Por Debajo de la Mesa

 ¿Quién corta el jamón mientras cortamos alegremente el salame?
 

Foto: Apega

Todo intento por cuestionar la diversidad que se sienta a la mesa recibe arroz a granel. Es comprensible. Si algo ha logrado la gastronomía es convocar –al menos en el discurso- a la unión de los intereses particulares. Si la política es disenso y atomización, la gastronomía se presenta como reconciliación y comunión. El desprestigio de la primera como agente de articulación y cohesión social tiene en la segunda su contraparte esperanzadora. El punto de quiebre parece haber ocurrido entre 1984 y 1994. Quien haya entrevistado a los protagonistas de la feria Mistura puede darse cuenta de lo mucho que sus historias se parecen entre sí. Sus canastas familiares colapsaron por la inflación, los despidos masivos los dejaron en la calle y el terrorismo los terminó de arrojar a la informalidad. Como la mayoría tenía buen paladar –y era la comida lo que más escaseaba- se dedicaron a llevar a la vereda sus platillos caseros. No más pan popular ni leche Enci. Veinte años después, tienen la capacidad para pagar S/. 30 mil por el alquiler de un stand en la feria y servir mil porciones diarias durante diez días. Evidentemente, no quieren saber nada del gobierno ni de cualquier tema que suene a política.

Felipe Osterling (PPC) y Gastón Acurio (AP) no merecerán el reconocimiento de una ciudadanía siempre ajena a la desprestigiada labor legislativa. Pero sí sus hijos. Los descendientes de familias como Berckemeyer o Piqueras ya no buscan continuar la tradición de manejar alguna embajada o una curul. Ahora prefieren colgarse el prestigioso mandil de chef.

La gastronomía ha demostrado su fabuloso poder productivo y económico. Pero, ¿quién corta el jamón mientras cortamos alegremente el salame? El riesgo de extrapolar el armonioso discurso culinario a todo un país es cubrir con un velo (o un mantel) lo que sucede por debajo de la mesa. Porque la política peruana subsiste, aunque nos pese, al igual que los conflictos y fricciones sociales.

1958: Eudocio Ravines, Pedro Beltrán, Víctor Raúl Haya de la Torre y Manuel Odría.

La imagen de un Perú gourmet es la de un país multicultural y atemporal que invisibiliza sus conflictos. Un súmmum de diversidad sin perspectiva histórica. Una mesa redonda donde nadie se sienta a la cabecera. Basta una mirada al comercial de la Marca Perú para ver un discurso que omite las fricciones históricas que hicieron posible la misma gastronomía que se festeja. ¿Y cuál es el problema? se preguntan los comensales con la boca llena. Son varios. En primer lugar, que la arcadia post colonial de Perú, Nebraska, corre el riesgo de celebrar una diversidad apolítica y, entonces, ficticia. Un mismo agricultor puneño puede ser considerado un artista en el cultivo del café y un salvaje electarado a la hora de las urnas. Se aplauden las expresiones musicales, culinarias y deportivas de artistas provincianos como Magaly Solier. Pero pobre de ella si decide hablar de política. En segundo lugar, el peligro es naturalizar, validar e incluso glamourizar fenómenos como la esclavitud. No nos sorprende, por ejemplo, que Teresa Izquierdo haya muerto como la cocinera de la misma familia para la que cocinó su madre y su abuela. O que el talento de Javier Wong sea el resultado de la inmigración de culíes.

Pero hay otro problema en esa visión ahistórica. Una mirada al pasado puede develar el rol crucial que ha tenido la comida a la hora de la manipulación, el populismo y la demagogia. Muchas de las bases chapistas se consiguieron reclutando niños por un plato de picada. Y pocas promesas tan efectivas como el pan con libertad para justificar los dolorosos y traumáticos reacomodos. Pero nada nos duele demasiado, y cada golpe parece ser solo un aperitivo, como recuerda González Prada, porque “desde las azotaínas chilenas se nota en el país una furiosa rabia de comer”. Mientras las masas eran compradas a granel, las élites eran sensualizadas a través de los banquetes. Durante las últimas elecciones presidenciales –creación heroica- las unas aprendieron a manipular a las otras directamente a través de canastas sanisidrinas.

2007: 1) Agustín Mantilla 2) Óscar López Meneses 3) General del Ejército en actividad Roberto Vértiz 4) Javier Ríos, candidato al Tribunal Constitucional. 5) Comandante EP en actividad José ‘Chino’ Cuadra. 6) Jorge Luis Mantilla, hermano del ex ministro aprista. (Foto e información: Caretas)

El aceite extra virgen de la gastronomía ha servido para lubricar socialmente las asperezas de cualquier autoritarismo. Allí están los banquetes que los Miró Quesada le ofrecían a Sánchez Cerro, la parrillada en la Diroes, el pisco con butifarra y las corvinas fritas nadando en su limón. El ensayista lo explicó mejor a inicios del siglo pasado: “abundan hombres que teniendo una copa de vino y un churrasco, viven dichosos sin importarles nada que un bárbaro de charreteras nos desplume y nos abalee ni que otro bárbaro de tiros cortos nos desnude y nos ahogue en una pila de agua bendita”.

 Toda oposición puede disolverse en un buen potaje, y todo disenso se resuelve con una buena comida. Lo supieron líderes políticos como Haya de la Torre o Agustín Mantilla (hay que ir al Chelsea de los Mantilla, extraordinario restaurante trujillano). Como dijo Antauro Humala, la mesa está servida.

Carlos Cabanillas

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29 comments

  1. Jose Trujillo

    La cuestión no es que Mistura sea la solución a los quiebres sociales que tiene el Perú, pero sí un avance. Mistura no se marketea como la gran conciliación nacional entre unos y otros, pero sí al menos como un lugar donde todos nos juntamos un rato.

    ¿Acaso porque Mistura no logre que Roque Benavides sea ‘pata’ de Aduviri vamos a dejar de ir? No lo creo, es una reunión de comida donde todos nos reunimos, para comer. Para eso nomás, comer rico.

  2. Patricia

    Bien posteado, NMM. Si bien a nivel colectivo el discurso puede incidir sobre la conciencia y la acción, la trivialización del tema de la diversidad cultural (esa visión ahistórica que menciona Cabanillas) es totalmente irritante y -creo- contraproducente, porque de alguna manera seguimos con la lógica de incas sí, cholos no, y así no vamos a ninguna parte.

  3. Pingback: Por Debajo de la Mesa | Antiprensa
  4. Billie Valdivia

    Si, es cierto que la comunión de clases, razas, colores y sabores que nos ha traído la gastronomía es débil, y lo vimos en las elecciones pasadas, no me puedo imaginar un Mistura en medio de la segunda vuelta. Es cierto que los conflictos están ahí,y que hay que resolverlos con politicas realmente inclusivas y no con actos demagógicos (viajecito a Ica) pero no creo que el boom gastronómico sea negativo, es más bien un punto de partida,lo único con lo que todos los peruanos nos identificamos, y si, nos ha levantado la moral, nos ha hecho creer que somos un pueblo rico y valioso. Soy profesora desde hace muchos años. A la pregunta de un curso básico: What’s your favorite country? Hace diez años ningun joven de ningun nivel socieconómico decía Perú, ahora en todas las clases de todos los niveles, la respuesta es Perú con una sonrisa en los labios y gritando. Eso tiene que ver mucho con la gastronomía, yo creo que Gastón nos ha dejado la mesa tendida…

    • matamosmenos

      No he dicho que el boom gastronómico sea negativo. Solo señalo que, a mi juicio, hay un riesgo en querer extrapolar el discurso de la gastronomía a todo un país sin considerar el factor político. Unión con diversidad, pero reconociendo al sujeto detrás del plato.

      Yo sí imagino un Mistura electoral, con Humala defendiendo la papa y el gastronacionalismo de la mano con Isabel Álvarez. Quizás lo veamos en unos días.

      También estoy a favor del viaje a Ica. Pero solo siempre y cuando sirva para defender al congreso de quienes siempre lo quieren cerrar, precisamente con la excusa de una ficticia unión nacional.

  5. Billie Valdivia Gogny

    Y ahora en broma y anecdóticamente, si pues la comida es usada para la manipulación. Un tatarabuelo mío fue presidente del Perú creo que por dos días en tiempos previos a la guerra con Chile,,y bueno, como ocurre en las élites ,el Presidente del Perú (mi tatara) invitó a un alto rango de las fuerza armadas chilenas. y claro éste aceptó porque así se liman asperezas y etc, etc. Cuenta la historia familiar que el banquete fue suculento y el militar chileno salió de Palacio encantado, sin saber que afuera lo esperaba un pelotón de fusilamiento..Otra, sabías que en la época de Velasco, Fidel Castro, en una parada en Perú, rumbo a un país del sur nos hizo una donación de tres tanques, todo gracias a unos pisco sours estratégicamente servidos…

  6. Marisol

    ya que ha sido mentada, con ustedes, patricia del río en asia sur:
    “(La gastronomía está) no diría sobrevalorada, sino frivolizada. La comida es un elemento unificador y de identidad en varios países del mundo (Japón, México), pero no puedes saborear el plato de una cultura que desprecias. Y eso pasa aquí. No me gustan tu casa, tu cara, tu cultura, tu lengua, pero tu plato sí me lo como. Desaparece y tráeme tu plato estilo europeo, bien bonito. Porque los frejoles que chorrean del plato no se ven bien”.

    • Aldo Bobbio

      Nadie la ha citado, el señor Jorge en su comentario cita a Sifuentes, quien hace un comentario a un artículo de Patricia del Río sobre Mistura del 2009 (enlace). Pero ya que ahora sí la citan, en dicho artículo ella dice:
      “Por eso, a Mistura asistieron más de 400 mil almas. No solo a comer, sino a sentirse más orgullosos de pertenecer a esta hermosa tierra del sol. Algunos de los criticones de siempre regañan porque la comida no califica para ser el gran cohesionador de identidad cultural que el Perú necesita. ¿Y por qué no? ¿Hay algo más italiano que la pasta o más japonés que el sushi? ¿Por qué si otros países desarrollados se han ocupado de reunirse alrededor de su culinaria, nosotros tendríamos que buscar referentes más sofisticados y elaborados?”.
      Asimismo, en la misma revista Asia Sur, sobre el comercial de Marca Perú, Patricia del Río dice: “Siempre alguien va a faltar o sobrar. Nadie puede representar la complejidad del país en ocho minutos. Hubo una franca vocación de rescatar lo que nos hace peruanos, no sólo la comida. La crítica fue excesiva: era un comercial, no un tratado de historia del Perú.”
      Finalmente, en el caso de Mistura, se debe rescatar la intención de involucrar, mediante su participación en la feria, a los productores campesinos como parte sustancial del llamado “boom gastronómico peruano”, y sin que paguen los 30 mil soles mencionados. Vamos, aplaudir, a veces, no cuesta nada.

      • matamosmenos

        Leyéndolo todo, estoy de acuerdo en líneas generales con Patricia del Río. Sobre todo en eso de que la comida puede ser nuestro gran elemento de cohesión. Pero, como dice ella, el problema es que el discurso la ha frivolizado, y se resiste ha abordarla en toda su complejidad. Ello implica entender la cultura, la historia y las personas detrás de cada platillo y cada tradición. Y aceptarlos también a la hora de las protestas y las urnas.

        Sobre el comercial de la Marca Perú, yo no vi críticas excesivas. Quizás en el twitter, pero no sé si esas expresiones calificaban como críticas. Lo omisión de la selva es notoria.

        De cualquier forma, se trata de una discusión a nivel discursivo. Todos saben que la pasta no es italiana.

  7. Marisol

    Para todos los fans de Patty del Río, va la fuente: Revista ASIASUR. Julio 2011. N° 96. Sección Conversas. Página 43.

  8. Jorge

    El peruano siempre se ha humillado por y con comida.

    El Perú es Atahualpa recibiendo a Pizarro con una ofrenda de llamas cargadas de alimentos.

    El Perú son 35 mil toneladas de trigo a cambio del 6 a 0 con Argentina.

  9. Pingback: Guía Súmmum de la Corrupción
  10. Pingback: La Madre del Cordero | Nosotros matamos menos

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