Crítica raquítica

Fuente: Banalities

Cuando leo a los actuales reseñadores literarios de la prensa limeña extraño la página de crítica de libros que durante los años noventa mantuvo Rocío Silva Santisteban en Somos. No quiero decir con esto que Silva Santisteban fuera nuestra Michiko Kakutani ni mucho menos. Pero el poquísimo espacio que le asignaban, limitado como para fundamentar sus opiniones, lo administraba con suficiente criterio como para cumplir el requerimiento básico que se le exige a alguien al que se le encarga un espacio destinado a criticar las novelas, poemarios y ensayos que aparecen cada semana: decir lo que en verdad piensa. Arriesgar mínimamente una opinión. Pasar por la experiencia, nada agradable, es cierto, de quedar de vez en cuando mal con alguien. Recuerdo algunas reseñas suyas donde era terminante y hasta feroz con los libros que le disgustaban; como por ejemplo, cuando destrozó uno de las tantas insufribles entregas con las que Edgar O´Hara nos torturaba por esa época: En una casa prestada. Rocío llegó a preguntarse públicamente cómo era posible que existieran editores que permitieran que semejantes bodrios vieran la luz. Por lo que sé, O´ Hara nunca le perdonó ese ejercicio de sinceridad. Recuerdo también críticas negativas a otros poetas y narradores que eran amigos y conocidos de la autora de Ese oficio no me gusta, como Mary Soto –por su libro Limpios de tiempo– o Sergio Galarza –por su colección de relatos Todas las mujeres son galgos. Recuerdo también, y más nítidamente, que a mi primer libro, un pecado juvenil, también le dio con palo. Y estaba bien. En fin: uno podía criticarle muchas cosas a RSS, pero no que careciera de los ovarios suficientes para estampar en letras de molde su auténtico punto de vista.

Pues bien, ¿qué ha pasado con la crítica literaria de los medios en esta última década? Con muy honrosas excepciones, esta prácticamente ha desaparecido. Algunas publicaciones la   eliminaron un buen día de sus páginas sin el menor remordimiento –como es el caso de Correo, el pasquín dirigido por Aldo Mariátegui- y otros se la encomendaron a gente que, o no da la talla para ejercerla, o la toma como un trabajo rutinario y aséptico en el que la finalidad principal es pasar piola. Es decir, completar el número establecido de palabras sin decir absolutamente nada relevante o cubrir indiscriminadamente de flores a cualquier volumen que llegue al correo de la redacción.

Querido lector de Nosotros Matamos Menos: ¿alguna vez ha leído usted, en todos estos años, una sola crítica negativa pergeñada por José Donayre Hoefken, encargado de la sección de libros de la revista Caretas? Yo, nunca. Todas ellas son decididamente entusiastas: jamás entablan una sola atingencia a los libros sometidos a su escrutinio. Si mañana hubiera una hecatombe nuclear y solo quedaran las críticas de Donayre para estudiar lo que fue la literatura peruana reciente, cualquiera creería que vivimos una Edad de Oro en nuestras letras; que cada semana en el Perú era publicado un libro estupendo, de gran calidad; que cada mes surgía un joven poeta cuya opera prima sugería un Eielson o un Hinostroza en potencia. La realidad, como nosotros sabemos, es muy distinta, y por eso me queda la sensación de que Donayre vive en una dimensión paralela, donde cada vez que se asoma por la ventana contempla Picadilly Circus o cualquier otro de los centros culturales más fulgurantes del mundo literario contemporáneo.

Si bien ya de El Comercio y de la camarilla de ignorantes que lo maneja no se puede esperar nada, es una lástima lo que ha sucedido en los últimos años con la ya fenecida columna semanal de Ricardo González Vigil, quien siempre fue un crítico más que respetable. Pero hay que ser honesto, pues: sus columnas, en los últimos años, eran la mar de confusas. No sé si el motivo de ello sea que le editaban los textos de cualquier manera o si se le acababa el espacio antes de poder llegar al meollo de lo que quería decir, pero en la mayoría de los casos terminaba hablando de cualquier cosa antes que de la obra que debía ser motivo de su reseña. Por otro lado, ¿no es ya un poco monótono que un crítico viva calificando cuanto libro analiza como “extraordinario” “portentoso” o “formidable”?  No obstante lo apuntado, que la columna de RGV deje de ser publicada es un hecho lamentable, pues de todas formas es un espacio perdido. En cuanto a la sección de libros de la revista Somos, regentada por Enrique Sánchez Hernani, el problema es distinto: ni con la mejor voluntad del mundo se puede hacer una crítica seria cuando se te pide que ella no exceda las dos líneas de un texto de Word. Eso, como ya apunté en un post anterior, se debe a la visionaria labor de Eduardo Lavado, quien considera que una reseña no debe tener más caracteres que uno de los telegráficos chismes faranduleros del Correveidile, su máximo aporte al periodismo nacional. Bip.

De los demás reseñadores es poco lo que se puede decir (o no se puede decir nada distinto a lo anterior): o ejercen una crítica que juega al avestruz (pura descripción, cero opinión, o, lo que es peor, una desmedida generosidad con todo los libros que reciben) o las páginas culturales de los medios en que laboran son tan insignificantes que es como si no existieran. La salvedad a esta regla es Javier Agreda, crítico del diario La República. No lo digo porque esté de acuerdo siempre con él (en realidad, de cada diez reseñas que publica, discrepo con ocho) sino porque cuando un libro le parece malo no tiene remilgos en decirlo y suele fundamentar sus opiniones con propiedad. Quizá sus reseñas a estas alturas pequen de mecánicas (su modus operandi es el siguiente: primero presenta el libro, luego señala sus virtudes, y en el 90% de los casos termina dando una maleteada), pero a diferencia de casi todos los demás se toma su trabajo con cierto rigor. Lo cual es mucho en un ambiente literario donde ya se perdió el coraje suficiente para señalar que el trabajo de un escritor es insatisfactorio. Aunque luego de este post, quizá yo sea el autor con quien se rompa esa tendencia. (José Carlos Yrigoyen)

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18 comments

  1. Carlos Luján A.

    De acuerdo con la observación, desde hace un buen tiempo ya no se puede confiar en los medios de comunicación como guía literaria. Adular con generosos adjetivos un libro mediocre o malo es inducir al engaño y de comprar el libro, es ser estafado (si no me equivoco eso está penado, así como se castiga el decir que tal producto tiene ciertas propiedades cuando no la tienen es inducir al engaño, un acto denunciable ante Indecopi)

    Al parecer los reseñistas, porque no son ni críticos literarios, faltan el respeto a los mismos autores, quizá algunos merezcan halagos o no pero no se puede opinar en unas 5 líneas el trabajo de meses. Si es malo, que se diga con fundamento. Recuerdo haber visto hace ya varios años en revistas literarias de otros países que una crítica eran de mínimo una cara del periódico o revista.

    Y sí, es falta de valor, valor para defender tu opinión así estés equivocado. No hay que subestimar la capacidad intelectual del lector peruano. Recuerden que sus opiniones favorables no le hacen ningún mérito a los mismos autores, de ser halagados a temprana edad (como en el caso de los jóvenes) para que se vendan sus primeros libros puede ocasionar un freno en el desarrollo literario de estos escritores o poetas, asumiendo que por la crítica favorable tempranera ya han llegado a un nivel literario o poético decente. Cuál será la consecuencia: que cuando den sus próximas entregas, de no mejorar (debido a que nadie les dijo sus cuatro verdades a sus primeras obras) estarán en desventaja con respecto a las obras de escritores extranjeros -muchos profesionales de la escritura-. Digo esto porque sabemos que el lector peruano no consume muchos libros, entra a las librerías con quizás 40 soles para adquirir un libro, y me pregunto de tener ese presupuesto, ¿a quién comprará?, un libro de edición de bolsillo de Philip Roth o una obra de un escritor peruano que le debe su prestigio a una “crítica literaria” lisonjera.

  2. Jorge Frisancho

    Bien. La única observación que te haría es que lo de Rocío (como tantas cosas suyas) siempre fue una excepción, y que Javier también lo es: por mucho, mucho, mucho tiempo, la norma del reseñismo en Lima ha sido hablar huevadas, decir lo menos posible y no pelearse con nadie (y González Vigil, hombre de muchas virtudes, tampoco se escapó de ello). Es verdad que antes se quemaban largas cuartillas en el intento y ahora el espacio tiende aceleradamente a la inexistencia. Pero el espíritu es el mismo.

  3. LuchinG

    Me imagino que esos reseñistas dice lo siguiente: “Casi nadie lee literatura y los que sí leen no se van a dejar atarantar con una reseña, por lo tanto ¿realmente qué daño hago?”

  4. luis

    sí josé carlos es cierto lo que dices pero también es cierto que se suele ir mucho al otro extremo y se cae en el subjetivismo de creer que “mi billis es de oro” y tampoco es asi. no se trata de decir lo que piensas, sino de decir algo interesante y eso no suele ocurrir porque ante todo, hay mucha mucha flojera y amiguismo, siempre se hablará de los libros de los amigos, lamentablemente. antes que buenos comentaristas faltan buenos editores.

    • matamosmenos

      Hola Luis. Gracias por participar. Ahora, lee bien: Yo no he dicho en ningún lado que la cosa sea solamente “decir lo que piensas”. he dicho que si el espacio que te dan para hacer una reseña es tan breve como suele pasar, es dificil fundamentar una opinion, pero lo mìnimo indispensable es darla y hacerlo con honestidad. Otra cosa: eso de “pero también es cierto que se suele ir mucho al otro extremo y se cae en el subjetivismo de creer que “mi billis es de oro”, la verdad, no lo veo en ningún sitio dentro de la prensa peruana. Porfa, da ejemplos de críticos de la prensa local que hagan eso. gracias, y un abrazo.

  5. enrique sánchez hernani

    Estimado José Carlos. Tras un infortunado comment que hice en mi fb a un personajillo que luego aprovechó la ocasión para arrojar un mar pestilente de mentiras por la red, mezcladas con su resentimiento y falta de clase, decidí no intervenir en temas polémicos, pues muchas veces este medio es usado con irresponsabilidad. Incumplo esa promesa porque sé que contigo no pasará eso: cualquier cosa que digas será una opinión bien sustentada, honesta y lo más pegado a la verdad que se puede en casos como estos.
    Comienzo por agradecer que no me hayas lanzado ningún dardo venenoso (no sé si los merezco o no; todos somos malos apologistas de nosotros mismos) y, en vez de ello, hasta hayas tratado de defenderme. Eso es lo que me parece. Gracias. Pero solo quisiera hacer algunas precisiones.
    El tamaño de las reseñas viene así desde hace mucho, desde que tomé la columna cuando estaba al frente de Somos Oscar Malca, escritor y periodista de polendas. Quizá el nuevo diseño me haya quitado dos líneas, que esencialmente no es nada. Es decir, Eduardo Lavado no tiene la “culpa” del tamaño de las reseñas. Espero que esta defensa de Eduardo no genere las acostumbradas diatribas y suspicacias de que soy “sobón” o algo parecido, que no lo soy. Quienes me conocen personalmente, lo saben. He renunciado de muchos diarios, aún sabiendo que me iba de cabeza a la pobreza, por defender principios, amigos y salarios ajenos. Al defender a Eduardo solo estoy haciendo un ejercicio riguroso de decir la verdad.
    También he cometido errores gruesos (haber dirigido El Peruano –pufff, lo dije, para que alguien no me acuse que estoy metiendo la basurilla bajo la alfombra–) pero estos nunca han lindado ni con la inmoralidad ni con la corrupción; quienes me siguieron de cerca entonces lo saben. Por esa época el monstruo de la corrupción no sacaba la cabeza a la publicidad, cosa que ocurrió con los vladivideos, y para entonces, y hace mucho, ya no trabajaba allí.
    Lo que sí es cierto es que mi columna no es de crítica literaria, es una de reseñas, como tú mismo sostienes al comienzo de tu post. Y no es lo mismo ambas cosas. Mis reseñas apuntan a decir, en un espacio corto, qué contiene el libro y a quién podría interesarle o no. Y no solo reseño literatura (campo del ejercicio de la crítica literaria) sino que también arte, autoayuda, fotografía, deporte, periodismo, ciencias sociales, salud y un largo etcétera. Si en estas reseñas no hay “palos” no es por vivir quemando inciensos a dioses inútiles, o por temores majaderos o por complicidades crematísticas (alguien lo puede pensar),sino porque esa página, como las otras donde se reseña cine, lanzamientos y otros temas (igual de chicas), no tiene ese fin.
    Si se lee la “caña” de la página, allí dice: “Imperdibles Lecturas”, es decir, lecturas que no te puedes perder. O sea, si un libro es malo, de rampante medianía o instrascendente, no lo comento, porque allí aparecen los que algún valor tienen y, en mi modesto entender, algún favor le van a hacer al lector.
    Tampoco es una sección de crítica literaria porque Somos no es una revista especializada y ni siquiera dirigida a un público de lectores de libros (muy pequeño en el Perú, país de analfabetos funcionales), sino que es un producto periodístico, que trata de orientar a quienes leen de vez en cuando, en los niveles que nuestra sociedad maneja en porciones grandes. Que también lean la columna quienes son lectores duros y especializados, es cosa que agradezco, sin ironías. Pero estos no deberían tomar unas pobres reseñas como espacio para una crítica. Además que, como dice también José Carlos, no hay espacio, pues criticar requiere de una mínima argumentación.
    Pero finalmente hay que reconocer hidalgamente que Somos sí tiene una columna de libros (dentro de las características señaladas), que pudo no tener. Nadie intenta menospreciar la literatura, a la que de vez en cuando se le asigna espacios grandes, sobre todo cuando el autor comentado sí puede ser reconocido por un público mayor y merecer una lectura de buena parte de los lectores de Somos. Es decir, se emplea un criterio periodístico para poner artículos más grandes.
    Espero que esta larga perorata no los haya cansado. Solo quería hacer algunas precisiones. Sí me da pena que en el Perú no hayan cosas como el argentino Diario de Poesía, que sale creo bimensualmente y se vende en los quioscos, junto a los diarios. Y que la gente compra. Como también ocurre en España, donde hay exageraciones como la revista Qué Leer, de puras reseñas de todos los tamaños, y que es un festín para nosotros, los lectores. O en México y en tantas otras partes, más civilizadas que nuestras tierras de contentos e ígnaros paisanos.
    Por último no puedo, ni debo, defender mi buen criterio. Sí defiendo mi integridad, pues lo que escribo en la columna parte de un ejercicio de honestidad. Soy libre de escribir lo que allí aparece. Si mi inteligencia me juega algunos desmanes, pido disculpas sinceras. Supongo que me salteo muchos libros buenos que deberían aparecer, pero pasa que tampoco tengo tanto tiempo para leer, que, a fin de cuentas, es lo que espero hacer en algún momento de mi vida: solo leer. Y quizá escribir poesía cada vez que pueda.
    Otro sí: sigan con este espacio. Tener una voz disidente es un buen ejercicio de la democracia. Y nadie debe picarse. Yo no me pico, como dije al principio, agradezco.

    • matamosmenos

      Estimado Enrique: en primer lugar, muchas gracias por contestar y por tus amables, amistosas e inmerecidas palabras sobre mi pequeña labor profiláctica. Como ha quedado claro en mi post, no he tenido ninguna intencion en poner en duda tu integridad (y la de nadie). Pero sí quisiera contestar algunas cosillas: para empezar, por lo que veo no te han recortado dos líneas sino practicamente la mitad de cada reseña, lo cual, considerando el pequeño formato que ya tenían antes, es practicamente condenarlas a la desaparición. No soy amigo de Malca, al que he visto dos o tres veces en mi vida, ni me apatece defenderlo, pero creo que es una evidencia que quema los ojos que desde que Eduardo Lavado asumió la edicion de Somos esta se ha frivolizado a extremos que dan verguenza ajena. Si Somos siempre hubiera sido el trivial encarte en el que se ha convertido ahora, sería inútil formular estas críticas, pero tú sabes que no es así. Malca de cuando en cuando dedicaba articulos -bastante largos en algunos casos- a poetas, narradores, libros peruanos. Y lo sabes bien porque varios de ellos los hiciste tu. Y aqui viene mi pregunta ¿Cuantos articulos de esta indole se han publicado en Somos desde que Mr. Correveidile es editor? Yo respondo: Ninguno, Cero, Conjunto vacío. Somos ha dejado de lado el interés -no muy pronunciado, es cierto- que tenía por la literatura peruana. Y si nos remontamos a unos años atrás, Somos llego a tener no una, sino dos paginas dedicadas a libros, una frente a otra: la de Gustavo Faverón, que era de crítica propiamente dicha, y la de Rocío Silva S., que tenía una pagina de reseñas con poco espacio pero donde podía sentarse una opinion sin temor a las iras de los reseñados. Tu dices que ahora la pagina de libros ha cambiado su sentido para recomendar “los libros imperdibles”, lo cual, te lo digo con la mejor buena onda del mundo, es una lástima, pues no veo la diferencia entre eso y las paginas de libros de Vanidades, Cosmopolitan o la revista Tú. Es decir, hacer una pagina de cherrys. Y lo de la reducción de espacio no es solo en la pagina de libros: sino también en la de cine, y en general, de cualquier espacio desdicado alas manifestaciones culturales, a las que Lavado parece tener verdadera alergia, al punto de que antes de ocuparse de ellas, prefiere doblar el numero de paginas dedicadas a Circo Beat. ¿No te parece ello sintomático?
      Ojo: no digo que tu tengas mayor responsabilidad en ello. Mas bien, ninguna. Sé que si tu editaras esa revista, que hoy es una triste prolongación de la visión intelectual de Martha Meier, las cosas serían bastante distintas, ya que a diferencia de quienes hoy regentan el Comercio, tu aprecias la cultura: los otros con las justas saben leer y escribir. Y de Lavado, hasta de eso tengo dudas. Un abrazo.

      • Enrique Sánchez Hernani

        Estimado JC. Creo que hay confusión en lo que debe ser un espacio de reseñas en una revista familiar, tipo magazine, y en otra que sea cultural, o muy próxima. Como sabes, hay diferencias. ‘Somos’ es un magazine, no una revista de cultura. Pero tampoco es exacto que no se le dé ningún espacio a la cultura. Si haces memoria, el último número traía a Fuguet en la portada, con una buena entrevista de varias páginas adentro. Y no hace mucho yo públiqué una entrevista a Javier Marías, sobre la aparición de su última novela Los enamoramientos.
        Y cierto, las reseñas de ‘Somos’ no consignan los libros disminuidos o con fallas –según me lo dicta mi modesto entender, que puede ser debatible–, pero eso no significa que nos desbordemos en una fiesta de castillos artificiales; mis amigos de las importadoras y editoriales saben que muchas veces no comento todo lo que me mandan; es decir, no ando sujeto a ellos ni me presto para hacer publicidad asolapada.
        Otra cosa que no publicamos son comentarios a libros excesivamente especializados de cualquier ámbito, porque nuestros lectores no son esos. Creo además que es injusto acusar a Eduardo Lavado, como la haces. Yo no lo conocía antes y por el trato que tengo con él he reparado en que es un muy buen periodista y un muy buen editor. Y no es patería. Si no lo pensase, me habría solapeado y no hubiera entrado a contestar este post. Y pasaba piola. “No lo ví pues”, habría sido mi justificación. Que Eduardo no busque girar la revista hacia la cultura en todos los números no significa que no sea un buen periodista. Ese es un punto de vista cargado e injusto.
        En El Dominical, para donde también escribo, la editora busca darle una mayor lectoría al suplemento, por eso hay muchas notas de ciencias sociales, ecología, arte y otros temas, que son muy demandadas y que han subido la lectura de este suplemento. Tampoco se segrega a la literatura. Jorge Eslava tiene la sección de reseñas a su cargo, y como su especialidad son los libros para niños, se aboca a ello. Pero allí yo he publicado una gran cantidad de entrevistas a escritores; las últimas han sido a Patrick Rosas y a Róger Santiváñez, que estuvieron en Lima por la FIL. Y una al chileno Jorge Edwards. Ricardo Gonzáles Vigil también publica a menudo aquí. Y les sugiero chequeen el número de este domingo, que te va a dar la contraria.
        Lo que creo tú añoras es un suplemento literario. Bueno, yo –como lector y escritor– también. Pero presumo que en términos de financiación no es sostenible. ¿Cuál sería su tiraje? Una pena, porque eso no depende de ti, de mí, o de los editores, sino de los lectores peruanos, que somos pocos, lamentablemente. ¿’Quimera’, la revista española, sería sostenible económicamente en el Perú? ¿Y el ‘Diario de poesía’ argentino? En España y Argentina sí se sostienen con sus ventas. Como ves, esta es una reflexión y debate sobre periodismo, no sobre literatura. Por eso no deberíamos confundir los conceptos. Saludos afectuosos.

      • Enrique Sánchez Hernani

        J.C. Solo una última precisión. Hay algunos libros que están en cola y no salen porque tengo que realizar un balance y no poner, por ejemplo, solo libros de literatura. A veces demora un poco, entonces antes de desanimarse, lo mejor es esperar. Aunque sé que la espera mata. Sorry.

      • matamosmenos

        Algunas precisiones:

        Me sorprende mucho, y lo digo con buena onda como siempre, ese conformismo que transpiran tus comentarios. Si tú fueras un poeta joven que nunca se enteró de cómo era el Dominical en sus buenos tiempos, entendería (y con mucho esfuerzo) que te guste el trabajo (yo lo llamaría el desastre) que está haciendo Martha Meier en el suplemento. Pero tú sí viviste un tiempo mejor, cuando había una prensa cultural digna de llevar ese nombre. Y quiero que te pongas la mano en el pecho, como quien canta el himno nacional, y me respondas: tú que leíste el Dominical de Alat, aquel que estaba consagrado a la literatura, a la crítica y a la creación, ¿no sientes vergüenza ajena cuando contemplas el mamarracho en que lo ha convertido la Meier? ¿Realmente puedes compararlos? ¿Crees realmente que es un suplemento que honra su tradición?

        Tu argumento, además, es de una complacencia terrible: según tú, como es inviable económicamente mantener un suplemento literario, pues hay que matarlo y convertirlo en ese panfleto seudoecológico que se edita todos los domingos. En Chile, por ejemplo (no te digo Londres o París) hay un diario tan conservador como El Comercio, que es El Mercurio, y que tiene un suplemento literario excelente, digno del Primer Mundo. La diferencia es que los dueños de El Mercurio son capaces de mantenerlo porque no creen que el conservadurismo esté peleado con la cultura: eso es lo que los diferencia de aquellos que te emplean. Y eso no solo sucede en Chile, sino en Argentina, en Colombia, en Uruguay o en México. El Comercio, los domingos, tiene más de cien páginas consagradas a los más diversos temas, desde jardinería hasta mascotas: ¿por qué eliminar los espacios literarios, o reducirlos a la mínima expresión? ¿Porque no vende? ¿Cuál es entonces tu política cultural? ¿La de Ferrando? ¿Hay que ofrecer lo que le gusta a la gente para poder recabar más plata? ¿Un diario como El Comercio debe sacrificar toda inclinación seria por la cultura, hacer de la reseña un cherry, del Dominical un chiste y de Somos un encarte para viejas pitucas? No lo creo, pero si eso es lo que crees, discrepo totalmente contigo. A propósito, sé que vas a sacar un libro. Te pregunto: ¿Te gustaría que hubiera una crítica seria sobre él? Si quieres que eso suceda en El Comercio vas a tener que esperar sentado. No hay nadie que haga crítica en el diario decano. ¿No te frustra eso?

        Por otro lado, para hablar de esa panacea periodística que te parece la revista Somos, temo que te equivocas. Porque Somos, desde hace veintincinco años, es un magacín familiar. No desde que lo asumió el Correveidile. Pero la diferencia es que antes lo asumieron periodistas de verdad, gente que tenía cultura, como Ampuero (quien me cae mal, pero es mil veces más periodista que Lavado) o Malca, gente que si bien nunca se inclinó por hacer de Somos una revista cultural, siempre concedió un espacio a la literatura peruana. Ahí están los ejemplos que ya cité en mi comentario anterior. Que Lavado haya dado espacio a Fuguet (ni siquiera por un libro, sino por una película, se te escapó ese detalle) y alguna vez a Marías, no me dice nada. Además, mi pregunta era puntual, y era por el interés de Somos por literatura peruana. Porque Lavado, como muchos otros, cree que la cultura peruana es la gastronomía, a la que sí le dedica artículos una y otra vez.¿Qué hubiera pensado el joven ESH de finales de los setenta, aquel que reseñaba y criticaba afiladamente a Montalbetti, a Pimentel, a Verástegui, de esa revista y su trato con la cultura? Me gustaría saberlo, la verdad.

        Me parece increíble, Enrique, que tu conclusión sea esta: Somos está muy bien, Lavado es un periodista A1 (aunque no precisas qué ha hecho para serlo), Martha Meier es una adalid de la cultura nacional y este es un Dominical al que no le podemos reprochar nada. ¿Para qué quejarnos, si la prensa cultural peruana es lo máximo?

        Por último, no entiendo bien tu segundo mail con su precisión y su “sorry” final, porque que yo sepa no tengo ningún libro que espere una reseña tuya. Solo para precisarlo y no suscitar malentendidos.

        Un saludo afectuoso también para ti.

  6. Luis Torres Vásquez

    La modesta conclusión que puedo sacar es mas bien un pedido: Los lectores necesitan de buenas críticas (y también los escritores). Una crítica que enjuicie tu obra en su real dimensión no hace otra cosa que situar al escritor en su realidad. La crítica (siempre) favorable o condecendiente solo lo obnubila. Lo mismo que al lector. Si hablamos de reseñas, esta no solo se puede limitar a brindarnos “de qué trata el libro”. Debe enjuiciarlo. Al menos calificarlo o precisar sus aciertos y también carencias.

    Se sabe que los espacios literarios cada vez son menores (por no decir que agonizan) en la prensa local. El internet es un paliativo que cada vez se torna una necesidad para difundir juicios veraces (y también los hay absurdos). Pero me asalta una pregunta: Tan difícil es publicar mensualmente un suplemento dedicado a la literatura peruana? Si los diarios no pueden (o no quieren, por sus motivaciones económicas). Acaso no es labor del Estado (tenemos un Ministerio de Cultura?) proveer un espacio para nuestra literatura y no solo para la ya afamada gastronomía. Y la Cámara Peruana del Libro no puede hacer un esfuerzo en sacar un boletín quincenal al menos? Ahí les lancé la bola. O de nadie es competencia y tendremos que acostumbrarnos a políticas culturales tipo Ferrando: “ofrecer lo que le gusta a la gente para poder recabar más plata”, como dice Yrigoyen.

  7. Javier García Wong Kit

    Hola, me ha interesado la discusión y, aunque no deba, intervengo. Personalmente ya no me gusta El Dominical ni Somos y entiendo que JC quiera un suplemento literario. Pues tendrá que buscarlo en otro diario, o crear uno (me sumo a esa causa cuando quiera). Eso sí, sería genial que en él colabore HSH que es un gran periodista. Ya basta de apalear a El Comercio, yo creo que apunta a un público en el que muchos ya no nos vemos involucrados.

    Me quedo con la frase que hace referencia a la gastronomía y la cultura. Sí pues, en este país sólo se piensa en comer (comida y dinero para comer bien). Una pregunta a JC, ¿seguro que no se olvida de otros críticos literarios? Pienso en Carlos Sotomayor, por ejemplo, y en los bloggers como añadido, ya que la prensa tampoco da muchas opciones.

    Saludos a los dos.

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  9. LuchinG

    Javier García tiene un punto:”Ya basta de apalear a El Comercio, yo creo que apunta a un público en el que muchos ya no nos vemos involucrados.”

    ¿Por qué no se critica al Trome, a Cueros o a la Guía Hípica la falta de una sección cultural? Porque ninguno de ellos reclama tener relevancia cultural. Los diarios, en cambio, sí lo hacen, incluso cuando no lo dicen con esas palabras sino que dejan que uno lo entienda. Por eso es que se hace el reclamo de que hagan su trabajo bien, que no nos den gato por liebre.

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