Nada de qué reir

Crédito: kalamu.com

Como es requisito de este blog desconfiar del carisma, pedimos a Santiago Alfaro que nos explique por qué la designación de Susana Baca en el Ministerio de Cultura es un error. De paso, le hizo la tarea completa.

Para justificar la designación de Susana Baca como ministra de Cultura se habla de representación tanto étnica como de género. ¿Qué piensas?
A Susana Baca la designaron por la necesidad de cubrir una cuota de género dentro del gabinete, aparentar una apuesta por la inclusión étnica y, de paso, aprovechar su fama internacional.  No hay otra explicación. A ella no se le conoce opinión alguna sobre política cultural, no colaboró antes con Gana Perú en materia cultural, Gana Perú no hizo ninguna propuesta a favor de la población afrodescendiente durante la campaña y hasta el 23 de julio Sinesio López estuvo dando entrevistas como virtual ministro de cultura. La decisión final se tomó entonces improvisadamente en base a criterios anecdóticos y no estratégicos.

Entonces, ¿no existe una visión ‘humalista’ de lo que se debe hacer en Cultura?
No hay progresismo cultural en el humalismo en funciones. Ni en el primer Plan de Gobierno, ni el Compromiso con la Democracia ni en la Hoja de Ruta se hizo mención al tema. En su primer mensaje de 28 de julio, el Presidente sólo le dedicó 2 párrafos a la diversidad cultural y mencionó la palabra “cultura” 8 veces sin hacer ninguna promesa concreta. El entorno más cercano a Ollanta Humala es tan economicista como el que tuvo Alan García. Del resto de la dirigencia de Gana Perú sólo destacan tres miembros del colectivo Ciudadanos por el Cambio y antiguos líderes de la izquierda: Vicente Otta, Edmundo Murrugarra y Roger Runrill.  Todos tienen interés en desarrollar un proyecto cultural, particularmente en el campo de los derechos indígenas. Justamente por eso el primero es actualmente el viceministro de interculturalidad.

¿Tiene sentido la discriminación positiva?
Las acciones afirmativas, término más preciso…

Jaja…
…son medidas de preferencia hacia poblaciones históricamente discriminadas. La experiencia a nivel internacional demuestra que sus efectos tienen alcances limitados. En EE.UU. hoy hay más abogados afrodescendientes pero la pobreza sigue concentrándose en esa minoría étnica. Para que sean transformativas, ese tipo de acciones deben ser acompañadas por otras políticas de redistribución económica y reconocimiento cultural. En todo caso, a Susana Baca no la designaron como ministra atendiendo a un plan de desarrollo para la población afrodescendiente. Si ese plan existiese, habría sido más razonable la decisión tomada y, de hecho,  podría ser interpretada como una acción afirmativa. Igual, más allá de la llaneza de Gana Perú en el tema, Baca tiene la oportunidad para poner en agenda la lucha contra la discriminación. Actualmente los afrodescendientes suman el 10% de la población pero sólo el 1% estudia en universidades. Esta es la realidad que debe ser transformada y para ello se necesitan políticas, no sólo sonrisas.

¿Por qué en países latinoamericanos como Panamá (Blades) o Brasil (Gil) se opta por nombrar artistas antes que tecnócratas en este despacho?
Los políticos suelen caer en la tentación de aprovechar la fama de los artistas para arrastrar votos o adquirir prestigio. La elaboración de las listas para el Congreso durante las últimas elecciones lo demostró. Sin embargo, los casos mencionados son distintos al de Susana Baca. André Malraux, primer ministro de cultura de Francia, o Gilberto Gil tomaron posesión de sus cargos luego de una larga trayectoria política. Gil fue secretario de cultura del Gobierno de Bahía y tenía propuestas concretas en campos tan especializados como el de los derechos de autor. Además, llegó al poder cuando el Ministerio de Cultura brasilero tenía veinte años, no uno como el nuestro. En las circunstancias actuales se necesitaba una persona con información sobre la realidad del sector e ideas claras para desarrollarlo. Eso era lo importante, no su profesión o género. De hecho, no se tiene que ser hombre o intelectual para ocupar con éxito un cargo público: Juan Ossio es antropólogo y tuvo una gestión bastante discreta. El Ministerio de Cultura no debería estar vetado entonces para los artistas si éstos tienen el conocimiento y la capacidad para diseñar e implementar políticas culturales.

¿En qué estado deja Ossio el ministerio? ¿Se pudo hacer peor?
Juan Ossio  deja el Ministerio aún desnutrido, escaldado y en pañales. No logró conseguir más recursos públicos aunque sí algunos aportes de la cooperación internacional. Igual, si el INC era un triciclo por su peso institucional, el Mincult es ahora un coche pero sin combustible. Tampoco pudo articular y/o afinar sus piezas: el IRTP y el ex INC (hoy, Dirección General de Patrimonio cultural) siguieron trabajando rutinariamente como antes; el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional continuaron en crisis; Indepa se mantuvo funcionando a pesar de su inconsistencia y que duplica las funciones del viceministerio de interculturalidad; Conacine fue estatizado al convertirlo en una comisión consultiva; y la relación con las escuelas artísticas terminó quebrada, luego que intentara absorberlas al Ministerio sin haberles consultado. Programáticamente la percepción que dejó fue la de un líder errático.

Y permisivo con los caprichos presidenciales, por decir algo suave.
El pintado de la fachada del local del Ministerio, el delirante permiso concedido al Presidente para que construya arbitrariamente el ‘Cristo del Pacífico’, los continuos conflictos con el gremio de cine y la conversión del viceministerio de interculturalidad en una promotora de pasacalles y espectáculos folclóricos,  demostraron que no tenía una visión precisa sobre el desarrollo del sector. No se puede decir lo mismo de la Dirección General de Industrias Culturales y Artes, donde había una brújula y se diseñaron importantes programas como la Red de Puntos de Cultura y el Atlas de Infraestructura Cultural, pero ello se debe más al aporte de su Director, Daniel Alfaro -no es familia-, que de Ossio. Baca recibirá un Ministerio que demandará mucho esfuerzo para poder hacerlo crecer.

Un argumento que se ha mencionado reiteradamente es que basta que se rodee de la gente correcta. ¿En Perú se sobredimensiona a la tecnocracia? ¿Es una herencia fujimorista?
Se sobredimensiona su neutralidad. En teoría la tecnocracia es una vacuna contra la partidarización del Estado. En la práctica puede llegar a servir mejor pero a los intereses privados que capturan el sector público. Para poder cumplir con sus responsabilidades, los Estados necesitan burocracias. Eso es inevitable. Lo importante es que éstas sean profesionales pero también que sirvan al bien común, no a sólo a minorías con poder económico. El Ministerio de Cultura está dotado de especialistas en patrimonio pero aún no en los nuevos campos que debe promover como las artes, industrias culturales y lo que se entiende por “interculturalidad”. La tecnocracia capaz de garantizar los derechos culturales de los ciudadanos tiene aún que formarse en el Perú.

¿Qué virtudes se necesitarían para asumir Cultura a un año de formada la cartera?
Tres: liderazgo, planificación y creatividad. Liderazgo para posicionar la agenda de la cultura en la opinión pública y convencer al ministro de economía de la necesidad de incrementar el presupuesto del sector. Son escandalosas las asignaciones que reciben del Estado el ministerio y sus instituciones adscritas. El Archivo General de la Nación, por ejemplo, sólo tuvo 3 millones de soles como presupuesto el 2010 cuando lo requerido para cumplir sus funciones es el triple. Eso explica el pillaje al que está sujeto continuamente. Lo mismo sucede con la Biblioteca Nacional. La planificación serviría para ordenar estratégicamente las prioridades de la cartera: desde la puesta en valor del patrimonio hasta la promoción de las industrias culturales, pasando por la implementación de la Ley de Consulta. La creatividad será necesaria si lo que se quiere es pasar de la filosofía a la acción cultural.  La sociedad no cambia hablando a favor de la diversidad cultural, sino diseñando e implementado programas innovadores.  Todo lo anterior lo hizo Jack Lang, el gran arquitecto del ministerio de cultura francés. Ese es el perfil de ministro que requerimos. (Jerónimo Pimentel)

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3 comments

  1. Fernando

    La labor de Ossio como ministro no fue nada discreta, solo andaba en cocteles, reuniones sociales e inauguraciones. La señora Baca hasta ahora debe estar sorprendida porque se acordaran de ella, cuando ella nunca se acordó de nada. Que siga cantando nomás, lo hace bien-aunque desafine muy seguido-y que Luna, Otta y Repetto jueguen al scrabble.

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