallejo, que estuvo más cerca de la sombra que del best seller. El despropósito  sorprendería menos si no fuera un acto consciente. Para entrar ya en terrenos triviales, tenemos el ejemplo de un tipo llamado Gonzalo Pajares, que en el colmo del oportunismo y enarbolando una prosa de segundo de media se vanagloria de no cubrir literatura peruana, pues para él ésta acabó con Eielson. Da mucha vergüenza ajena verlo ufanarse de sus miserias (ya en el libro de Javier Wong había hecho de su ignorancia una insignia, afirmando que solo admira a un escritor). Cuando la cultura está en manos de un “editor” que contrapone cebiches a poemarios, y cree que los libros de Varela o Belli o Hinostroza están por debajo de un tacu-tacu montado del Superba, entendemos el porqué de su cotidiano desastre profesional. Como muestra dos botones: el viernes pasado confesó a Sandra Plevisani, sin razón alguna, que goza comiendo la masa cruda de las tortas, como para acabar de fraguar su imagen de sibarita; al día siguiente, mostró los vagos límites de su incontinencia ante Vanessa Terkes en una entrevista tan arrecha y ordinaria que El Trome, a su lado, parece Esquire. En el fondo, nada pierde la poesía peruana ante la insensibilidad e incompetencia de este señor. Como decía un amigo, la estupidez es invisible para quien la ostenta.
(Jerónimo Pimentel)

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13 comments

  1. la gata chuska

    Ud tiene toda la razon , desgraciadamente , se cae en este tipo de excesos cuando en un pais hay pocas cosas que pongan a todo el mundo de acuerdo .

    la comida peruana es rica ?? cierto , nadie lo puede negar, que a todos nos gusta , tampoco, que es bueno promocionarla .. indudable , pero de ahi a caer en mesianismos u otras actitudes igual de extremas
    😦 😦 😦

    pasando a otro tema … Ud es muy generoso de elevar a gonzalo Pajares al nivel de critico gastronomico .. yo creia que era un simple bloguero al que le gustaba hablar de comida.

  2. Claudio

    La literatura peruana es mucho más reconocida que nuestra comida a nivel mundial y de eso no hay duda. Libros de Vargas llosa, Vallejo y Bryce hay traducidos en todas partes y eso no es de ahorita. Lo triste es que acá so pretexto de la pobreza económica la gente quiere ocultar su pobreza mental para no leer. S/20.00 para entrar a esa feria más lo que pagues por un plato S/12.00 + pasajes. Con eso te puedes comprar un buen libro y lo lee toda tu familia.

    Hay una élite que le conviene tener a la mayoría con el estomago tranquilo, pero con un cerebro manipulable

  3. Jorge

    La definición de cultura es amplia, pero el espacio en los medios no lo es. Y el espacio en la mente del peruano lo es aún menos. Una vez que empecemos a reducir la cultura a solo gastronomía el resto de rubros irá siendo expulsado del debate de actualidad, uno por uno.

    En el muro del Facebook de Fidel Gutiérrez se lee esto:

    “Deme una entrada para la exposición d Szyszlo”. “Tiene k comprar su ticket pa’ Mistura”. “¿Ké? ¡Yo no kiero ir a Mistura!”. “Pero así es, joven (sic). Si no pregunte al vigilante”. “Amigo,¿se puede entrar a lo de Szyszlo?” “Sí,pero con su entrada d Mistura”. “¡¿Bromea?!”. “No.Es ke hay un convenio pa’ke al museo se ingrese solo con ese boleto.No kieren k kienes vienen akí se zampen a Mistura”…Esto nadie m lo contó:para entrar al Museo de Arte hay k pagar los S/.20 k cuesta ir a tragar a Mistura.

    La primera víctima ha sido el teatro Kusi Kusi. Se vienen más.

  4. Nacho Vidal

    Me alegra la franqueza de Jerónimo. Ya es hora que se digan las cosas como son. La gente tiene miedo y, además, es graciosa. Más de uno está de acuerdo con los puntos de este post, pero se quedan callados. Mediocres como Pajares generan más miedo que Momón, El “cholo” Jacinto y El maldito de Cieniguilla. Somos la cagá…

  5. Susi

    Harta de MISTURA!!. Abro la pàgina de el Comercio y, sin exagerar, el 80 % de noticias tiene que ver con este evento. Comer es rico, nuestra cocina es excelente, pero BASTA YA de levantar este tema como si fuera el ùnico o el màs importante de nuestra realidad nacional. Hay cosas màs urgentes y valiosas que deberìan merecer la atenciòn de los medios de comunicaciòn.

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