Iván, el terrible

Foto: Milagros Ojeda

Autor: Iván Thays.
Libro: Un sueño fugaz. Anagrama, 2011.
Relación con el autor: ninguna.

Bajo el título de Un sueño fugaz, Iván Thays ha adaptado a una estructura alternativa los cuentos que formaban parte de la novela La disciplina de la vanidad. La relectura de estos textos permite hacer una valoración de lo mejor y lo peor de la obra de este autor, quien casi veinte años después de su interesante Las fotografías de Frances Farmer no ha logrado consolidarse como un escritor de valía, a pesar de las cuatro novelas que ha publicado hasta la fecha y de haber sido favorecido con algunos premios y menciones en concursos internacionales. La revisión de los relatos de Un sueño fugaz puede explicarnos de alguna manera las razones de esta situación.
Mientras leía esta última entrega de Thays (con un penoso esfuerzo que nunca se vio recompensado) divagaba sobre las coincidencias entre su obra y la de Armando Robles Godoy. Perdón: de lo más fallido de la obra de Robles Godoy (esto es, buena parte de Espejismo, casi toda Sonata soledad e Imposible amor). La primera es que al igual que los personajes de esas películas, los de Thays son, a lo largo de todos sus libros, una suerte de zombis, de emisores deshumanizados que se limitan a pronunciar frases supuestamente densas, ingeniosas y poéticas que suenan falsas y hasta ridículas en sus labios (“La polución nocturna es pésima consejera literaria”; “¿Pero qué es lo que pienso yo del amor? Oh, nada, nada, no es la gran cosa”, etc.), vicio que congela toda emoción y vuelve inverosímiles las situaciones que Thays plantea en sus, digamos, historias.
Estos autómatas, además, son arquetipos que viajan de libro en libro con distintos nombres y afeites. Por ejemplo, los escritores que protagonizan los dos últimos libros de Thays son son seres atormentados por la pérdida de un hijo (caso del narrador de Un sueño fugaz y el de Un lugar llamado Oreja de Perro) que aprovechan su dolor para llenarnos de observaciones insustanciales y pedestres, así como de alguna cita literaria que suele ser un pretexto para encubrir una crónica incapacidad de redondear una incursión aunque sea epidérmica por los laberintos de la condición humana.
En todas las novelas de Thays estas reiteraciones, fórmulas y esbozos de algo que pudieron ser historias propiamente dichas intentan ser disimulados por la priorización de un lenguaje elegante, por momentos bastante logrado y que busca otorgarle a sus libros la profundidad que sus triviales argumentos no pueden conceder. Lo que sucede es que las ficciones de Thays padecen del síndrome de Espejismo: al igual que Robles Godoy en esa cinta, Thays exhibe su solvencia narrativa, su apreciable capacidad descriptiva y cierta habilidad para metaforizar las situaciones planteadas, pero sin tener un real motivo para hacerlo. Así todo el mundo narrativo thaysiano termina resultando escenográfico y artificial; si añadimos a estas limitaciones la constante y muchas veces gratuita inclusión de citas y personajes literarios, la impresión final es que no solo estamos frente a un autor que no tiene nada importante que decirnos, sino que al intentar hacerlo cae en una antipática pretensión que anula cualquier sincero acercamiento con el lector.
A eso se reduce, pues, la obra de Iván Thays hasta hoy. Un conglomerado de fantasmas al margen del tiempo y de la vida, una fría dimensión cadavérica producida por las represiones artísticas de su creador. Y en todo eso también hay semejanzas con lo menos importante de la obra de Robles Godoy. Pero la gran diferencia entre ambos, hay que decirlo, es que Thays aun no ha escrito su Muralla verde ni su En la selva no hay estrellas, y nada indica que esté cerca de elaborar la obra consagratoria que hace dos décadas sus lectores esperan de él. (José Carlos Yrigoyen)*

*Esto fue escrito después de leer el comentario de Emilio Bustamante sobre la obra de Armando Robles Godoy, incluido en un diccionario de directores peruanos publicado en el segundo número de la revista La gran ilusión.

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18 comments

  1. Charlie

    Aunque esté de acuerdo contigo, no entiendo, Jose Carlos, por qué le dedicas tiempo a tema tan olvidable. Yo pagaría por leer tus opiniones sobre Hugo, Montaigne o Li Tai Bo.

    • jose carlos yrigoyen

      No te preocupes. La próxima semana analizaré a Alonso Cueto, indiscutible baluarte de la literatura hispanoamericana.

  2. LuchinG

    Algunos opinan que lo el autor tiene que “decir” tiene que ver más con la relacion que tiene con la literatura, no con eso que se podría llamar el “qué”. Tú, en cambio, has hablado más de lo insustancial de los personajes y lo trivial del tratamiento de los temas. ¿No hay algo en la obra de Thays que justifique una opinión favorable?

  3. LuchinG

    He leído bien. Dices, “Solvencia narrativa”, “apreciable capacidad descriptiva” ,”cierta habilidad para metaforizar”. Es como si te preguntara si una chica es bonita y tu me respondieras: “Bueno, tiene todos sus dientes”

    • matamosmenos

      Dejándonos de bromas, si hay alguna virtud en la obra de Thays que hayas encontrado, más allá de las que he mencionado, por favor, coméntala. Despáchate ampliamente. Porque la verdad es que yo me he leido todos los libros de Thays y no las encuentro ni con lupa. Adelante.

  4. José

    Coincido con tu comentario José Carlos. Y, sin embargo, “Un lugar llamado Oreja de Perro” acaba de ser editado en francés por Gallimard. Tiene, además, como traductora a una buena escritora franco/argentina llamada Laura Alcoba. Cuando le dije a ella lo que pensaba de la novela de Thays quedó como sorprendida.

  5. LuchinG

    Sólo he leído dos cuentos de Thays: el primero fue el de Frances Farmer, hace años; no me pareció malo, no me aburrió, pero tampoco me pareció que tenía algo que me invitara a seguir leyendo los demás cuentos del libro. El otro fue el de Linbergh, y ese sí me aburrió porque me pareció la ejecución de un procedimiento. Así no es un padre que tiene a un hijo secuestrado, no porque sea inverosimil que alguien se obsesione con un hecho histórico con la ilusiòn de encontrar la clave de un drama personal, sino porque ¿dónde está el sudor frio, la tensión en los dedos, el palpito irregular, la confusión de normas, etc? Parecía que el narrador nunca había tenido miedo en su vida. Pero, diablos, eso es lo mismo que yo opino sobre la mayoria de los cuentos de Carver. Ese es el sentido que tiene mi pregunta inicial: sobre Coelho tengo pruebas, es malo; sobre Carver tengo dudas, porque hay suficiente allí como para que alguien vea cosas que yo no soy capaz de percibir (todos tenemos un punto ciego). ¿Hay suficiente densidad en lo que escribe Thays como para que sea verosimil que alguien vea algo que nosotros no vemos?

  6. ricardo.calmet

    Motivación. Tener algo que decir. Necesitar comunicarlo.
    Pero entendido el concepto por qué la técnica no permite construirlo. Puede que exista una limitación literaria no tan evidente que impide redondear la sugestión, convencer al lector. Dudo que el escritor deba tener una autentica motivación para hacerlo, aunque resulta evidente que ayuda mucho. Pasa lo mismo con los actores y su trabajo para ser convincentes.

  7. Reymi Cantuarias

    Yo sí tengo cosas buenas que decir de la obra de Thays, sobre todo de su primer libro y de algunos pasajes de La disciplina. Sus cuentos son sugestivos, de atmósfera lograda, y ello sobre todo por un manejo pulcro del lenguaje y una conciencia muy precisa de los horizontes de su universo ficcional. Además, plasman como ninguna de sus obras posteriores un pathos, una desilusión que impregna espacios y formas. Y en cuanto a La disciplina, por muchos momentos es divertida, irónica y hasta romántica. La voz tiene una distancia fresca y necesaria para con sigo misma y para con el resto que, lamentablmente, no he vuelto a encontrar en sus otros libros, que los he leído todos.

    Sin embargo, pocas reseñas sobre su obra me han parecido tan ciertas como esta que le han escrito en “Matamos menos”. En casi todas las que se publican, sobre todo las internacionales, se nota un esfuerzo tremendo por disimular lo indisimulable. En cambio, en esta casi todas las impresiones encuentran sitio en la narrativa de Iván.

    Eso me lleva a pensar que sí existe la objetividad en estos asuntos.

  8. Martin Valdivia

    Hola. Hace tiempo leí este post y luego tu comentario en el que decías que analizarías a Cueto. Esperé hasta la semana siguiente pero ahora creo que fue un sarcasmo lo que comentaste.

    Un saludo

  9. Daniel Hurtado Brenner

    Sin ánimo de ofender, pero entonces ¿por qué es que a Thays lo publican en Anagrama y lo traducen al francés y en cambio al crítico que escribe este artículo no lo nombran más allá de Lima? Dime que no te pareces a aquella “actriz” nacional que pensó que Magaly Solier solo podía ir a Europa a vender ponchos.

    • matamosmenos

      Segun tu razonamiento, el exito editorial es una evidencia irrefutable de calidad literaria. Vargas Llosa es lo mismo que Sergio Bambaren, por lo tanto. Brillante.

      • Melco Orco

        No, pues, ¿acaso a Bambarén lo publica Anagrama, Gallimard y ha sido finalista del Rómulo Gallegos? Esos no son filtros comerciales, sino editoriales, es decir, entre otras cosas, de crítica literaria. Porque, además, Thays vende menos que tamal con pelo.

        Comparación errónea.

  10. Isabel Ugaz Valle

    Excelente respuesta! el éxito editorial solo responde a lo que la gente en su mayoría, quiera leer, pueda leer y compre, no a que tenga calidad literaria, sino díganme quien es el autor de la serie para “Dummies” porque debería ser nominado para un premio de Literatura.

  11. Greglim

    De acuerdo si el exito editorial fuera importante entonces Baily seria el mejor escritor del Peru y la Salchipapas seria el plato gastronomico mas importante del Peru.

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