La Dictadura en la Cabeza

O porqué Ollanta Humala es el verdadero fujimorismo sin Fujimori

Segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2011. En una esquina está Ollanta Humala, rodeado de intelectuales honestos, hojas de vida limpias y algunos personajes notables. Incluyendo al Premio Nobel de Literatura 2010. En la otra esquina está Keiko Fujimori, abrazando a la parte del equipo de su padre que no está en la cárcel. Algunos técnicos prestigiosos, pero discutibles. Varios prontuariados o, como dicen en filas fujimoristas, con experiencia de gobierno.

Por supuesto, eran solo percepciones. Ciertas o no, se presume que jugaron un papel importante en la decisión electoral. Al primero no se le creía a pesar de estar rodeado de gente prestigiosa. En la segunda sí se podía confiar, a pesar de que posaba junto a varios impresentables. La congresista Lourdes Alcorta lo resumió en una frase: no votaría por el líder del nacionalismo “aunque baje con Cristo de un brazo y con la virgen del otro”. Algo similar planteó el fujimorismo en las elecciones del 2000, cuando Montesinos era “el sucio” y Fujimori “el limpio”. En el 2011, Fujimori padre pasó a ocupar el lugar de su socio, mostrando a su hija como el rostro pulcro del equipo.

De esta manera, la elección de una administración del estado que implicaba aproximadamente doscientas personas -y miles de funcionarios- quedó reducida, en la mente de los electores, a una disyuntiva entre dos caudillos y lo que saliese de sus respectivos forros. Por ello la necesidad de buscar apoyo externo en avales o garantes de la democracia.

Esto podría explicarse a partir del sistema altamente presidencialista que vivimos desde 1992. A ello habría que sumarle la debilidad y el desprestigio que desde 1990 tiene el Poder Legislativo. En un escenario así, al menos en la cabeza de los electores, la elección del presidente decide todo lo demás. Y el primer ejemplo de ello fue Alberto Fujimori.

En la campaña de 1990, Fujimori encarnó la renovación política desde afuera y desde la izquierda. Fue el outsider que supo convocar a líderes de provincia, evangélicos y emprendedores. Se enfrentó al poder de la clase política tradicional que se había unido a los grandes capitales. Una vez arriba, se dio cuenta –mucho antes que PPK- que los partidos políticos apestaban, y de inmediato se unió a los poderes fácticos: la Iglesia, las FFAA y la clase empresarial. La heredera del fujimorismo no supo repetir la figura. Veinte años después, el fujimorismo ha sido asimilado al Acuerdo Nacional. Es ya un miembro privilegiado de la clase política tradicional y, en las últimas elecciones, fue más allá del Fredemo: convocó el apoyo del gastado gobierno aprista. El fujimorismo se institucionalizó y se alejó de esa entelequia llamada pueblo. Hasta creó escuela. Siguiendo sus pasos, el toledismo tuvo sus propios escándalos congresales y familiares, y el alanismo aprendió a gobernar con decretos supremos. Pero es Ollanta Humala quien parece ser el alumno más aventajado.

Él encarnó al outsider de izquierda, al caudillo capaz de revertir las injusticias sociales con la promesa de un mundo al revés. Convocó a miembros del primer gabinete de Fujimori (Fernando Sánchez Albavera, Santiago Roca) y, con un gran sentido de la oportunidad, está intentando jugar con todos los extremos, dividiendo para vencer. Encarna además, como pocos, a los dos grandes poderes tutelares del estado: las FFAA y la Iglesia. Los escándalos que vendrán solo quemarán a los fusibles. Congresistas, ministros, parientes y asesores. Mientras él se mantenga limpio –es decir, aparente serlo- el sistema presidencialista heredado del fujimorismo seguirá funcionando. Y su aprobación mantendrá mínimas cifras en azul, al menos en la percepción ciudadana.

“Die Mauer im Kopf” fue el término que los alemanes utilizaron para describir al muro en la cabeza de los ciudadanos. Más de veinte años después de la caída del Muro de Berlín, el concepto sigue vigente.

Carlos Cabanillas

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2 comments

  1. Alberto

    Ollanta Humala, encarnando a las FF.AA. y a la Iglesia?? Por favor, por quién creen que ha votado el nostálgico Cipriani y el viejo militarista de Rey?

    • matamosmenos

      La diferenciación ha sido económica. Y como hemos visto, mucho de eso se quedó en la retórica de la campaña. No hay mayores diferencias en cuanto al apoyo a los poderes tutelares. Humala, comandante en retiro, le besa el anillo a Cipriani y declara en contra del aborto. Más allá de ciertas anteojeras ideológicas, un militar es un militar, y suele gobernar de la mano con la Iglesia. Sea Velasco u Odría.

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