Asedios a la FIL

Foto: evansheline.com

Aunque sea mesocrático, instalar la FIL en el Parque de los Próceres (Matamula) es poco funcional: el espacio no soporta una organización ni un recorrido más o menos natural para los stands, defecto acrecentado por la ausencia total de señalética. Y si bien el efecto romántico del laberinto invita a que uno se pierda en los meandros de la feria, no hay recovecos que descubrir ni sorpresas detrás de un giro inesperado, salvo se encuentre asombro en el puesto de folletos evangélicos, en el pasillo de países exóticos que utilizan el evento para la promoción turística (de su vasta literatura, ¿Israel no podría presentar al menos un libro, uno solo?) o en alguna otra rareza afín.

Empecemos por lo malo, por costumbre: el rasgo de esta FIL es su absoluta falta de atractivo plasmada en la pobreza literaria del país invitado, Venezuela, y en los pocos escritores de fuste que aceptaron venir. Tal vez sea un error descartar literariamente a un país entero, tal vez la muestra de representantes no fue la más feliz, tal vez, como se reclama en las redes sociales, se debió invitar a Yolanda Pantin. Lo cierto, ya en el puesto de la república bolivariana, es que cualquier expectativa sucumbe ante la máquina del tiempo chavista: un grupo de folclore insiste en el cancionero latinoamericano, los libros elegidos son reediciones de la Biblioteca Ayacucho de clásicos del socialismo regional, y la burocratización de los encargados es tal que, en ciertos casos, toma media hora que te den el precio de un libro. Empecinados en ser una caricatura de sí mismos, el izquierdismo molesta no por opción, sino por anacronía: como si el marxismo no fuera una plataforma desde la que se pueden dar otros saltos, sino un monolito viejo e intocable que, al menos en este, el país de Velasco, expira ese desagradable hedor a rancio que solo provoca olvidar.

El panorama después no mejora: las librerías y editoriales grandes muestran sus catálogos con ofertas que van desde ridículas a esforzadas (Íbero descuenta el 15% mientras que Océano el 35%), pero el lector avisado busca los saldos de ambas y llega al stand de Mercado Norandina, donde se reúne el stock a liquidar: entre títulos desechables y la obra completa de Puértolas, Aldecoa y Gopegui se encuentra, con suerte, alguna joya. El primer día era posible comprar varios Vila Matas a mitad de precio, incluyendo Bartleby y el Dietario Voluble; también, Los Desnudos y los Muertos de Mailer, para los completistas, y otras obras de interés como La Novela Rusa de Carrère. Antier, sólo quedaban Puértolas, Aldecoa y Gopegui… aunque también el Despertares de Sacks a S/. 40 y algo de Hertha Muller.

Del resto de stands es posible husmear La Casa del Libro Viejo con riesgo de ser asaltado por alguien que nunca entendió el sentido de la palabra “justiprecio”; luego El Aleph, donde convive en el anaquel de S/.7  un manual para hacer amigos de 1956 y alguna joya de literatura bélica. Un poco más allá, la verdadera razón para venir: la Librería Inestable. Esfuerzo de Carlos Carnero, Inestable posee un estupendo catálogo de poesía: inhallables de Eielson (me llevé la primera edición de ‘Reinos’) y Belli en versión La Rama Florida comparten exposición con títulos de Cabral de Melo Neto, Ferreira Gullar, Kozer, Olson, Rothenberg, Creely y una nutrida selección de peruanos donde brilla Victoria Guerrero con su flamante Berlín, el poemario más importante que se ha publicado este año. La oferta es amplia y a la vez selecta y se completa con revistas tipo Mandorla o Tsé-Tsé, donde se publican poemas de Gudding, por dar un ejemplo. Los precios son razonables: la primera edición de ‘El libro de Dios y de los húngaros’ de Cisneros se puede conseguir a S/. 60, mientras que en La Casa del Libro Viejo está S/. 90.

Luego, muy poco. El Salón del Comic merece una mención, así como los libros de Lánger que se encuentran en Contracultura. La exposición del ‘Chino’ Domínguez. En Océano está lo nuevo de Yushimito, que siempre vale la pena. De Estruendomudo es muy recomendable Death Metal de Álvaro Bisama, todo lo que publica Claudia Ulloa y las novedades de Santos-Febres y Neuman, al gusto del paseante; aunque Álvaro Lasso haya tenido más publicidad por lo comercial que por lo literario, decisión polémica pero respetable. Sin embargo, el sabor último es de decepción: para quien viene una y otra vez a la FIL la oferta se antoja repetitiva, cansina y descartable.

Después se trata de tener suerte, encontrarse con algún amigo y aprovechar Jesús María para caminar, pues mal que bien estamos en uno de los pocos distritos donde aún se puede practicar el sano arte de la conversación a pie.

Jerónimo Pimentel

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16 comments

  1. Armando

    Totalmente de acuerdo. La feria cada año se va convirtiendo en una suerte de búsqueda de agujas en un gran pajar. Pero igual quería mencionar que no hay que perder de vista para quién está destinada la FIL, o en todo caso los diversos tipos de públicos que la visitan.

    En teoría está destinada para los amantes de los libros. La paradoja está en que para esos amantes de los libros -y me considero uno- la oferta es, como dices, repetitiva y cancina, pues, en criollo, “esos libros, yala”, o sea, no hay mucha novedad que valga la pena. Pero si nos ponemos a pensar desde otro punto de vista, el de quienes tienen interés en la lectura pero no se han dado nunca una oportunidad para “darse al vicio de leer”, es decir, aquellos que NO tiene esos libros que “los amantes” ya tienen, que a veces vienen de conocer solo a Coehlo, Brown y Choppra, entonces la vista se amplía, y hasta el bolsillo queda chico para cubrir lo que se quiere comprar, incluso de lo ofrecido por esta FIL de Lima 2011.

    Me explico. Amante de los libros como me confieso, cada año salgo con dos o tres joyas que no tenía y que puedo darme el lujo de comprar (otros, más amantes que yo, dicen “yala” incluso a eso que yo considero descubrimiento o aguja encontrada entre el ripio o deuda pendiente), pero ante el stand que mencionas, la Librería Inestable, siendo yo ajeno al mundo poético (mi verdadera deuda pendiente como lector, mis escasos estandartes son Vallejo, Eielson, Blanca Varela, Watanabe, Antonio Gonzáles, Paz, algo de Dylan Thomas gracias a un buen amigo, los “hits” de Whitman y paro de contar, por más vergüenza que me dé admitirlo), ese stand se me antojó un mundo por descubrir. Al primer paso di con “Contra Natura”, de Hinostroza, un poeta que me gusta mucho pero del que no he podido leer todo lo que quisiera, no libros completos, al menos, y en una edición preciosa pero que mis bolsillos no pudieron acoger: esas ediciones originales son placer e inversión para los amantes con mayúsculas, como tú, que pusiste el ojo en ese libro de Eielson que mencionas, que estaba ahí también (lo vi).

    A lo que voy es que depende del visitante lo que resulta la feria o los propios stands. Paseando por ahí, escuchaba a dos chiquillas, de unos 17 años y todo el hambre del mundo -espero que no pose-, hablando entre ellas, con ilusión, sobre títulos que querían, como si estuvieran en Ripley viendo ropa. Abordaban al vendedor preguntándole con candor por Lolita, por Hesse, por Ribeyro, por Un mundo feliz. Para ellas, la feria era verdaderamente un mundo feliz, y de cancino, nada de nada.

    Solo quería compartir estas visiones: la que mencionas, que en parte incluye lo que yo también siento (hastío, falta de novedad); la que no me incluye, como cuando entré al stand de la librería Inestable, que me hizo sentir un chiquillo que no sabe ni dónde está parado o que sabe dónde está pero que se ve apabullado ante lo que observa; y finalmente la de aquellos que no están ni en una ni en otra, y que en este espacio de Jesús María descubren América a cada paso.

    Y sabes, ese mantener la capacidad de asombro, eso que sentíamos de chicos y que algunos lo sienten de adultos aún en esos laberínticos pasadizos, también tiene su encanto. Y solo eso basta que me dé gusto.

    Abrazo,

    A.

    Pd.
    El tema Corbacho no tiene nombre. Tampoco la ideologizada delegación de Venezuela, por supuesto.

  2. Jesús Cossio

    A mí lo de Corbacho me parece una jugarreta, una verguenza. ¿Comercial? Si, claro, pero no veo como el autor del post puede llamar a eso “respetable”. A menos que colaborar con el exhibicionismo barato, la ramplonería y la pobreza literaria sea respetable en nombre del “éxito” editorial. ¿Así funciona?

    • matamosmenos

      Yo creo que cada editorial puede sacar lo que considera necesario, según su criterio, para asegurar su sobrevivencia (hablar de éxito editoral en Estruendomudo suena a broma). También me parece que cada quien tiene derecho a publicar lo que quiera sin pedir permiso a nadie; así como tú y yo tenemos derecho a comprarlo o no. No creo en las dictaduras del buen gusto.

      J.

  3. Victoria

    Más allá de que una editorial publique a tal o cual autor, lo que me parece despreciable es que la FIL presente como acto inaugural de la Feria el libro de Corbacho. Detrás de ese gesto, se apuesta por una literatura meramente comercial y de lo banal, y, al hacerlo, define claramente su posición frente a la literatura y su quehacer.

  4. Jesús Cossio

    Pues yo no hablo de dictaduras del buen gusto, yo creo que esto de Corbacho es un asco pero no le pongo a nadie una pistola en la cabeza para que opine lo mismo. La decisión de publicar este tipo de libros puede ser oportunista, venal, efectiva, atrevida; puede usted llamarla de cien maneras – pero cuando le pone el adjetivo “respetable” uno se pregunta si esta palabra es suficientemente elástica para abarcar estas maromas editoriales.

    • matamosmenos

      Yo encuentro respetable que un editor publique a Bisama, Ulloa y Cucurto y luego, para hacer caja, opte por propuestas comerciales dirigidas a otros públicos. No me da asco la sobrevivencia empresarial, ni me escandalizan los gustos ajenos a los míos. No lo encuentro atrevido, ni venal y no sé si sea efectivo, pero oportunista sí es, sin que eso sea un defecto. La respetabilidad, por lo demás, es una virtud sobrevalorada.

      J.

      • Jesús Cossio

        “…opte por propuestas comerciales dirigidas a otros públicos.” Me encanta el eufemismo y a la vez, imposible dar más rodeos para no llamar “basura” a la basura. No hablamos de cualquier propuesta comercial (esto no es la biografía de Tula o el Diario de la Foquita Farfán), sino de chismografía, ramplonería, baratijas que van a lo menos grato de los lectores. Esa propuesta tiene nombre, sentido, hasta coartada tiene. Otra vez: la sobrevivencia de proyectos, vale, ¿pero a qué precio? ¿Al de comparsear a un mequetrefe moral? ¿Al de colaborar con las serpentinas televisivas? La respetabilidad tal como la puede entender un señorón burgués o un galifardo en su 4×4 desde luego que está sobrevalorada; el respeto que nos ganamos no cediendo siempre o no cediendo a ciertas cosas, parece más bien algo que en ambientillos culturares, estorba.

      • matamosmenos

        ¿Qué lindo suena el tono indignado, no? Lo suficiente como para encontrar diferencias entre Tula y Corbacho (por favor, dale nombre a ese abismo que los separa que solo tú conoces) y darse retóricos golpecitos al pecho diciendo “¡no cederemos!”. La pregunta es ¿ceder ante quién?, ¿ante Álvaro Lasso? ¡Da risa! ¿Llegó la policía cultural para meter presos a los “mequetrefes morales” y los libros de encargo? ¿Ese respeto es el que buscas, el del vigilante? Como yo veo las cosas, equivocas el objetivo. A Corbacho basta con no leerlo; en cambio, mucho más peligrosos son los escritores cuya “obra” está en su agenda y no en sus libros, las vacas sagradas con doctorado en contactología, los cenáculos de los mutuos halagos y otras especies que, ciertamente, estorban más y ameritan mejor puntería.

      • Jesús Cossio

        Si, el tono indignado suena lindo, la cantidad de amigos que atrae… La distancia entre ciertos libros del espéctaculo y este que se comenta es que esos libros chismográficos salen sin pretensiones y sin editoriales de “literatura” haciendo caja del Espectáculo. ¿Ceder ante Álvaro Lasso? No, hombre, no entendió nada, se trata de no llevar un proyecto editorial que sobreviva cediendo a lo banal(y lo dicen otros comentaristas eso de banal, no estoy loco). Si él quiere hacerlo, que se hace, pero el punto es: me incomoda que a eso lo llame “respetable” con el tono de “acá no pasa nada” (ése es el problema de juzgar tonos, ¿ve?, usted me imagina indignado y yo lo imagino pasando piola).

        No veo tampoco porque no se podría criticar la movida de publicar a ese sujeto y TAMBIÉN a los escritores argolleros y rancios que menciona usted. Yo hago ambos:

        …y no para sentirme sheriff de lo culturalmente correcto, sino porque es una opinión basada en el hartazgo (también en los retóricos golpecitos de Tarzán en el pecho, puede ser).

      • matamosmenos

        Estimado Jesús:

        Me ha convencido, usted gana (me doy cuenta tarde de su aversión por el tuteo). Solo dos cosas más: las editoriales con pretensiones literarias también publican banalidades. Es una fórmula conocida. La única que conozco que no lo hace es Les Éditions de Minuit. Tal vez falten más sellos como Les Éditions de Minuit y más editores como Jérôme Lindon. Tal vez el problema sea el que usted señala: uno, que vive en la sociedad del espectáculo, poco a poco se va acostumbrando a lo banal. A mí, que me ha tocado ser crítico de ello, ni me irrita ni me escandaliza. Pero prefiero su capacidad de indignarse a mi tolerancia por aquellos que buscan evitar las cuentas en rojo. En todo caso, no seré yo el defensor de sus estrategias comerciales; le pediré a Lasso, si acepta, que las explique él. Retiro, entonces, la respetabilidad, y lo dejo en polémico. Finalmente, y solo si puede soportarlo, le digo que soy un antiguo admirador de su obra. Eso era. Saludos,

        J.

  5. kapuzy

    … cuántos libros por leer y tan poco tiempo en la vida para hacerlo… no importa… la literatura de todos los géneros y tiempos bien vale la pena…

    • Jesús Cossio

      Estimado Jerónimo:

      Espero estés bien (ahora ya sin acaloramientos entramos al tuteo). Entiendo tu punto de vista en cuando a otras editoriales y sus banalidades – bien visto, en un mundo con tantas tragedias y pocas trascendencias, ¿quién puede decir que no es banal de cien maneras?-; el asunto es no escoger las más irrisorias o penosas. Ese caballerito, Corbacho, y su affaire Bayly (otro payaso), y su falta de escrúpulos por la atención es aceptar demasiado por unos cobres (mi humilde opinión).
      Se me pasó la mano con eso de “mequetrefe moral”, es que esta gente que vive de titulares me obceca – pero mejor evitar los juicios sumarios y exponer las diferencias.
      Gracias por la conversación y desde luego que más agradecimientos por la deferencia a mis garabatos.
      saludos!

  6. Diego Trelles Paz

    Estoy de acuerdo en algunas de las cosas que dices. Me sorprende que tu texto no resalte lo que los comentaristas subrayan como obvio: que Luis Corbacho fuera el número estelar de la inauguración solo confirma algo que es vox populi: la Cámara Peruana del Libro es un organismo de analfabetos orgullosos con una visión empresarial que aumenta cada año en proporción inversa a la calidad del evento. A mí me parece una Feria del Libro anémica, mal organizada, con invitados que fueron vergonzosamente relegados por la lógica celebrity del TMZ y que no justifica en lo más mínimo el alza del precio. Ha mejorado en algo? No. La involución parece una marca registrada. El próximo año será igual pero costando un sol más. Al invitado internacional lo presentará Thays (y aquello no es culpa de Thays sino de los imbéciles de la Cámara que no solo leen COSAS y el Circo Beat del SOMOS), mientras hablan los exponentes habrá un parlante a todo volumen interrumpiendo con una voz que te invita a ver un deplorable espectáculo musical, los libros de descuento estarán más baratos en El Virrey o en La Casa Verde si pagas al contado, Estruendomudo seguirá siendo la editorial con el mejor catálogo y un editor que no le paga a nadie (aunque ahora sí porque ya cambió)… Un apunte más: eso de “la pobreza literaria del país invitado” para hablar de Venezuela, me parece excesivo. Que la CPL no sepa nada de la riqueza literaria de un país en donde, entre otros, pudieron haber venido Ednodio Quintero, Rodrigo Blanco Calderón, Slavko Zupcic, Armando Luigi Castañeda, Victoria de Stéfano y un largo etcétera es culpa de esa cúpula invisible que volverá en julio próximo.

    • matamosmenos

      Hola Diego:

      Sobre el affaire Corbacho está el fructífero diálogo con Jesús Cossío en los comentarios. Lo que sí, no creo que exista tal cosa como “número estelar de la inauguración”. Conozco gente valiosa en la CPL, como Benjamín Corzo, así que no comparto tu generalización; aunque sí creo, como tú, que esta edición de la FIL ha dejado mucho que desear. Sobre Venezuela, en el texto ya habían salvedades suficientes sobre la representación bolivariana, que se enriquecen con tu lista. Saludos,

      J.

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